La señora Martha Erika Alonso de Moreno Valle y el voto de las mujeres en Puebla

Si le cuestionan a la señora de Moreno Valle la manera cómo llegó a conseguir la nominación del PAN a la gubernatura de Puebla; si se introducen dudas sobre si su marido negoció y/o dirige su campaña; si le preguntan por los fondos públicos millonarios invertidos para que su rostro se vea en todas las ventanas traseras de los autobuses de Puebla; o sobre la opacidad de la proveniencia e inversión en obras faraónicas en el periodo que gobernó su marido cuando ella tuvo funciones públicas; si le preguntan por su contribución al ideario y programa político que le permitió ascender a puestos de dirección en el PAN–Puebla; si le cuestionan o indagan sobre sus antecedentes como “primera dama” durante la gobernación de su marido; o se le pide enumere los aciertos y contribuciones, como militante del PAN, que legitiman la representación que ostenta del panismo poblano; y sobre todo si le preguntan sobre sus pronunciamientos y posturas cuando su marido ejerció violaciones graves a los derechos humanos mientras ella departía como “esposa del gobernador”… me temo que Martha Erika Alonso Hidalgo de Moreno Valle no puede escudarse, para no responder, que se trata de “ataques” misóginos extensivos “a todas las mujeres”, como ha declarado recientemente a la prensa.

Sólo si la candidata del PAN demuestra que los cuestionamientos de sus opositores políticos destacan que ella es incompetente por razones de género, o por atributos físicos u orientación sexual para contender por la gubernatura en Puebla; o censuran sus pronunciamientos (si es que se pronunció) en favor de la equidad de géneros y por la tolerancia hacía todas las expresiones religiosas y sexuales de los hombres y mujeres; o callan sus denuncias (si las hubo) sobre el alarmante crecimiento de feminicidios durante la gestión de su marido; o en contra del encarcelamiento injusto de mujeres cuando ella era “primera dama” (me refiero a las amas de casa, campesinas, comisarias ejidales, luchadoras sociales y ex presidentes auxiliares como Enedina Rosas Vélez, de San Felipe Xonacayucan; Rosa Vélez, María Luisa Josefina Nezalhuacoyotl y su hija María de los Ángeles Coyotl Nava además de Juana Macuil Coyotl y Angélica Macuil Coyotl de San Antonio Cacalotepec; solo entonces sería legítimo el argumento de género que MEAH de Moreno Valle introdujo en su defensa cuando calificó los cuestionamientos de sus opositores políticos en la contienda electoral para la gubernatura de Puebla como “ataques” y agresiones solo “por ser mujer”.

A partir de estos pronunciamientos resulta importante reflexionar, en muchos sentidos que no puedo abordar aquí, lo que implica que mujeres candidatas a puestos de elección popular recurran a su género para reclamar equidad en una contienda electoral pero también cuando, acto seguido, reclaman el voto solidario de otras mujeres solo sobre la base del género. En este sentido el contraste entre los pronunciamientos de la señora de Moreno Valle con los de Marichuy, Maria de Jesús Patricio Martínez, son iluminadores: Marichuy pide el voto de las mujeres para avanzar hacia una sociedad con mayor inclusión y tolerancia. Como mujer indígena su voz por siglos silenciada, rompe la histórica y culturalmente arraigada exclusión de las mujeres, y de las mujeres indígenas en particular, en la esfera pública. Su voz autorizada y pausada por su trayectoria de vida confronta subversivamente, además, las múltiples fuentes y expresiones de misoginia y racismo internalizados en nuestra sociedad. MEAH de Moreno Valle, por su lado, salta a la esfera política como esposa de un gobernador y después de quitarse su apellido de casada ha salido a pedir el voto de las mujeres para ser ella misma gobernadora a sabiendas que, “como mujer”, reconoce lo “difícil” que es para “nosotras” (¿otras esposas de gobernadores?) poder “ganarse un lugar en la sociedad”. Ofreciendo ciertamente garantías de seguridad y empleos mejor pagados de los que tenían las mujeres cuando ella ejerció de “primera dama” (discurso pronunciado en Ciudad Serdán, 6 de febrero 2018).


La equidad de géneros en México tiene pocos logros y demasiados pendientes. No menos que muchas mujeres, educadas y condicionadas por el sexismo dominante, incluso en las esferas públicas, contribuyen con códigos culturales heredados a fortalecer la misógina reinante. MEAH de Moreno Valle tiene todavía la tarea de articular una propuesta política que demuestre que sus acciones públicas y trayectoria fortalecieron la vida democrática en Puebla, sacudiendo el arcaico contrato sexual (como le llamó una feminista) que genera injusticias en la vida y aspiraciones de las mujeres. Y si va a aludir a un “nosotras” en sus campañas reclamando el voto femenino, que asuma entonces el compromiso de luchar en contra de la represión y la estigmatización vinculadas a la economía sexual y la política sexista que reinaron libres mientras ella fue consorte del gobernador Rafael Moreno Valle.




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