La priáspora tlaxcalteca

Regresan los que partieron en 1998

El repartimiento de los colonos

Los Emprendedores Por la Nación


En un foro de 19 millones –de pesos de presupuesto– promovido y organizado por políticos panistas con el tema: “Entre estigmas y mitos”, fue revelado, por primera vez, un documento cuya transcripción paleográfica, traducción y notas se deben al doctor en microhistoria internacional Jicoténcal Cortés.

El documento ha sido clasificado bajo el nombre de “La priáspora tlaxcalteca” y relata la forma en que se ha organizado el retorno de las 400 familias que en 1998 partieron hacia la colonización del PRD y del PAN. El documento relata que:

El 12 de octubre, día de la raza, a orillas del panteón municipal se reunieron “para hacer un recuento de los colonos (tal vez para asegurarse de que todos los que habían acordado hacer el viaje de regreso estuvieran todavía presentes).” El escribano leyó: “Se halla en mi poder este traslado, debo advertir que por primera vez se publica esta cuenta denominada: repartimiento de los colonos del PRD y PAN en su regreso al PRI por la vía EPN…

“Y si todos vienen en los dichos carros mandaba y mando hacer la quenta de  todos ellos por sus nombres, con sus mugeres e hijos de sus barrios, parcialidad, y quien traen por capitanes, para que en todo tiempo, conste de la verdad y hisose la dicha cuenta en la manera siguiente: Guadalupe Sánchez Santiago, Martha Palafox Gutiérrez, Anabell Ávalos Zempoalteca, Viviana Barbosa Bonola, Angélica Zárate Flores, Eréndira Cova Brindis, Sinahí Parra Fernández, Ángel Isaac Ochoa Pérez, Armando Ramos Flores, Fernando León Nava, Justino Hernández Xolocotzi, Víctor Estrada Guevara, Noé Rodríguez Roldán, Federico Barbosa Gutiérrez, Ernesto García Sarmiento, Rogelio Camarillo López, Eliseo Vázquez Valdés, Alfonso Sánchez Manzanilla, Indalecio Saucedo Sánchez, Antonio Romero Mendoza, Tomás Orea Albarrán, Ignacio López Sánchez, Víctor Hugo Gutiérrez Morales y José Luis Arguijo Torres.

La asignación al sargento Césarvajal

La supervisión general de la priáspora tlaxcalteca fue asignada al sargento Césarvajal, quien había quedado de encontrarse con todos los grupos y sus líderes en el camino que lleva a la plaza de toros del AESPA. Desde hacía tiempo “había empezado a negociar con los caudillos de Tlaxcala, tradicionales amigos y aliados, para concretar el regreso con el fin de reestablecer el orden en el partido… Había  sido planeado durante la administración de… Y contaba con la asesoría del virreinato de la capital a través del delegado de Gobernación”.

Días antes, la organización comunitaria había sido informada: “Los… de Tlaxcala… caminan ya… y habrá ocho días que salí cinco leguas de esta ciudad a verlos y a animarlos, y hacerles proveer de todo los necesario. Van en todo lo que yo he podido bien acomodados, y parece que ya van de gusto y voluntad. Ruega a dios tenga este medio… el suceso que se desea y aunque siempre queda la dificultad que con los unos y los otros no puede haber entera seguridad  o que yo puedo tener es haber hecho de mi parte lo que en esto puedo, que hasta aquí, y de tantos años a esta parte, he sido tan dificultoso. Atte. Césarvajal, vocal de la ANDA–PAC”.

Se cuenta entre los asistentes que: “Antes que los tlaxcaltecas volvieran al PRI, su tierra nativa… se tuvo cuidado de salvaguardar los intereses mediante varios mandamientos de amparo para asegurar que sus posesiones no fueran robadas a sus herederos. Las propiedades de los capitanes tlaxcaltecas que habían de dirigir a los colonos hacia el regreso no serían tomadas ni dañadas en su ausencia. Como nueva medida para paliar los inconvenientes causados por la retirada de tan grande número de gente, el virrey redujo  considerablemente  el trabajo requerido para quienes quedaban en el PRD, en el PAN, en el PT, en MC, en el PAC, en  fin…”

Los privilegios del retorno

Los jefes de las tribus que se fueron a colonizar el PAN y el PRD pidieron los siguientes privilegios, como recompensa de sus servicios en las alianzas de 1998, 2004 y 2010. Se discutió y firmaron los llamados privilegios del retorno.

Primero.- Que todos los que fuesen el día del descubrimiento de América con la intención de repoblar al PRI, sean ellos y sus descendientes, perpetuamente seleccionados como candidatos a los puestos de elección popular, libres de toda afiliación obligatoria y en ningún tiempo y por ninguna razón se les pueda reclamar lealtad al PRI. Ellos quedan libres para chapulinear o alambrear cuando quieran.

