Otras democracias, otros gobernantes

A los que les gusta la plata hay que correrlos de la política, son un peligro.

José Mujica

 


Desde el último tercio del siglo pasado hasta nuestros días las políticas neoliberales (que para muchos no son nuevas ni liberales) se han expandido por todo el mundo. Su andamiaje se sustenta en eliminar la propiedad estatal y su papel regulador en la economía, dejando su funcionamiento al libre juego del mercado.

Con su achicamiento, el Estado se reduce a funciones administrativas, entre ellas el manejo del presupuesto, tarea nada despreciable por cierto. Eso explica el crecimiento de la alta burocracia y los descomunales sueldos y prestaciones asignados, en relación a los ingresos de la mayoría de la población asalariada. Y como los altos mandos de la burocracia disponen de un jugoso presupuesto, buena parte para obras y adquisiciones, amén de las relaciones propias del cargo, esos puestos son altamente codiciados.

De ahí la desbandada de empresarios hacia el sector público, cuyo nivel político se ha desplomado y las fortunas mal habidas se han incrementado. Los escándalos por corrupción se han convertido en parte del paisaje mediático y tienden a más.

La desmedida ambición de los metrosexuales y juniors que pululan en las altas esferas del poder, han provocado severas crisis en incontables países, cuyo costo es absorbido por los ciudadanos, adquiriendo una deuda impagable de la que no son responsables.

Por su parte, los defraudadores no solo viven impunes y felices, sino que siguen haciendo de las suyas. Véase si no el reciente caso español que ha conmocionado al mundo. Pero al revisar los resultados de la “operación púnica” que condujo al arresto de medio centenar de funcionarios públicos, y los datos del fraude, se cae en la cuenta de que para los políticos mexicanos aquello es un juego de principiantes.

El monto de los contratos asignados indebidamente, por ejemplo, asciende a 250 millones de euros, de los cuales, los funcionarios acusados cobraban entre 2 y el 3 por ciento de comisión. Ni para los chicles de cualquiera de nuestros próceres que se llevan entre 10 y el 15 por ciento. Acá no se andan con chiquitas, con la ventaja, además, de que nadie les revisa sus cuentas bancarias, ni se las embargan, y sus “propiedades” son intocables. Un país maravilloso.

Esa bacanal desenfrenada de fraudes y atracos, acompañada de una alta ineficiencia gubernamental, ha tenido altos costos políticos. La democracia y su credibilidad han caído de la gracia ciudadana. Cuya indignación se expresa de maneras diversas por todo el orbe.

Existen, sin embargo, algunos faros de esperanza. Hay otras democracias y otros gobernantes que reivindican con el ejemplo el valor de la política y la ética. El presidente uruguayo, José Mujica, se ha convertido en paradigma de esa otredad.

Carmen Aristegui se trasladó al “paisito” para entrevistarlo, con harta oportunidad considerando el cochinero político mexicano. La periodista fue informada de que, en lo que va de su gestión, el presidente Mujica ha concedido más de 200 entrevistas a medios extranjeros, lo que significa que el mundo está ávido de verdaderos estadistas y ven en él un ejemplo de honestidad y compromiso con su país, con su pueblo y con la comunidad internacional.

En una parte de la entrevista, Mujica dijo que no está “contra la gente a la que le gusta la plata y se vuelve loca por ella, pero en la política tenemos que separar. A los que les gusta mucho la plata hay que correrlos de la política, son un peligro”. Y aclaró que “eso no quiere decir que en la política no existan intereses, pero son intereses no materiales, son morales”.

Más adelante afirmó: “Soy un hombre muy rico, cuando salgo a la calle muchísima gente me da su amistad, su compañerismo, es la riqueza más grande que se puede tener. Es lo que a mí me motiva, no pretendo que otros piensen como yo, pero no puedo renunciar a esa manera de pensar, es consecuencia de un larguísimo viaje”. Cabe recordar que Mujica fue destacado miembro del Movimiento de Liberación Nacional–Tupamaros, uno de los grupos guerrilleros que combatió a la dictadura militar allá en los 60–70 del siglo pasado.

Y a propósito de la extraviada democracia, Mujica recordó que “las repúblicas vinieron al mundo para decirle no a la Monarquía y suscribir que los hombres somos iguales. Inventamos lo que llamamos democracia representativa, decimos que la mayoría es la que decide. Debemos vivir como vive la mayoría y no como vive la minoría. El presidente es un funcionario que eligió la gente para un momento y para una etapa, nadie es más que nadie”. Como si tuviera que justificarse por seguir viviendo en su modesta casa rural y sin la parafernalia de lujos y derroches que rodean a la gran mayoría de mandatarios de otros países.

Es esa sencillez, claridad y consecuencia la que asombra al mundo y lo ha convertido en un estadista reconocido, querido y admirado, sobre todo en momentos en que la avaricia prevalece en la clase política, incluida la izquierda que siempre representó un modelo alternativo revolucionario y hoy se confunde en el montón o ya de plano se integró al régimen empresarial.

Cheiser: El Frente Amplio (formación de izquierda uruguaya) logró por tercera vez consecutiva la mayoría parlamentaria, hecho inédito en la historia de Uruguay. Con 47% de los votos en la primera vuelta, su candidato, Tabaré Vázquez, va como favorito a la segunda. Esos resultados desmintieron a todas las encuestas, que habían pronosticado un triunfo de la derecha. ¿Por qué será que los medios y las encuestadoras siempre apuestan contra los candidatos de izquierda?