¿A dónde nos llevará la guerra comercial entre EU y China?

Los Estados Unidos (EU), a pesar de haber impulsado por décadas el libre comercio, se ha pronunciado en contra de ello, debido a que terminó siendo economía perdedora en dicho proceso, siendo China la economía victoriosa. Ahora el gobierno estadounidense demanda un comercio justo, que le permita reducir importaciones, como incrementar exportaciones y así dinamizar su economía. Fue por ello que no firmó el Acuerdo Comercial Transpacífico (TPP), y está renegociando el Tratado de Libre Comercio de América del Norte con Canadá y México (TLCAN), y ha establecido aranceles a las importaciones, sobre todo a productos provenientes de China, que es el enemigo a vencer.

La mayoría de los países han sido perdedores en el libre comercio, evidenciando que éste no se ha traducido en mayor crecimiento para todos, tal como se había prometido. El gobierno de EU está preocupado debido a que la tendencia apunta a que dentro de poco, China pasará a ser la economía hegemónica a nivel mundial, y desplazará a EU de dicho puesto. De ahí la preocupación de Donald Trump, de que EU vuelva a ser lo que fue antes, América First.

El gobierno de EU empezó primero estableciendo aranceles al acero y al aluminio, para después expandirlos a más productos provenientes de China por valor de 50 mil millones de dólares y ante la respuesta de China, amplió los aranceles a otros productos proveniente de dicho país por valor de 100 mil millones de dólares. El gobierno de Estados Unidos quiere negociar con el gobierno chino, para evitar caer en una guerra comercial. Quiere llegar a un acuerdo de propiedad intelectual, dado que el gobierno de China obliga a las empresas transnacionales que se establecen en su país, a transferir tecnología a las empresas nacionales, lo que le ha permitido a China reducir el diferencial tecnológico con EU.


En las negociaciones que el gobierno de EU busca con el gobierno de China, pretende reducir el déficit de comercio exterior que tiene con dicho país que es de 368 mil millones de dólares.  Quiere reducir dicho déficit en 100 mil millones de dólares. Ello, lógico afectaría la dinámica económica de China, y favorecería a la de EU, por lo que no es fácil que acceda el gobierno chino a ello, por lo que no habrá cooperación, sino que se dará la guerra comercial.

Con la política arancelaria que establecerá EU contra los productos provenientes de China, se favorecerán otros países, que tratarán de abastecer el mercado estadounidense. De cambiar EU de países abastecedores, no logrará reducir su déficit de comercio exterior. Es decir, podrá reducir el déficit que tiene con China, pero se incrementará el déficit que tiene con otros países. Para poder reducir el déficit de comercio exterior, tendrá que aumentar las cadenas de valor en su propio país, para lo cual tiene que incrementarse la inversión productiva. De ahí el interés del gobierno estadounidense de que la reducción de impuestos establecidos en diciembre pasado a las corporaciones de su país, se traduzca en mayor inversión, incentivada por el establecimiento de aranceles a las importaciones provenientes de China. El problema es que al no generalizarse los aranceles a todas las importaciones, solo se dará el cambio de abastecedor de China hacia otros países oferentes, y ello no motivaría el crecimiento de inversión para ampliar internamente las cadenas de valor y de abastecimiento.

La lucha entre el proteccionismo versus el libre comercio, la perderá el libre comercio, debido a que la mayoría de los países no tiene condiciones de mantenerlo, dados los efectos negativos que ello ha ocasionado, en términos de desindustrialización, desempleo, bajos salarios, menor crecimiento económico, creciente déficit de comercio exterior y mayor dependencia de entrada de capitales para mantener dicho déficit y el libre comercio. Cada vez les resulta más costo en términos económicos, políticos y sociales y de violencia creciente, mantener el libre comercio. La mayoría de los países, como el nuestro, ya no tienen activos que vender para asegurar entrada de capitales para mantener el libre comercio, por lo que terminarán estableciendo políticas arancelarias para frenar el crecimiento de importaciones para reducir el déficit comercial y dinamizar la producción nacional y el empleo.

No se puede seguir insistiendo en más tratados de libre comercio, como el Tratado Integral y Progresista de Asociación TransPacífico que el gobierno mexicano firmó el 8 de marzo en Chile (que agrupa a 11 países) y ha pasado al Senado de la República para su aprobación. Son las empresas transnacionales las que ganan en el libre comercio, y no los países, y mucho menos las empresas nacionales y los trabajadores.