Sí, pero no al rescate del centro histórico de Tlaxcala

Sí, pero no al rescate del centro histórico de Tlaxcala. Ante empresarios del sector de alimentos, bebidas y tabacos el gobierno del estado presenta proyecto y obtiene aprobación. El presidente municipal declara no conocerlo. La delegación del INAH informa que no ha autorizado. El presidente de la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo (CANACO-Servytur) advierte pérdidas.

Acompañado de los secretarios de Obras Públicas y Desarrollo Urbano, y de Turismo y Desarrollo Económico, el gobernador se reúne en Palacio de Gobierno con 22 prestadores de servicios del centro de la ciudad de Tlaxcala. Les presenta el proyecto de remodelación del centro histórico.

Ante la multiplicidad de actores, la decisión del Poder Ejecutivo difícilmente podrá concretarse en el tiempo ofrecido (agosto-diciembre). Han pasado tres meses y no hay avance. La coyuntura política no ayuda. El edil que se va tiene muchos problemas y no quiere uno más. La presidenta electa no se ha expresado ni a favor ni en contra.


El rumor y el chisme ha sustituido la falta de información. Los habitantes del centro de la ciudad han reaccionado en contra afirmado que cada nueva administración municipal rescata el centro histórico. Las obras siempre son las mismas: guarniciones, banquetas y luminarias.

La inconformidad crece. Los habitantes y comerciantes que no fueron convocados a la presentación del proyecto ejecutivo, demandan ser tomados en cuenta. El rescate del centro histórico, hasta ahora, es excelente ejemplo de la filosofía tlaxcalteca del sí, pero no.

Al rescate de la riqueza histórica y la belleza arquitectónica

El director de Desarrollo Urbano y Vivienda de la Secoduvi presenta el proyecto en que destaca: 1) La disminución del arroyo vehicular para aumentar áreas peatonales y aminorar ocupación de vehículos de la plaza. 2) La ampliación del área para colocación de mesas de los negocios en los portales grande y chico. Y 3) El rescate de las fuentes, el quiosco, la recuperación de jardinería y la sustitución del piso de la plancha del zócalo.

La intención del proyecto es ganar espacio para las personas y convertir el zócalo en amigable para el turismo. Se trata de estimular mayor permanencia del visitante que no se queda más de día y medio.

Después de escuchar el proyecto, todos los asistentes lo aprueban. La ejecución del proyecto propone realizarse entre agosto y diciembre de 2016.

Ausentes de la reunión, el presidente municipal de Tlaxcala y el presidente de la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo (CANACO-Servytur). El primero declara no conocer el proyecto y advierte: “Hay algunas personas que no están muy de acuerdo, … primero hay que conocerlo, hay que saber el proyecto, para que una vez que lo tengamos podamos valorar la propuesta del mismo y la opinión no solamente de todos los comerciantes, sino de toda la población de los habitantes del centro, poner una ponderación que pueda tener este proyecto, sería aventurado hablar, primero hay que tener el proyecto para saber”.

El segundo: “Nosotros estimamos que esto nos podría dejar pérdidas de hasta un 70 por ciento, e incluso hasta el cierre de algunos negocios, por lo que en un corto plazo generaría un impacto negativo en nuestros comercios; sin embargo, también será de mucho beneficio a mediano y largo plazo, porque los que en un inicio nos veremos afectados, seremos los directamente beneficiados con estas acciones”.

La historia y la cultura como atractivo turístico

En el evento se anuncia que el proyecto cuenta con autorización del Instituto Nacional de Antropología e Historia: Un mes después –agosto-, el delegado declara: “En este momento el proyecto está en revisión, siempre es importante hacer trabajos de rehabilitación, pero el INAH se interesa porque sea un trabajo sutil de intervención que mantenga los valores históricos del espacio urbano, a lo cual participan de manera muy conveniente las autoridades estatales sumándose a las recomendaciones que se están haciendo y en su momento se dará a conocer cómo va a quedar el alcance de la intervención”.

A finales de la década de los 80s, el gobierno del municipio, primero, y después el gobierno del estado rescatan el centro histórico de Tlaxcala con el propósito de que historia y cultura local sean utilizadas como punta de lanza para la atracción del turismo extranjero y nacional, en ese orden.

