El policía que queremos

"El Policía que queremos"

Con el objetivo de otorgar un reconocimiento público al policía, en octubre del 2013 el entonces Presidente Municipal de esta Ciudad de Puebla, Eduardo Rivera, develó una escultura dedicada al cuerpo policial a cargo de la Secretaría de Seguridad Pública y Tránsito Municipal, para conmemorar el día del policía que se celebró el 17 de agosto. Esto en un intento por infundir confianza a la ciudadanía hacia la policía, resaltando el valor y la valentía como componentes necesarios para su labor diaria, omitiendo otros aspectos –no tan positivos- que definen la realidad de dicha profesión, justificados por el bajo salario que perciben. Ante este escenario cabe citar a Maderuelo cuando menciona que:

“Este interés de los ediles, con sus inevitables connotaciones de propaganda política electoralista, no ha sido siempre bien recibido por los ciudadanos y ha surgido, en muchos casos, una encendida polémica que ha superado el carácter meramente local, trascendiendo a la prensa.”

El monumento es un fenómeno insistente en muchas latitudes, pero esto ha ido cambiando, pues hay muchas propuestas contemporáneas, incluso desde la figuración. En Puebla, sin embargo, nos hemos anquilosado en el tradicional monumento conmemorativo, sin trasfondo, sin propuesta en la morfología estética, sin cuestionamiento en la temática monumental. En este particular caso se trata de la representación de un policía que lleva a una niña de la mano, mientras que con la otra mano detiene el tránsito vehicular, y se ostenta bajo el titulo “El policía que queremos” (y que nadie conocemos), queda claro que en el mismo título queda implícita la quimera, pero emula la frase publicitaria del ayuntamiento en turno: “la Ciudad de Queremos” como parte de la seducción para la venta de obra. Para la fundición se reunieron más de 10 500 llaves, con lo que se logró una pieza de 2.30m y 350kg de peso aproximadamente, fundida en bronce, de acuerdo con el metalúrgico Miguel López Artasánchez.


El emplazamiento tuvo lugar en una pequeña rotonda ubicada sobre la calle San Martín Texmelucan a la altura de la Teziutlán Sur, a un par de calles de las oficinas de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, en la colonia La Paz de esta ciudad.

Miguel López Artasánchez, pertenece a una familia que ha heredado el oficio de orfebre desde el tatarabuelo y de su bisabuelo Miguel, quien realiza múltiples encargos de orfebrería religiosa, actividad prolongada por el abuelo y recuperada hasta la cuarta generación por los tres hermanos López Artasánchez, que si bien tuvieron una formación profesional técnica y financiera, no la tuvieron en las áreas de las artes, lo cual queda de manifiesto en cada una de las obras instaladas en nuestros espacios públicos. En el caso particular de Miguel, su profesión es la de administrador de empresas, y hay que reconocer su habilidad para el tema financiero, de colocación y venta de obra. De hecho aprendió la fundición de manos de Francisco Rosales y Arturo Castañón, quienes trabajaron en el taller del abuelo.

Ya anteriormente, Miguel López Artasánchez había realizado la figura de un agente de tránsito en Aguascalientes, lo cual me es difícil de creer, pues se trata de un estado con tradición artística, con un elevando parámetro de cultura visual, que ha acunado artistas como Contreras. Me cuesta visualizar que en Aguascalientes no hayan encontrado un mejor expositor o un escultor propiamente dicho para realizar el encargo. Quizá ni lo buscaron.

Aquí en Puebla, hay mucha obra de los hermanos López Artasánchez, lo mismo que de Jesús Corro, ninguno de ellos escultor. Particularmente, entre los trabajos de Miguel López se cuenta el Sagrado Corazón de Jesús y el Trono de la Sabiduría, ambos en la universidad Iberoamericana Puebla; además de personajes como José Ma. Lafragua, José Ma. Morelos y Pavón y Benito Juárez en las instalaciones del Tribunal Superior de Justicia del Estado de Puebla, y la maqueta del Centro Histórico realizada en equipo con su hermano Pablo.

La mencionada pieza personifica a un policía en cumplimiento de su deber, lo que corresponde –al igual que el título- a una falacia, un deseo fallido, una irrealidad que quisiéramos verla como actividad cotidiana de nuestros policías. Pero normalmente no vemos policías y si los vemos están ocupados mensajeando por el celular, poniendo multas o mordiendo; pero hace mucho, muchos años que no veo a un solo policía en cumplimiento de su deber, menos aún tratándose de infantes. La única vez que he observado a policías cerca de niños ha sido para amedrentarlos y atacarlos, casos que he presenciado en el centro de la ciudad. Por lo tanto pudiéramos decir que la representación en tanto idea es falsa, no apegada a la realidad.

El escenario verdadero es que la ciudad necesita de policías preparados y bien remunerados. El cuerpo policíaco requiere una limpieza profunda en toda su institución, reconocida por su elevado nivel de corrupción. El personal necesita capacitación, actualización, protección y tecnología para la optimización en el cumplimiento de su deber.

Esta figura en bronce tiene otra agravante, que anatómicamente también es falsa, desapegada de la realidad corporal. Pues se trata de un par de personajes desproporcionados, a saber: la relación cabeza-cuerpo no corresponde, la cabeza es grande en proporción; el cuerpo falto de compensación en tanto la relación piernas-torso; el torso es plano, como una caja cúbica pero aplanada; el brazo levantado es más grande que su brazo izquierdo, el cual tampoco goza de la proporción que la misma evolución humana nos ha otorgado. Por otro lado, la proporción infantil es diferente a la de una persona adulta, así que en relación cuerpo cabeza, está mejor proporcionada la niña, aunque sus brazos corresponden a los de un adulto.

En general la idea de representación es muy obvia, y la figuración conseguida es mala en tanto intenta ser figurativa sin apego a la realidad estructural y anatómica, por lo que el resultado es mediocre e irreal en idea, forma y contenido. Derivación que descubre realidades sociales, políticas y culturales. Ninguno de los actores se han percatado que la escultura contemporánea ha cambiado tanto en sus procedimientos técnicos como en sus fuerzas discursivas, y que perduran según su función representativa.

Espero que no tarde el día en que las manifestaciones artísticas en los espacios públicos en Puebla se abran a nuevos caminos y nuevas opciones, que nuestros espacios se vean enriquecidos con nuevas y variadas propuestas; que nos libremos de la forzada y mal hecha representación, que consigamos autonomía artística: en el artista, en la temática, en la obra y en la expectación. Pues en nombre de la modernidad de talan árboles y se pavimentan campos, pero no se plantean nuevos discursos estéticos desde la contemporaneidad, no se modernizan las intervenciones en los espacios públicos. Incongruencias de discursos.




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