En un libro hilvanan la importancia cultural de la vestimenta nahua de Cuetzalan y Tzicuilan

Las gasas. Arte textil nahua reúne a un grupo de investigadores sociales para ahondar sobre el trabajo textil, los huipiles y los quexquémetl de las mujeres en esta zona de la Sierra Norte de Puebla ■ Foto Abraham Paredes

Cuetzalan y su junta auxiliar San Andrés Tzicuilan son las hebras de un libro que va hilvanando la importancia de un aspecto esencial de las culturas indígenas y mestizas: la vestimenta, y el papel que esta juega en la cultura, la identidad y la historia. Particularmente, deja ver la forma en que las mujeres participan y son protagonistas del proceso desde tiempos mesoamericanos al presente, cuando su labor considerada artesanal es reconocida y galardonada.

Se trata del volumen Las gasas. Arte textil nahua, que reúne a un grupo de investigadores sociales –Carlos Heiras Rodríguez, Libertad Mora Martínez y Alberto Diez Barroso Repizo–, para ahondar sobre el trabajo textil, los huipiles y los quexquémetl de las mujeres en esta zona de la Sierra Norte de Puebla.

El texto editado en 2016 por la Dirección General de Culturas Populares, Indígenas y Urbanas se encuentra disponible para su descarga gratuita en https://contigoenladistancia.cultura.gob.mx/, como parte de la campaña cultural emprendida por la Secretaría de Cultura federal ante la emergencia sanitaria causada por el Covid–19.


Integrado por cinco apartados, el libro abre con el texto In quechquemitl in cihuatl, la mujer y el vestido terminado en punta del arqueólogo Alberto Diez Barroso en el que distingue que en la iconografía del México prehispánico “es posible observar diversos tipos de prendas femeninas, la mayoría de las cuales persisten aún entre las poblaciones originarias…, compuesto por la cueitl, ‘falda’, el huipilli, ‘camisola’, la faja, el quechquemitl, ‘la cuellera terminada en punta’ y la toca, esta última consistente en una especie de manta o capa que se coloca en la cabeza, precisamente a manera de ‘tocado’”.

Señala también que “si bien el uso de este atuendo completo no se observa representado sino

hasta el periodo Clásico”, es en los inicios de las sociedades mesoamericanas cuando surgieron dos de las prendas antes mencionadas: la toca y la enagua.

Continúa que para el periodo Preclásico Medio representaciones femeninas portan nahuas, sin ningún otro atuendo, como ocurre en la cultura Olmeca y del Occidente; mientras que en el Preclásico Tardío no hay asociación de otra prenda en la Cuenca de México y en Occidente; y a finales del Preclásico Tardío las representaciones de estas dos prendas se encuentran también en la región de Oaxaca y el Norte de Veracruz.

Diez Barroso complementa que es hasta comienzos del Periodo Clásico que al atuendo se suma el huipilli, cuyo uso se extendió por la mayor parte de Mesoamérica, predominando en el área maya. Completa que “ya en el Posclásico Tardío las representaciones del atuendo femenino en el Altiplano Central y en la región mixteca están compuestas por sandalias, cueitl, faja, quechquemitl y tocado”.

Sobre la junta auxiliar de San Andrés Zicuilan, la antropóloga Libertad Mora recupera un testimonio de una lugareña, que indica que “Tzicuilan se llama así desde que inició el pueblo, se sabe que este y Tzinacapan son de los más viejos del municipio (de Cuetzalan), a la par que su traducción correcta sería lugar del brinco pues se sabe que antes para poder llegar se tenía que brincar una piedra, y aquello de “San Andrés” fue el nombre que le agregaron a partir de la visita de Fray Andrés de Olmos a la comunidad”.

En el texto San Andrés Tzicuilan: Pueblos nahuas de tejedoras, la investigadora apunta que “la gama artesanal es amplia y con gran difusión estatal” e incluso algunos de los trabajos elaborados por estas comunidades han recibido premios estatales y nacionales en la categoría de mejores piezas de arte popular.

Puntualiza que en la sierra de Puebla sólo la artesanía de dos municipios ha sido galardonada: la de Pahuatlán y Cuetzalan en el oriente; siendo San Andrés Tzicuilan la privilegiada. “De éstas participan sobre todo las mujeres, tanto adultas como jóvenes, y lo hacen en forma individual o colectiva”.

Precisa que, en el telar de cintura, se tejen el huipil, uipil o quechquémitl; las mañanitas o capas, que se elaboran para satisfacer la demanda de turistas que buscan textiles elaborados en telar de cintura y característicos de la zona; así como los rebozos, bufandas y diademas que no son para el comercio interno, sino para los turistas que llegan al municipio.

Luego, en el texto La vestimenta nahua de Cuetzalan y los huipiles de Tzicuilan, Mora y Carlos Guadalupe Heiras apuntan que los huipiles se confeccionan con unas hermosas telas de apariencia ligera y transparente, cuyo tejido suele ser reconocido como gasa, pero que es en realidad la reunión de varias técnicas distintas entre las cuales, si bien la gasa es emblemática, constituye sólo una de las varias utilizadas.

“Las mujeres maseualmej (maseualsiuamej) visten estos huipiles ostentando su belleza: los utilizan a diario y los consideran dignos de ser vestidos por las vírgenes” que se hayan dentro de las iglesias.

Asimismo, que “el uso de esta prenda, cuyo tejido es particularmente laborioso y complicado, es muestra de la intención deliberada de las maseualsiuamej cuetzaltecas de reproducir los saberes que heredaron de sus madres y abuelas. A diferencia de otras prendas tejidas a mano que han caído en desuso en el curso del siglo XX, los huipiles elaborados por las manos hábiles de las maseulasiuamej gozan de una enorme vitalidad ya bien entrado el siglo XXI, y constituyen una de las muchas participaciones –quizá la más bella– del trabajo nahua”.