La vida de la capital se concentra en las oficinas públicas. La actividad se registra entre las 8 de la mañana y 6 de la tarde. A partir de las 7 de la noche no hay transporte público urbano. La ciudad se queda “sólida”. El primer cuadro registra activa vida nocturna amenizada por bares y prostíbulos de medio pelo.

El edil de Tlaxcala comienza por la plaza de toros. El coso más antiguo se había convertido en estacionamiento y depósito temporal de camiones de la basura. La constructora trabaja hasta dejarlo como “tacita”, rechinando de limpia. El cambio de gobierno local en 1980 asume el turismo como prioridad para el desarrollo económico.

Las construcciones del centro histórico eran ocupadas como vivienda multifamiliar. Tras las fachadas coloniales se encontraban hacinadas una gran cantidad de familias tlaxcaltecas. El corazón de la ciudad palpitaba a través de sus vecindades. El gobernador decide expropiar o comprarlas.

Hacer navegable el Zahuapan

El rescate es parte de un proyecto más amplio en el que se incluye hacer navegable el río Zahuapan. Se construyen los muros de contención y se adoquina la rivera. El mercado municipal que se localiza en la parte trasera de la iglesia de San José es desplazado hacia la orilla de la ciudad. Se ordena homogeneizar la imagen urbana con “los colores de Tlaxcala”, que bajo el pretexto de ser resultado de investigación es una propuesta personal del edil capitalino.

Los gobiernos que se suceden entre 1992 y las alternancias poco hacen para consolidar el proyecto, aunque realizan acciones marginales, hasta que resurge la idea de rescatar los centros históricos, como un mecanismo para revitalizar el turismo internacional. Aunque los extranjeros nunca llegan.

La globalización hace que en América Latina y en México se considere que una de las formas de participar desde lo local es la historia y la cultura. La atracción está determinada por la particularidad que registra cada uno de los pueblos prehispánicos y centros coloniales. De ahí que inviertan en el rescate de los centros históricos.

La multiplicidad de actores que pueden convertir el rescate en un problema maldito

La idea del rescate del centro histórico es una buena propuesta, sobre todo porque la inversión correrá totalmente a cargo del gobierno del estado, sin embargo, una decisión planeada desde la cúspide del poder puede que a corto plazo concite rechazo.

Lo primero que destaca en el proyecto son los actores: De entrada, solo participan dos de ellos: el gobierno del estado y los empresarios del sector de bebidas, alimentos y tabaco. Quedan excluidos la presidencia municipal, los comerciantes y sobre todo los habitantes de la capital.

El proyecto se topa con un primer obstáculo, la falta de autorización del Instituto Nacional de Antropología e Historia ya que se presenta sin que éste lo conozca. En septiembre cae una tromba que inunda la capital, lo que es aprovechado por el INAH para señalar la necesidad de “evitar” la humedad del centro histórico. La gran obra de drenaje pluvial no funciona.

Varios de los actores que en principio están de acuerdo en el rescate consideran que a largo plazo les beneficia, conforme pasan los días van expresando su rechazo. El desconocimiento del proyecto provoca dudas. El comercio informal se pone nervioso porque no fue invitado y demanda ser tomado en cuenta.

Las elecciones provocan un cambio de gobierno. El presidente municipal saliente se muestra reservado con la obra. Reclama su presentación bajo el principio que es el cabildo quien debe autorizarla. A tres meses del cambio, las autoridades electas no se han expresado al respecto.

Sí, pero no al rescate del centro histórico de Tlaxcala

Los involucrados tienen clara la solución: el rescate del centro histórico. Lo que no saben es cuál es el problema. Lo que traducen como el tiempo requerido para hacerlo. Comienzan a expresar sus dudas por la forma en que afecta sus ventas. Durante todo ese tiempo en lugar de atracción será de rechazo al turismo.

A través del rumor y el chisme la población, sobre todo quienes habitan en el centro de la ciudad señalan “otra vez” van a rescatar “el centro histórico”. Hace menos de un año lo hicieron. Están molestos porque las obras alteran su vida y no hay quien les diga qué se va a hacer, en cuánto tiempo y cómo van a ordenar el acceso a sus hogares. En el último de los casos, dicen, está bien que hagan obras, pero que vayan hacerlo en los pueblos que más lo necesitan. ¡No en Tlaxcala!