Caso Puebla se usará para exigir que cesen las alianzas del PRD con el PAN

Contrario al discurso triunfalista de Eric Cotoñeto Carmona, el presidente estatal del PRD, quien sostiene que se tiene una balance positivo del partido en el actual proceso electoral, por lo menos cuatro expresiones nacionales del instituto del sol azteca están utilizando el caso de Puebla para pedir en el próximo Congreso Nacional perredista que cesen las alianzas con el PAN, ya que ha significado un fuerte retroceso para esta fuerza de izquierda.

Hace una semana el Comité Ejecutivo Nacional del PRD inició una evaluación de los resultados obtenidos en las votaciones de 14 estados del país. Como parte de esas discusiones –que serán llevadas en septiembre al Congreso Nacional– se ha expuesto el caso de Puebla como ejemplo de porque el partido no debe seguir haciendo alianzas con el PAN, puesto que se ayuda a ganar al segundo de estos partidos, pero ello no representa en términos reales un beneficio político–electoral para el instituto del sol azteca.

Entre los argumentos que se presentaron se expuso que desde el punto de vista pragmático o del manejo de la imagen, pareciera que el PRD poblano le fue mucho mejor que hace 3 años, pues con los resultados obtenidos pasará a gobernar de 21 a 24 alcaldías, y por primera vez en su historia tendrá 5 diputados locales, de los cuales son cuatro de mayoría y 1 plurinominal.


Sin embargo, en el análisis realista se ha expuesto que no son más de 10 los verdaderos militantes del PRD los que ganaron alguna alcaldía; el resto de los triunfos corresponden a candidatos a quienes se les postuló pero son ajenos a esta fuerza política. De hecho, varios de ellos en realidad son miembros del PAN.

Por tanto, desde la segunda perspectiva en realidad el PRD tuvo una reducción de 21 a menos de 10 alcaldías.

Lo mismo pasa con la diputaciones locales, ya que de los cinco candidatos que conseguirán una curul por haber sido postulados por el PRD, solamente dos son militantes perredistas: Socorro Quezada y Julián Rendón.

El resto son ajenos el PRD, como son Sara Chilaca e Ignacio Mier Bañuelos, quienes son de militancia priista, y Carlos Martínez Amador, quien es miembro del PAN, luego de que fue alcalde de Huauchinango y legislador local bajo las siglas del Revolucionario Institucional.

En particular la corriente Izquierda Democrática Nacional (IDN) presentó los argumentos de que en muchos municipios, pero sobre todo en Puebla, se desplazó a líderes regionales de las candidaturas a alcaldes para que esos espacios fueran ocupados principalmente por integrantes del PAN.

Es resultado de ese esquema, argumentó IDN, es que en términos reales el PRD no hizo campaña y quienes ganaron fueron los panistas. Esa situación está contribuyendo a la desfiguración del Partido de la Revolución Democrática como fuerza de izquierda.

Se sabe que las corrientes que, más o menos comparten esos mismos criterios presentados por IDN, se encuentra un sector de Nuevo Foro Sol, la expresión de Camilo Valenzuela y la del ex jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard Casaubón, quien ya mostró una distancia de apoyar las alianzas entre el PRD y el PAN, por lo cual se negó a venir a Puebla a dar su respaldo a Antonio Gali Fayad, quien ganó la alcaldía de la ciudad de Puebla.

La relevancia de que Izquierda Democrática Nacional –dirigida por René Bejarano y Dolores Padierna– y Marcelo Ebrard estén en contra de las alianzas del PRD con el PAN, es que ambas corrientes son las que tienen la mayor fuerza y organización para disputarle la presidencia del partido a la corriente Nueva Izquierda, la cual enfrenta una crisis de liderazgo –en la figura de Jesús Zambrano– por su excesivo entreguismo al PRI y al PAN, que se supone son las fuerzas antagónicas de la izquierda.

Más allá de las intrigas y confrontaciones que siempre existen en el PRD en cada proceso electoral, queda claro que si este partido no logra entrar en un proceso de autoanálisis y redefinición de sus estrategias electorales, está destinado a dejar de ser una de las principales fuerzas políticas del país, y que es una condición ya se observa con claridad en el estado de Puebla.

El PRD poblano achica su presencia en los gobiernos municipales en cada proceso electoral , no incide las decisiones del Poder Legislativo; no tiene trabajo de bases entre organizaciones populares, movimientos indígenas o luchas laborales; y se supone que es gobierno, ya que hace 3 años postuló a Rafael Moreno Valle Rosas como candidato a gobernador, pero en realidad el perredismo está excluido del Poder Ejecutivo.

Otra reflexión que es pertinente hacer es la siguiente:

Los últimos procesos electorales demostraron que el PRI perdió de manera muy rápida el llamado “efecto Enrique Peña Nieto”, puesto que perdió la imagen de que es una fuerza alterna frente a los malos gobiernos del PAN. Ese le provocó muchas dificultades para ganar en más de la mitad de los 14 estados en donde hubo comicios y en otros, como en Puebla, fue un factor para que el tricolor fuera derrotado.

También las últimas elecciones dejaron claro que el PAN sigue sufriendo la misma crisis que inició en 2009, en donde viene en caída libre en sus índices de votación, y que el partido desde 2010 está sometido al fenómeno de que si no va de la mano del PRD no puede ganar elecciones locales.

Y el PRD en estas elecciones demostró que no gana nada. El grueso de la verdadera militancia de izquierda está en el Movimiento de Regeneración Nacional, en el PT o el Partido Movimiento Ciudadano.

Dicha atomización de la izquierda plantea dos posibles escenarios: Uno la desaparición del PRD o que se fraccione tanto esta corriente ideológica y que quede fuera de todo triunfo electoral.

Es decir no hay un buen panorama para la izquierda. Y eso la culpa la tienen los actuales dirigentes del PRD.