Sin dar a conocer su precio de montaje en Puebla, abre Leonardo Da Vinci, el rostro de un genio

Como sucedió en las anteriores Tutankamón y Miguel Ángel, la exposición que preparó el Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla (IMACP) en torno a una sola pieza del pintor renacentista Leonardo Da Vinci (1452–1519) también omite el costo de su montaje en Puebla, “la única ciudad en América” que alojará y exhibirá el autorretrato titulado La Tavola Lucana.

La estancia en Puebla de este autorretrato del cual “siempre existirán críticas y dudas” de su autenticidad, como dijo el historiador del arte Nicola Barbatelli, se da gracias a los “sponsors”, es decir, a los patrocinadores gubernamentales y de índole privado que apoyan el montaje instalado en la Galería de arte del Palacio Municipal. En este caso, el ayuntamiento capitalino, una serie de empresas locales y la 212 Productions, representante en México de Fenice Company Ideas.

Durante una conferencia de medios presidida por Anel Nochebuena, titular del IMACP que regresó tras dos meses de licencia para buscar una diputación local por el Partido Social de Integración, algo que no logró y la lleva a estar de vuelta para dirigir la transición cultural con el gobierno electo, fue presentada esta exposición “didáctica con valor estético e histórico”, que tendrá un costo de entrada general de 65 pesos.


Titulada Leonardo Da Vinci, el rostro de un genio, la muestra tiene como centro el autorretrato La Tavola Lucana, y en torno suyo giran una serie de explicaciones en video, pantallas interactivas, recreaciones y otros aparatos lúdicos no presentados a los medios de comunicación.

Alrededor de La Tavola Lucana, explicó Nicola Barbatelli, director científico de la investigación realizada sobre la obra, se teje una historia que comenzó en 2008 cuando le mostraron unas “nuevas pinturas” reconociendo, en una de ellas a Da Vinci, su “cualidad y técnicas extraordinarias”.

Dicha pieza, contó el historiador del arte, se ha visto envuelta en una serie de cuestionamientos e investigaciones debido a que el retrato “no se quiso atribuir a Leonardo y todavía no se le atribuye como tal”, pues tiene ciertas características que llevan a preguntarse “cómo es posible que el maestro hiciera algo malhecho”. En ella, aparece un hombre con hombros que no tienen la misma altura, y que justifica dicho eje cuando se le mira, pues “da la sensación que se mueve” con el espectador. De igual forma, está hecho a la témpera grasosa –con base en huevo– que el artista renacentista “aprendió en su primera etapa de estudiante” y difiere a su técnica usual: el óleo. No obstante, Barbatelli dijo que estudios de Carbono 14 demuestran que corresponde al periodo comprendido entre 1474 y 1505, a la par de que el estudio de los pigmentos arrojó que son los usados por Da Vinci, pues “no son de Rafael ni de sus contemporáneos”.

“Nosotros los historiadores del arte nos preguntamos nuestra pregunta más grande que es la duda; por ella reconocemos a Leonardo en la pintura” dijo Nicola Barbatelli y agregó que se trata de una obra que da cuenta de “un genio diferente” y que se reconoce original por “el rostro y la técnica aunque no tenga equilibrio”.