Marcelo Ebrard fue la figura central; ya lo ven como futuro presidenciable

El acto estelar de la unción de Luis Miguel Barbosa Huerta como nuevo gobernador de Puebla, realizado en el Auditorio Metropolitano, sirvió de termómetro de los afectos de la nueva clase política en el poder, la de Morena, mejor conocida como la 4T. En ese ámbito la figura central, la más carismática, resultó ser el canciller Marcelo Ebrard Casaubón, a quien ayer activistas, empresarios y líderes partidistas no perdieron la oportunidad para buscar un acercamiento por una sencilla razón: muchos lo empiezan a ver como un futuro candidato presidencial.

De la misma manera, el acto sirvió para exhibir los resabios que quedaron frescos del último proceso electoral. La peor parte se la llevo el senador Alejandro Armenta Mier, quien es visto como “el enemigo dentro de casa”, como el político de Morena que buscó la derrota en las urnas de Luis Miguel Barbosa Huerta.

Armenta sufrió el ninguneo. Su nombre nunca ameritó la más mínima mención en los tres actos públicos del cambio de gobierno. Pocos fueron los morenistas que se le acercaron y la prensa poca atención le prestó. El legislador se le vio siempre esgrimiendo una sonrisa forzada y dejando ver que su presencia no armonizaba con el entusiasmo desbordado de muchos asistentes, que quizá tienen presentes los videos en los cuales el ex priista deseaba la pronta muerte del nuevo titular del Poder Ejecutivo.


Algo parecido ocurrió con el líder de los senadores morenistas Ricardo Monreal Ávila, un político que en pleno conflicto poselectoral de 2018 servía de enlace del exmandatario Rafael Moreno Valle Rosas con importantes figuras de Morena, para buscar que no avanzara el litigio en contra del fraude electoral de 2018.

Por eso cuando se escuchó su nombre por parte del maestro de ceremonias, únicamente sonaron unos tímidos aplausos a favor de Monreal.

Los únicos abucheos fueron para Carlos Puente, el líder nacional del PVEM, lo que puso de manifiesto que a los morenistas no les gusta su nuevo aliado: el Partido Verde Ecologista de México, la misma fuerza política que por muchos años fue rémora del PRI y aliado del morenovallismo.

Otro excluido de los afectos de los morenistas fue el legislador local José Juan Espinosa, quien cumplió con el acto protocolario del Congreso local, pero ya no apareció en el Auditorio Metropolitano. Fue la ausencia más notoria, junto con el legislador albiazul Oswaldo Jiménez, el último defensor del exgobernador José Antonio Gali Fayad, quien enfrenta un grave conflicto por el oscuro financiamiento público que recibió para la última edición de Smart City.

En contraparte, Marcelo Ebrard robó cámaras, aplausos, saludos, abrazos, intercambio de tarjetas. En torno a él, junto con el gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García, hubo tumultos, filas, para tomarse fotos, para estrechar su mano. Al primero lo ven –aunque sea prematuro– como el muy posible sucesor de Andrés Manuel López Obrador, tal como ocurrió hace algunos años en la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.

Quien demostró que Puebla es su bastión es Yeidckol Polevnsky, la presidente nacional de Morena, la invitada que más saludos, confidencias, fotografías y abrazos recibió.

Por lo menos se exhibió que a Puebla no ha llegado la confrontación que se vive en Morena por la disputa de la presidencia nacional del partido.

El duro diagnóstico de Paco Ignacio Taibo II de que Morena se convirtió en una agencia “buscachambas” con la dirigencia de Polevnsky, parece que no hizo mella en Puebla, pues ayer la dirigente fue apreciada como una parte esencial del triunfo de Morena, del nuevo gobernador Luis Miguel Barbosa Huerta.