Robo de combustible: Cerró Moreno Valle con crecimiento del 3 mil 28%

3 mil 28 por ciento fue el crecimiento total en tomas clandestinas registradas por la paraestatal Petróleos Mexicanos (Pemex) en el sexenio de Rafael Moreno Valle, pues el panista recibió el gobierno de Puebla con un registró de 49 tomas en 2010 y concluyó su administración en 2016 con un total de 1533, lo anterior de acuerdo con información que entregó Pemex a a esta casa editorial.

 

La información oficial confirma que Puebla se ubicó como el estado con el mayor numero de golpes de la delincuencia organizada a los ductos que la paraestatal tiene tendidos a lo largo del territorio, superando a Guanajuato, Tamaulipas y Veracruz, entidades que graves problemas de inseguridad provocados por el crimen organizado.


 

Los datos estadísticos revelan además que en el último año de gobierno de Moreno Valle Tepeaca fue el epicentro del ataque de los huachicoleros, pues en este municipio se reportaron 352 tomas clandestinas en el periodo, esto significa una de cada cinco.

A Tepeaca le siguen Palmar de Bravo con 283 tomas, Acajete con 180, Quecholac que sumó 138 y Acatzingo con 118, esos cinco municipios ubicados todos en el corazón del llamado Triángulo Rojo concentraron el 70 por ciento del total de tomas reportadas en el 2016.

 

Aunque la problemática que domina la zona central del estado, también conocida como la Franja del huachicol, se extiende desde los linderos de Puebla y Veracruz, empezando por el municipio de Esperanza en el valle de Tehuacán, y llega hasta el otro extremo por los municipios de Santa Rita Tlahuapan y San Matías Tlalencaleca, en la colindancia con el Estado de México.

 

“El poblano pasó de ser camotero a huachicolero”

 

El impacto del robo de combustible o huachicol ha llegado incluso a las expresiones culturales, la gente en la región ya habla del huachicol para referirse de manera genérica a todo actividad relacionada con el ilícito, así huachicol es lo mismo el resultado de la extracción del ducto, es decir el combustible robado, que aquellos que se encargan de robar y transportar el combustible.

 

Y así como en otras entidades en donde el narco forma parte importante de la cultura popular se han multiplicado los que le cantan a los traficantes, en Puebla han empezado a brotar canciones dedicadas a los chupaductos en general.

 

En el sitio de videos más famoso de la red es posible hallar una cumbia dedicada a la actividad ilícita llamada la Cumbia del Huachicol, que interpreta la cantante Tamara Alcantara –originaria de Tecamachalco, población ubicada en el corazón del Triángulo Rojo— acompañada de mariachi, pero no es la única. La atención mediática que obtuvo con dicha canción –y que trajo a Puebla al equipo de noticiarios televisivos masivos– impulsó que la mujer compusiera un par de canciones nuevas “el wachikolero” y “la gran señora wachikolera”, en ambos casos sin precisar nombres o historias especificas se hace apología del arrojo y el valor de los hombres y mujeres que se dedican a esa profesión.

 

También se habla de la existencia de un “santo niño huachiolero”, es decir la veneración de una imagen de un niño dios ataviado con elementos que hacen pensar en los chupaductos. Una imagen que ha circulado en redes sociales muestra a un “Santo Niño de Atocha” que tiene en sus manos una manguera y un bidón.

 

El transporte público uno de los consumidores

 

Hace unos días esta casa editorial dio a conocer que la venta de combustible robado ya llegó hasta la capital del estado, y que son los concesionarios del transporte público uno de los principales consumidores.

 

El reportero Carlos Rocha logró hacer contacto con un conductor de gruas que se dedica a distribuir y entregar el combustible robado a domicilio.

 

“Cada entrega de gasolina magna cuesta entre 220 y 250 pesos, dependiendo la confianza que se tenga al consumidor, pues lo que se vende es el riesgo, dijo el chofer de una grúa que relató algunos detalles de su operación”.

 

Y lo mismo sucede en municipios como Tehuacán, la percepción generalizada en que muchos concesionarios del transporte público y choferes utilizan el combustible robado, especialmente ante el alza de precios del energético.