Sábado, abril 10, 2021

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Alianzas efímeras

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En política, los amigos –si los hay– y los aliados tienen fecha de caducidad. Y en muchas ocasiones se echan a perder antes de tiempo.

La reflexión vale para lo que ha ocurrido en la actual legislatura, una que empezó con un ejercicio interesante para hacerle contrapeso a la primera minoría –la del PRI–, con lo que se abrió la esperanza a ver un Congreso en el que se privilegiara el diálogo y no el mayoriteo, pero sobre todo a contar con un cuerpo legislativo que no fuera una mera oficialía de partes.

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El efímero G-18, bien muerto y enterrado a estas alturas del partido, ha sido uno de los gestos más ilustrativos de lo que pueden ser las alianzas políticas, cuando lo que está detrás sólo es el interés de grupo o, peor aún, el personal.

Ese gesto de bloque, con un ligero aroma a frescura, aunque peligrosamente incierto, dados los ingredientes que componían al platillo, acabó por diluirse en la nada, aunque más de un legislador –y legisladora– obtuvo una muy jugosa tajada del pastel.

De ese pacto, que incluyó firma de documentos de compromiso y toda la cosa legal, se derivó un impasse que dejó al PRI a costa de una mayoría opositora, con todo y los aliados parlamentarios con que cuenta –léase Partido Verde y Nueva Alianza.

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Los priistas tuvieron que pasar el mal trago… aunque no les tomó más de un mes devolver el golpe.

Colocado en la presidencia del Comité de Administración, el perredista Santiago Sesín habría logrado una extraordinaria posición para servir de contrapeso al manejo de las finanzas en el Legislativo, uno de los entes más opacos en materia de rendición de cuentas.

Casi sin darle tiempo a nada, el PRI dio un coletazo y acabó por echar al perredista del puesto… para lo que contó con el apoyo, por inacción, de los diputados del PAN, los aliados originales del PRD y del resto de fuerzas minoritarias que conformaron al G-18.

A Sesín le tendieron muy temprano la cama, para lo que el tricolor se valió de un sucedáneo, el coordinador de Movimiento Ciudadano, quien disparó directo a la cabeza y luego se echó a dormir, esperando su recompensa… que por supuesto no será visible al resto de los mortales, que para eso se hicieron los testaferros.

Luego, en el jaripeo que se desató contra el perredista, se le señaló de gastarse 3 millones de pesos en asesores. Esto quiere decir que se destapó con 100 mil pesos diarios, cual vil Granier o Moreira.

¿Habrá hipnotizado al director administrativo del Legislativo para hacer uso de ese dinero? Porque hasta donde sé, hay una firma mancomunada, y en todo caso una corresponsabilidad.

¿O será que se trata de una de esas viejas argucias de primero enlodo y luego que haga segunda el coro? A ver si no al rato salen con que estas palabras son resultado del cochupo (porque con eso de que el león cree que todos son de su condición).

Tocará ahora a la también perredista Eréndira Jiménez aclarar si hubo tal exceso, o si sólo se trata de un mojón.

La actitud de los panistas, así como de algunos perredistas y del coordinador de Movimiento Ciudadano, es un anticipo de lo que se vendrá en esta legislatura, donde los pactos serán por demás fugaces, y siempre bajo la sospecha del interés de grupo o, peor aún, del personal, como ya dije antes.

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