Clientes se quedaron encerrados en tiendas los días de los saqueos

“Ahí vienen”, fue el grito que despertó la paranoia en las calles del Centro Histórico de Puebla en la víspera del día de reyes. Como si estuvieran esperando ese llamado, los comercios bajaron sus cortinas en automático sin importar que ese jueves la gente estuviera adentro.

El grito acompañado de jóvenes corriendo fue la chispa que encendió el pánico entre los comerciantes que temían que se registrara un saqueo, como el que había sucedió minutos antes en la tienda de Bodega Aurrerá, de avenida 11 Sur y bulevar Las Torres, y que se viralizó en redes sociales.

Dentro de algunos comercios la paranoia se desbordó, empleados, dependientes y clientes habían quedado encerrados sin saber qué pasaba, como lo narró una mujer que dijo que hasta el día de hoy le dueles sus rodillas por los nervios que vivió.


La tarde de ese jueves María Carpinteiro acudió a las tiendas de la calle 5 de Mayo en el Centro de Puebla para comprar un pans para su hijo único. Caminaba por el pabellón comercial cuando vio la movilización de personas entre puestos, jardineras, vendedores de globos y uno que otro policía.

La inercia la hizo regresar a una tienda de ropa de la que había salido y en donde había cotizado precios. Apenas entró y la cortina del local bajó, guardias de seguridad privada dijeron que era mejor no salir y que tenían instrucciones de proteger la mercancía. Aunque no eran muchos los clientes que estaban junto con María dentro del almacén la crisis era generalizada. Los empleados sabían que algo podía pasar y se había comprobado con el saqueo de Aurrerá. Todos se volvieron uno al asomarse por las rendijas de la cortina de acero del local al intentar ver lo que estaban escuchando.

Pitidos de silbatos, tránsito, corretizas, ruido de bolsas, personas que decían “¡vámonos!”, al solo poder escuchar los que permanecían dentro se imaginaban lo peor, aunque no tenían claro qué.

Pasaban las 6 de la tarde y el barullo había disminuido, el policía del almacén abrió la cortina hasta la mitad y se inclinó para asomarse si afuera todo estaba bien. Parece que ya pueden salir, les dijo a los clientes.

María y los otros salieron para que el almacén volviera a cerrar.