Cine y recursos

Hace unos pocos años el cine de género que disfrutábamos, vía los videoclubs de barrio o de pueblo, eran para unos pocos. Esos pocos éramos una especie de exploradores que disfrutábamos de la pestilencia de un cine que causaba escozor y vergüenza a la mayoría de la audiencia. Me gustaba ese gueto que conformábamos porque había una sacralización –y por ende, respeto– hacia las rarezas que podíamos pescar en tiendas, bazares y cines. Uno compartía con efusividad cintas de terror mexicano como La Zona del Silencio o esos experimentos en blanco y negro como Begotten. Este gusto no nos hacía especiales, simplemente diferentes al resto de los cinéfilos de festival o los que disfrutan con los blockbusters de verano.

Ahora con la avanzada hipster, esa que se dedica al revisionismo, a despojar de identidad todo lo que toca y que desodoriza hasta lo más sucio, ese cine ha pasado a convertirse en materia de discusión en sus mesas y producto de su consumo. Así, directores antes poco conocidos como Takashi Miike o Hiroshi Inagaki han pasado por sus manos y Criterion Collection les ha entregado sendas ediciones listas para su consumo.

El problema de esta popularización radica en que la obra ha perdió su sitio central como pieza artística, como receptor de sensaciones, de emociones y ha pasado a ser simplemente un título más cool que agregar a la videoteca.


Atrás han quedado los días en que uno oía hablar de una cinta y tenía que esperar a poder verla vía los dillers de películas piratas en el Chopo o La Lagunilla que buscaban en catálogos españoles, norteamericanos y hasta brasileños la cinta deseada. Cuando por fin veías La última tentación de Cristo –cinta prohibida por Gobernación durante un tiempo–, en un VHS regrabado, su visión era un acontecimiento.

El Santo es uno de esos íconos enraizados en la cultura popular del paisanaje, ese espectador que no podía asistir a las salas de cine, pero que veía sábado a sábado El cuadrilátero del Santo en el canal 4 y luego en el 9. Con esta voracidad hipster no sería nada extraño que Criterion sacara una caja con sus películas remasterizadas.




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