Miércoles, julio 17, 2024

La colitis como antesala del síndrome de colon irritable

La colitis pudiera ser considerada como una antesala al Síndrome de Colon Irritable (SCI). Por lo general, tomamos a la ligera los malestares relacionados al sistema digestivo porque tanto la medicina tradicional como la moderna ofrecen ayuda sin tener que recurrir a la asistencia médica ofrecida en un consultorio. En el caso de no contar con un antiespasmódico, el té de manzanilla ofrece un gran alivio a los cólicos

En términos simples, podeos decir que un cólico es un dolor abdominal repentino, agudo, intermitente y espasmódico. Este tipo de dolor ocurre por las contracciones los músculos que rodean al órgano afectado. En nuestro tema sería el intestino. En algunas ocasiones, el cólico puede ser tan fuerte que produzca vómitos y diarrea.

Antes de pensar en un padecimiento crónico o degenerativo debemos comenzar por lo más simple y de ahí partir a lo más complejo. Por ejemplo, los principales padecimientos de origen psicosocial, “estrés”, relacionados con el sistema digestivo son la colitis nerviosa y la gastritis. Claro que, sí no son tratadas oportunamente pueden degenerar en una colitis ulcerosa o en un cáncer.

El sistema nervioso entérico (SNE) gobierna al intestino, el cual es un derivado del sistema nervioso autónomo. Este sistema nervioso se extiende por el tejido del sistema digestivo y posee sus propios circuitos neuronales. Otro dato importante del sistema digestivo es que la serotonina, neurotransmisor, actúa de manera directa en el sistema entérico. Las variaciones en los niveles de este neurotransmisor afectan el buen funcionamiento del sistema digestivo.

Esta característica anatómica le permite funcionar independientemente y en conexión con el sistema nervioso central. Debido a esto, se le conoce como el segundo cerebro. La colitis nerviosa o la gastritis son un efecto directo de las variaciones de la serotonina y del medio químico y físico del sistema digestivo. Con frecuencia, pueden aparecer cuando se viven situaciones de estrés y nerviosismo, sobre todo si la persona es aprensiva.

En el caso de la colitis nerviosa los trastornos emocionales producen contracciones en músculos del intestino grueso, aumento de sensibilidad ante la presencia de gas y movimientos del sistema digestivo. Todo esto en conjunto produce dolor abdominal tipo cólico y diarrea o estreñimiento.

Estos padecimientos pueden evolucionar a lo que se conoce como síndrome de colon irritable (SCI). Tradicionalmente, al SCI se le ha considerado un trastorno funcional del intestino, lo cual significa, en términos estrictos, que el origen de esta disfunción intestinal no es de carácter orgánico. Al traducirse clínicamente esta consideración nos remite, entonces, a que el diagnóstico de esta condición se lleva a cabo bajo criterio de los hallazgos clínicos.

Este acercamiento, basado en la sintomatología, se utiliza debido a que no se cuenta con marcadores biológicos consistentes para su identificación orgánica. Tan poco se tiene un cuadro clínico unificado que permita diferenciar los síntomas que se presentan en el SCI frente a otras afecciones gastrointestinales.

El síndrome de colon irritable afecta a casi el 20 por ciento de la población en países desarrollados. Los síntomas parecen ser el resultado de mecanismos periféricos específicos, como los siguientes: (1) tránsito anormal en el colon y en la evacuación, (2) irritación en el tejido de la luz intestinal producto de la mala digestión de los carbohidratos y las grasas, (3) exceso de ácido biliar, (4) intolerancia al gluten, (5) alteraciones en la flora intestinal, (6), alteración en los productos derivados de la secreción de las células intestinales( endocrinos), (7) alteración en la síntesis de ácidos biliares, y (8) susceptibilidad genética a la inflamación. Estos irritantes del tejido luminal y de la mucosa intestinal alteran la permeabilidad de la mucosa, lo que causa la activación del sistema inmune o una inflamación[1].

Como se puede observar, esta patología, comúnmente atribuida a trastornos emocionales, comienza a evidenciar los diversos mecanismos periféricos que parecen confluir en una condición de salud altamente desagradable. El dolor y la hipersensibilidad visceral ya no puede ser considerada como una somatización, los irritantes estimulan los mecanismos sensores, lo que se traduce en dolor.

De acuerdo a Jackie D. Wood[2], los aspectos neuro-fisiológicos del colon irritable dan luz a diferentes elementos que interactúan en este síndrome. Los síntomas que generalmente se identifican como síndrome de colon irritable (SCI) son las anormalidades en la defecación y dolor abdominal, donde ambos pueden ser exacerbados por el estés emocional. Las anormalidades en la defecación pueden ser la diarrea o la constipación, y en un subgrupo de personas con SCI, estos síntomas pueden alternarse de uno a otro con el tiempo.

El estado diarreico por lo general se acompaña de urgencia para evacuar, y las personas con predominancia de constipación reportan la sensación de evacuación incompleta. Los sistemas corporales involucrados en los síntomas relacionados con la defecación son las glándulas secretoras intestinales, la musculatura y el sistema nervioso que controla estas actividades. El dolor abdominal y el malestar que surge de estos sistemas añaden el elemento sensorial de la fisiología neurológica.

