Glosodinia

De las palabras griegas glossa, que significa lengua y odine, dolor, la glosodinia no es otra cosa más que el dolor en la lengua. También conocida como síndrome de la boca ardiente, es referida con otros nombres como estomatodinia, estomatopirosis, disestesia oral, orodinia, glosopirosis, boca escaldada o síndrome de ardor bucal, entre otros. La gran cantidad de nombres con las que se denomina a este padecimiento, seguramente obedece a una profunda ignorancia de su origen, pues hay muchos casos en los que no hay manera de saber la causa que la provoca.

La característica cardinal de esta enfermedad es el dolor, ardor o sensación de quemadura en la lengua o en la boca, que puede ser de una intensidad variable pero siempre, extremadamente molesta. No existen datos de laboratorio o clínicos que justifiquen la molestia; es decir que solamente está presente el dolor y si bien puede acompañarse de otras incomodidades como alteración en la percepción de los sabores (disgeusia) o boca seca (xerostomía), dando lugar a una triada clásica, lo cierto es que se trata de un problema de difícil abordaje odontológico y médico, pues tiende a ser crónico, con una duración de semanas, meses o años.

Hay personas que manifiestan los síntomas en una forma leve, pero hay quienes expresan que el dolor es insoportable, limitando incluso la ingesta de comida o agua, con dolor al momento de deglutir, característica que si bien no representa algo grave pues no hay presentes alteraciones orgánicas, sí reduce en una forma significativa, la calidad de vida de quien la padece.


La frecuencia con la que se estima que se presenta, varía desde 0.7 por ciento hasta 15 por ciento, pues no existen criterios para diagnosticarla en una forma rigurosa, aunque se sabe que las mujeres son quienes la presentan en mayor número, sobre todo en el periodo de perimenopausia o postmenopausia, sobresaliendo en aquellas que sufren crisis de ansiedad o depresión.

Se ha establecido una diferenciación entre factores de riesgos locales, sistémicos o psicológicos. Hay personas que, gozando de cabal salud, la presentan en una forma indeterminada, adquiriendo el término de idiopática. Lo cierto es que hablando de alteraciones locales, cualquier condición irritativa en la lengua como infecciones o contacto con químicos y medicamentos, la pueden desencadenar. También se debe considerar cualquier factor mecánico, como el roce frecuente con los dientes, que se da por ejemplo, cuando hay ansiedad o prótesis removibles que pueden producir ligeros traumatismos que no son evidentes visualmente.

Hablando en términos de factores sistémicos, se deben considerar las deficiencias de minerales o vitaminas, trastornos metabólicos como diabetes descompensada o enfermedad tiroidea; padecimientos reumáticos y problemas inmunológicos. Es de hacer notar que tratamientos para el cáncer con radioterapia y quimioterapias, también son importantes condiciones que la pueden provocar. Pero los factores psicológicos como altos niveles de tensión o depresión se encuentran presentes en más de 50 por ciento de los casos, sobresaliendo la ansiedad.

Con respecto al tratamiento, como en toda enfermedad independientemente de la gravedad de los síntomas, es fundamental hacer una historia clínica detallada, que se oriente a la búsqueda de elementos irritativos locales, sobresaliendo el consumo de alcohol y el tabaquismo; alimentos muy picantes o bebidas ácidas como refrescos con gas. Es evidente que en este sentido, los odontólogos deben apoyar en la orientación diagnóstica, planteando una buena salud oral, resolviendo caries o gingivitis que pudiesen estar presentes. De ahí, eliminando la sospecha de enfermedad dental y periodontal, se puede establecer una búsqueda de alteraciones metabólicas, con un manejo multidisciplinario de especialistas en medicina interna, endocrinólogos, otorrinolaringólogos y finalmente neurólogos que deben plantear opciones orientadas a la disminución del dolor.

Enfermedad que muchas veces es menospreciada y de un carácter verdaderamente extraño, se debe comprender que la glosodinia no solamente es un verdadero reto diagnóstico de la medicina actual sino incluso, un verdadero desafío terapéutico para cualquier dentista, médico general o de cualquier especialidad.