Embestida internacional

México está entre los últimos lugares en desigualdad social y económica del mundo, en gran medida es resultado de seguir a pie juntillas las recetas del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Gracias a ellos nuestro país cuenta con menos activos para la promoción del desarrollo nacional. No conformes, ahora en el marco del proceso electoral, se han decantado por la continuidad y la profundización de las reformas, pero a pesar de su embestida, la mayoría de los mexicanos, según los estudios demoscópicos, prefiere el cambio y de lograrse seguramente habrá una nueva relación menos desigual, menos de subordinación y más en defensa de la soberanía nacional ante esos organismos. De eso se trata en gran medida la elección del 1 de julio, de cambiar la receta, sin que haya inestabilidad, ¿es posible?, veamos.

El FMI, el BM y la OCDDE son organismos multinacionales leales al capital industrial y financiero, estos han jugado un papel protagónico en la promoción de las reformas económicas, educativas, de salud, energéticas, laborales, entre otras, que se han aplicado en nuestro país desde hace tres décadas. Los resultados están a la vista: casi 50 por ciento de la población vive en la pobreza; salarios deprimidos con una pérdida de poder de compra cuyo deterioro no permite ni siquiera cubrir la canasta básica; niveles educativos vergonzosos, estamos reprobados; servicios de salud lamentables tanto en cobertura como en prevención, sin incluir la falta de médicos, enfermeras, medicamentos; precios de los energéticos por las nubes, recientemente el gasolinazo, aumento en el precio del gas doméstico; la corrupción a tope que ha favorecido la concesión de áreas estratégicas para, por ejemplo, la conectividad, el caso de las autopistas refleja el entreguismo; crecimiento exponencial de la deuda externa e interna, el saqueo está en el pago de la deuda, sea para cubrir la tasa de interés o amortización de la deuda; el sector agrícola con un abandono de políticas compensatorias que produjo una pérdida de la soberanía alimentaria; la ausencia de una política industrial que permita la innovación y generación de conocimiento para apuntalar la producción nacional, en efecto ocupamos el séptimo lugar en la producción de automóviles en el mundo, pero al menos el 70 por ciento de un auto producido es solo ensamblado, somos, por decir lo menos, el séptimo país maquilador en el sector automotriz, en general seguimos maquilando sin proyecto industrial.

Los propios indicadores de la OCDE confirman que estamos en los últimos lugares de los países que la integran, estamos muy lejos de lograr un mayor crecimiento económico y más lejos de tener indicadores de desarrollo iguales o superiores a los países ricos. Hasta en materia de discriminación, seguridad y defensa de los derechos humanos estamos en los peores lugares. De hecho, los datos han sido ocupados para que los ejecutivos y especialistas de esos organismo nos insistan en que debemos profundizar el alcance de las reformas y que si lo hacemos podremos generar las bases para alcanzar el desarrollo; sin embargo, el dato objetivo es que las reformas no han hecho más que agudizar nuestras diferencias con los países ricos e industrializados. En ese sentido, más que la embestida y el apoyo al candidato de la continuidad, los organismos internacionales deberían darnos explicaciones serías, responsables sobre por qué a pesar de que nuestros gobiernos entreguistas han seguido sus recetas, a más de tres décadas tenemos un desempeño económico mediocre, que en promedio registramos tasas de crecimiento del 2.3 por ciento y la pobreza permanece igual que la registrada en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, que la educación sigue siendo una gran deuda y que hoy la mayoría de los empleos que se generan son sin derechos laborales. Quien debería dar una explicación debería ser el presidente de la OCDE, José Ángel Gurria, sobre por qué México sigue estancado, más que pedirnos profundizar, se le debe exigir una explicación de por qué tenemos tan pobres resultados. Antes de decirnos que los modelos del pasado son una regresión, deberían decirnos por qué se sigue impulsando una economía de mercado basada en postulados de los siglos XVIII y XIX, el libre mercado y el comercio internacional tienen más de tres siglos de existencia y como lo indica la historia económica, éstos son los más regresivos.


Durante las próximas semanas seremos testigos de una embestida mediática sin precedentes, el capital financiero hará lo propio para incidir en la elección; sin embargo, los propio datos de esos organismo son el mejor antídoto para nulificar su presencia. Estos organismos no quieren el cambio porque seguramente el nuevo arreglo institucional acabará con gran parte del saqueo. De hecho, podrán decir misa y generar incertidumbre, pero millones de mexicanos están cansados de escuchar que la continuidad nos llevará al desarrollo, así lo han dicho cada sexenio. Nos han visto la cara, ¿usted quiere que se la sigan viendo?

Entre tanto, 69, número por demás sugerente, es el número de días que faltan para la jornada electoral, ¿usted qué prefiere, lo tradicional o cambiar para diversificar? Ver para creer.