Las 70 personas olvidadas de Huamantla

Los pobladores de Santa Ana Ríos se quejan de que los candidatos les prometen atender sus demandas de servicios básicos, pero cuando terminan las campañas nunca regresan para cumplir su palabra
Los pobladores de Santa Ana Ríos se quejan de que los candidatos les prometen atender sus demandas de servicios básicos, pero cuando terminan las campañas nunca regresan para cumplir su palabra

“Somos los olvidados. Nada más vienen cuando quieren el voto”, reclaman habitantes de la fracción Santa Ana Ríos, una pequeña localidad de Huamantla, conformada por una población de alrededor de 70 personas que enfrenta  rezago en servicios básicos y además está severamente contaminada por el paso de aguas negras.

Las y los candidatos prometen todo, pero nada les cumplen. Tampoco regresan.

El principal problema de la comunidad es el desagüe de aguas negras. “Como ya nos estamos acostumbrando ya no percibimos tanto el olor. Pero cuando empezaron a pasar los niños se enfermaron de hepatitis. Los que vienen de otro lado preguntan qué es lo que huele muy feo”, denuncia Marcelina Moreno Huerta.


Hace cuentas y calcula que la descarga inició en el primer periodo de gobierno municipal de Eduardo Bretón Escamilla, en los años noventa.

“Estas aguas se iban por allá, por el rancho Santa Clara, pero las abrieron para acá cuando vieron que afectaba las plantas porque era contaminada, dijeron, ya no las queremos, y hablaron con el presidente y las echaron para acá”, recuerda Enrique Moreno.

Afecta a esta zona y a las tierras de ejidatarios de San Lucas, barrio de Huamantla, y pone en riesgo, además, a cuando menos 30 infantes. “Los candidatos dicen que las van a quitar, pero nada”.

“No tomamos las aguas negras, pero sí las respiramos y hay mucha mosca”, resalta Gabina López Moreno, una madre joven que padeció junto con sus hijos daño en la salud por contaminación. Muestra a La Jornada de Oriente la turbia y fétida corriente.

Santa Ana Ríos es la localidad a la que se ingresa por una desviación de la carretera que conduce al municipio de Altzayanca. Está rodeada de ranchos prósperos y campos de riego.

El camino es de terracería. La única referencia de este asentamiento es un letrero colocado en el tronco de un árbol en el que se lee: “Escuela Conafe Santa Ana Ríos”, señalada con una flecha.

A un costado, hay un tronco más, donde descansa una imagen pequeña de la virgen de Guadalupe, es una especie de altar.

Santa Ana Ríos carece de alumbrado público, calles pavimentadas, drenaje y agua potable. Solamente recibe el líquido a través de pipas que lo trasladan desde la ciudad de Huamantla. El servicio de recolección de basura es semanal; a veces quincenal. Hay energía eléctrica en las viviendas, casi todas con techos de lámina. “Pero la luz es deficiente; no aguanta”, señala Marcelina.

“Hasta la policía se olvida. Nunca llega, dice que no da”, sueltan entre irónicas risotadas las mujeres de esta fracción.

Y es que en esta localidad solamente habitan cuatro familias de ejidatarios. Suman aproximadamente 70 personas. Fue fundada por doña Consuelo Huerta y don Manuel Moreno.

“Si no hay donde vivir pues no hay de otra más que buscar un terreno donde estar, por eso vivimos aquí”, expone Enrique Moreno.

El hombre de edad avanzada comenta que la población debe caminar cerca de 20 minutos para llegar hasta la carretera. “Hay quien ya cuenta con un carrito”, dice.

En Santa Ana Ríos por ningún lado hubo propaganda electoral de ningún candidato ni partido. Pero los aspirantes a un cargo de elección popular sí pisaron estas tierras. “¡Uf, todos, varios!”, expresa Marcelina.

“Llegan a ofrecer lo mismo de siempre. Dicen que Huamantla va a cambiar, pero siempre la veo igual… nos toman como tontos a todos; a todo el pueblo”, añade Enrique.

“Dicen que nos van a ayudar con vivienda, pero nunca lo ha hecho nadie”, remata Marcelina. “Aquí vino el que ahora es presidente municipal, (Carlos) Ixtlapale, nos prometió, pero ya no le vimos la cara. Cuando están en el puesto se sientan y ya no vuelven”.

Pese a todo, el pasado 7 de julio los hermanos Enrique y Marcelina votaron desde temprano. “En la colonia Morelos, así está en la credencial, ahí nos toca… vino una combi por nosotros”, comentan.

–¿Y quién la mandó, de dónde?–, se le pregunta.

–Quien sabe, responden entre susurros.




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