Empresarios y elecciones

No es la primera vez, pero como todo se les disculpa y consiente, no será la última en la que los empresarios se entrometan en asuntos políticoelectorales, no de cara al electorado, sino presionando a sus empleados para instarlos a emitir su voto en un sentido determinado. Obviamente no son todos, sino los multimillonarios, los clientes permanentes de la lista Forbes; aquellos que reciben los beneficios del laxo sistema fiscal, que los favorece con devoluciones y deducciones, quienes, además, obtienen de la burocracia contratos públicos sin las debidas licitaciones; capitalistas que, en sus empresas, emplean trabajadores a quienes pagan salarios precarios, contratados mediante el outsourcing para eludir las ya de por sí menguadas prestaciones establecidas en los contratos colectivos, “especie en peligro de extinción”; estos empresarios, organizados para defender sus intereses vuelven a entrometerse actuando coordinadamente como si tuvieran un jefe que dicta, desde las sombras, la conducta a seguir, los ataques a proferir, cuyas iniciales son Carlos Salinas.

Esos empresarios, metidos de lleno en el proceso electoral, pintan a sus trabajadores un mundo apocalíptico tratando de inducirlos a sufragar por cualquier candidato menos por el que llaman populista, del que no dicen el nombre, pero que todos identifican pues los tiene aterrorizados con sus propuestas: un inaudito gobierno honesto y democrático.

Un empresario “modelo” del capitalismo de compadres, activista del neoliberalismo, es Germán Larrea, presidente del Consejo de Administración de Grupo México, quien ha forjado su riqueza a partir del proceso privatizador de las empresas del Estado. Por ejemplo, en 1990, Carlos Salinas le entregó la mina Cananea vendida en 475 millones de pesos, aunque un año antes, Nafinsa la había valuado en 2 mil millones de pesos. Así, con concesiones y sobreexplotando a los trabajadores mineros y apropiándose, muchas veces mediante despojos, de los recursos minerales como el cobre, zinc, plata, oro y plomo, ha logrado una fortuna calculada en 14 mil 700 millones de dólares, lo cual lo hace el segundo hombre más rico de México. Este modesto empresario, seguido por los grupos corporativos Herdez y Vasconia, envió a sus trabajadores una carta donde, además de asegurarles que las licitaciones mineras, ferroviarias y carreteras obtenidas por su consorcio han sido obtenidas legalmente y no por corrupción, les dice que deben votar considerando que cambiar el modelo capitalista de libre mercado, a uno populista, causaría estragos como en Venezuela. Asimismo, Larrea pide a sus trabajadores votar “sin enojo” –aunque ocultó los motivos de ese enojo ¿serán los bajos salarios?– y advirtió que, en prevención, sus empresas tomarán medidas precautorias como el ahorro, el desendeudamiento en dólares y cautela al invertir, mismas recomendaciones que, en franco e hiriente sarcasmo, hizo a sus trabajadores, vaya, para motivarlos a proteger sus caudales en riesgo si gana un populista.


Por supuesto, los empresarios tienen todo el derecho a participar en política, eso no está a discusión, a lo que no tienen derecho es a tratar de orientar el voto de los trabajadores a su servicio. Eso es infame.