La distención y contracción exagerada del tracto intestinal producto de la inflamación producen el dolor. En el SCI la hipersensibilidad de los sensores mecánicos del estiramiento (distensión) y de la tensión contráctil están implicados en la producción del dolor. El flujo de información mecánica-sensorial que es transmitida desde el intestino delgado y grueso al sistema nervioso central es la consecuencia de la alta sensibilidad de esta región corporal y se activa con los estímulos del estado inflamatorio. En estas zonas se acumulan mediadores inflamatorios, como la histamina, que potencian la sensibilidad de las fibras neuronales sensoriales, las cuales llevan la información de dolor al cerebro.

No debemos confundir el síndrome de colon irritable con las molestias intestinales producto del estrés. La conexión entre el cerebro y las células inmunológicas (mastocitos) del intestino presenta una explicación viable lo comúnmente señalado como estrés emocional y el síndrome de colon irritable. Al existir la asociación entre las células mastocitos y el sistema nerviosos se genera un mecanismo que une el estado emocional con la irritabilidad del tracto digestivo. Sin importar el modo en que los mastocitos en el intestino son estimulados, la fisiología intestinal presenta las lesiones propias de la irritabilidad, ya sea molestia abdominal, diarrea o la urgencia de evacuar.

El resultado de la respuesta inmunológica y la liberación de señales del sistema nervioso intestinal producen irritación intestinal. Cuando los mastocitos reciben un estímulo neurológico secretan histamina y liberan mediadores inmunológicos, lo que dispara la secreción intestinal y la propulsión diarreica, igual que como ocurre cuando son estimulados por agentes infecciosos. Esto parece explicar la similitud de los síntomas intestinales asociados a agentes nocivos en la luz intestinal y los asociados con el estrés de origen psicológico en individuos susceptibles.

Sin embargo, la literatura médica no es clara en explicar si son las personas emocionalmente sensibles o bajo mucho estrés son las que desarrollan el síndrome de colon irritable, o sí los individuos que padecen el síndrome de colon irritable se ponen sensibles emocionalmente y no soportan el estrés. Los efectos gastrointestinales del estrés, tanto en animales como en humanos, incluyen el aumento en la motilidad intestinal así como un aumento en la sensibilidad visceral. Estos efectos parecen estar exagerados en las personas con el síndrome de colon irritable, así como en animales previamente sensibilizados ya sea por inflamación visceral o por traumatismo psicológico.

La identificación del sobre crecimiento de bacterias en el intestino delgado puede ofrecer un marco clínico que permitiría entender las observaciones más frecuentes del síndrome de colon irritable, incluyendo la distensión o inflamación abdominal después de comer, la alteración en la motilidad intestinal, la hipersensibilidad visceral, la interacción anormal entre cerebro e intestino, la disfunción autonómica y la activación inmune. Bajo este referente, tanto los síntomas gastrointestinales como los extra-intestinales y los hallazgos en el síndrome de colon irritable tendrían una explicación unificada[3].

Varios estudios han confirmado la alta prevalecía en sobre crecimiento de bacterias en el intestino delgado. Esto está íntimamente relacionado con la constipación debido a la producción del gas metano.  Además, cuando el sobre crecimiento bacteriano es tratado con antibióticas los síntomas del SCI parecen mejorar en la mayoría de los pacientes. Sin embargo, las personas con constipación no parecen beneficiarse tanto con este tipo de tratamiento como las que padecen de diarrea.

Las personas que padecen de SCI, comúnmente, también presentan, concomitantemente, saciedad temprana, esto es, se sienten llenas con poca comida y sufren de malestar abdominal alto. Estos síntomas son parecidos a los de la dispepsia, mala digestión. Las personas que sufren de SCI pueden presentar ambas situaciones, alternando una con otra, lo que refleja una disfunción gastrointestinal.

La constipación asociada al SCI refleja una disminución en el tránsito intestinal. La producción del gas metano por las bacterias intestinales parece ser el causante de la constipación. El gas metano reduce el tránsito intestinal y disminuye los niveles plasmáticos de serotonina después de las comidas. La serotonina actúa como mediador en el reflejo peristáltico.

El conjunto de síntomas que mejor describen este síndrome incluye el dolor abdominal recurrente y crónico,  usualmente esta molestia o dolor se presenta en el abdomen bajo; sensación de distensión abdominal o vientre inflamado con gas, urgencia para defecar, a veces justo después de haber hecho, diarrea con o sin constipación y puede presentarse moco en las heces. La constipación es una de las razones principales por las que la persona afectada busca ayuda médica.

Este tipo de síntoma debe ser evaluado junto al tipo de alimentación que la persona lleva a cabo. Por ejemplo, si los síntomas empeoran después de beber leche o consumir otros productos lácteos, se estaría sospechando de intolerancia a la lactosa. Esta intolerancia es la inhabilidad de digerir los azúcares (lactosa) encontrados en la leche y no se considera como parte del SCI. Sin embargo, las personas con SCI pueden notar que ciertos alimentos empeoran sus síntomas.

Las molestias gastrointestinales crónica pueden ser una señal de algo peor, sobre todo si hemos pasado más de la mitad de la esperanza de vida. La evaluación correcta debe ser realizada por un especialista en gastroenterología y el tratamiento lo debe prescribir él. No ahorre dinero en su salud acudiendo a empíricos ni automedicándose. Evite un daño peor previniendo el cáncer de colon.

[1] Camilleri M., (2012), Peripheral Mechanisms in Irritable Bowel Syndrome, N Engl J Med 367;17

[2] J. Clin. Gastroenterol 2002; 35 (Suppl): 11-22

[3] Lin HC.,, (2004), Small Intestinal Bacterial Overgrowth, JAMA, Vol. 292, No. 7, 852-858

 

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