Segundo.- Que  donde hubieren de hacer sus asientos no los manden poblar, juntamente con los bebesaurios que se han incorporado al PRI, sino distintos, y de por sí, de suerte que pueblen unos seres de otros, sea con distinción de grupo, y prohibición a los bebesaurios para que no puedan tomar ni comprar candidaturas en donde ellos ya están asentados.

Tercero.- Que el repartimiento que se hiciere para los grupos que regresan al PRI, sean  apartados y distintos, de suerte que el de los dinosaurios esté de por sí garantizado a cuando menos el 50 por ciento de candidaturas locales y federales, los municipios, distritos locales y federales estén señalados a cada parte, sin que en ningún tiempo puedan los unos entrar en las pertenencias de los otros, en tierra de estancia, ni de otra razón ni causa.

Cuarto.- Que los plurinominales en ayuntamientos, Congreso local y federal, no se puedan dejar en manos de los bebesarurios, sino en las de los dinosaurios, que se recupere el sentido de que los viejos van a la lista, sólo los dionosaurios podrán ser ubicados en las listas nacionales y estatales.

Quinto.- Que no puedan entrar candidatos menores a las tierras del PAN, del PRD, del PT, de MC, del Panal, del PVEM si no son parte del grupo de la priáspora que mantendrán colonizados a los partidos políticos, a efecto de que haya lugar para que alcancen el sueño de ser representantes populares.

Sexto.- Que las candidaturas y lugares en los comités directivos estatales de todos los partidos colonizados, se los dieren y repartiesen a los de la priáspora, para que jamás les puedan quitar las tierras conquistadas y mantener la preferencia, que no se las puedan quitar por despobladas.

Séptimo.- Que en el mercadeo que han logrado con las tribus, los grupos y las familias, queden francos para ser utilizados con el partido y los colores que deseen, en principio para el PRI en las elecciones de 2015 y 2016, siempre y cuando  no se genere ningún criterio de imposición de candidaturas o no sean tomados en cuenta de acuerdo con su fuerza, su experiencia, su prestigio y sobre todo su antigüedad, además de que no les descuenten los años como militantes del PAN o del PRD porque nunca se afiliaron en esos partidos, es más en uno de ellos ni como simpatizantes los admitieron.

Octavo.- Que los de la priáspora y sus sucesores y descendientes, además de ser hijos de algo y libres de toda militancia, gocen de pensiones vitalicias, aquellos que fueron funcionarios de primer nivel, y que de aquí en adelante les concedan  exenciones y privilegios para dedicarse a los negocios derivados de las funciones públicas.

Noveno.- Que los principales que fueron del PRI vuelvan a ser reconocidos como tales y sus descendientes tengan derecho en las candidaturas en 2015 –por ejemplo quienes fueron  secretarios de Gobierno– y se les den todos los recursos para hacer campaña y por espacio de dos años les ayuden con todo lo necesario en caso de que no obtengan el triunfo, para resarcirse de los gastos.

Décimo.- Que se les dé carta y real provisión en que se manden guardar estas capitulaciones como convenga

Cuentan que el “El virrey –¿quién será el virrey?– no accedió a todas estas peticiones, pero sí convino en que los arrepentidos formaran parte de una asociación civil dentro del PRI bajo las iniciales del presidente de la República, EPN, con el lema: “Todos unidos hacemos la diferencia” y… que se les diera comida para los próximos dos años”.

A los priásporos se les informó que pasaban a ser parte de Emprendedores Por la Nación (EPN), organización nacida en 2011 al calor de la contienda electoral y que cuenta con delegaciones en todo el país y es una filial del PRI, cuyo capitán es José Martín García Estrada, persona con arraigo en el Estado de México.

También se les indicó que declaren que: “no tienen filiación partidista, pues sólo estarán encaminados únicamente a fomentar el desarrollo y conformar una red que anhela un México mejor, transparente, honesto, emprendedor y cuyo gobierno tenga como fin el bienestar social.”

Les explicaron que la ausencia de la dirigencia del PRI es para diferenciarlos claramente del nuevo PRI y que ellos son los defensores del nacionalismo revolucionario que no entienden los jovencitos de la socialdemocracia, mientras tanto sueñen con la candidatura al gobierno del estado.

Una nota al final del documento llama la atención: “Un elemento importante de este regreso, implícito pero no declarado en el acuerdo formal, es el aspecto de la protectoría. Todos los asistentes quedan bajo el amparo de los capitanes  así como los recién pacificados y ubicados perredistas y panistas. Y la protección general de las muy dispersas tribus, grupos y familias tlaxcaltecas será responsabilidad del primer justicia mayor…”