Periodistas indolentes

Los medios de comunicación y los periodistas no estamos haciendo bien las cosas. Le estamos quedando a deber a la sociedad, frente a la cual hemos perdido credibilidad y ganado un desprestigio casi equiparable al de la clase política y corporaciones policiacas, por la indolencia mostrada ante las adversidades que la sociedad de a pie padece.

Esta percepción fue expresada en un encuentro entre activistas, organizaciones civiles y especialistas extranjeros integrantes del III Intercity: Italia, Argentina, Colombia, México, efectuado en días pasados en el Instituto de Estudios Superiores Dante Alighieri de Tlaxcala, donde las y los expertos hicieron una parada.

Paolo Plaguiai, rector de la Alta Escuela para la Justicia, habló de la actitud que la comunidad debe manifestar cuando le pasa algo a los demás, porque es “como si nos pasara a nosotros” y expresó que todos debemos sentirnos ofendidos ante cualquier infamia.


Justamente eso es en lo que los comunicadores hemos fallado. Por ello, la activista Gloria Flores no reparó en criticar con dureza y en generalizar, sin razón total, que a los periodistas de Tlaxcala el tema de las desapariciones de niñas y mujeres les interesa solo para orejear, pero no para acompañar la causa, pues “aquí chayotean”, tienen línea; los vinculó a autoridades corruptas. Esta apreciación fue refrendada por otros asistentes.

En ese mismo foro, Alfredo Zacarías, director del periódico La República e integrante del Foro de Periodismo Argentino y del III Intercity, señaló que los periodistas del mundo tienen que ayudar a encontrar la verdad para lograr justicia y ayudar a que la comunicación entre la sociedad sea mejor.

Marcela Turati define al periodista social como aquél que, independientemente de los temas que cubre, tiene una mirada distinta “porque se preocupa por lo que pasa con la gente común y corriente y busca incluirla en sus notas; es aquél que huye de la habladuría del político y solamente lo usa como referencia; es el que busca al que nadie entrevista”.

Concluye que el periodismo social “es una cuestión de actitud, es un pararse desde otro lugar distinto al tradicional. Es un asunto de mirada”. Desde este concepto y de una introspección autocrítica, la deuda que tenemos con la comunidad es grande.