Libertad y democracia sindical

Hace unos meses, el Comité Ejecutivo del Sindicato 7 de Mayo celebraba su hegemonía al imponer a los integrantes del Comité de Vigilancia en un proceso viciado por prácticas políticas autoritarias. El resultado de ese entonces vislumbraba que no había ninguna posibilidad para la alternancia en la dirigencia sindical; sin embargo, el escenario oscuro y antidemocrático ha cambiado, por primera vez en la época reciente de ese gremio, la gran mayoría de los trabajadores ha expresado de la mejor manera su hastío por la actual dirigencia, en un acto de rebeldía y aire democrático de un plumazo se cerró la puerta a la reelección de la actual líder. No conformes, los militantes enterraron posibles candidaturas para la dirigencia y abrieron la puerta para que la sucesión que será este año adquiera tintes de libertad, competencia, pluralidad, alternancia y democracia. No se necesitó más de algunas horas para escribir una nueva historia sindical y dejar atrás las prácticas políticas autoritarias del grupo que había hecho del sindicato su patrimonio familiar.

La historia reciente del Sindicato 7 de Mayo se había caracterizado por el control político de una familia que bajo el pretexto de que la unidad hace la fuerza, había establecido una serie de estrategias de control corporativo  sobre la base, mismas que consistían en limitar la participación y libertad política para con ello mantener y consolidar al grupo hegemónico; intimidar al trabajador a través de suspender, retirar o cancelar la plaza; sancionar a los militantes por no acudir a los llamados de movilización para defender los supuestos derechos de los mismos; promover abiertamente la desobediencia del trabajador con su patrón en todos los niveles de la administración pública estatal y municipal como una medida de presión para que los gobiernos aceptaran las demandas del sindicato; el extremo fue asegurar movilizaciones, plantones, usos de lonas, calcomanías y otros suvenires para mostrar el músculo. A ello se añadía la intriga, la manipulación, el rumor y la sospecha que, a la vez, mostraba la lealtad al grupo y promovía la confrontación entre los trabajadores, se aplicaba una de las reglas de oro de cualquier régimen autoritario: sumar y dividir, en el uso abusivo del poder se ocupó la ignorancia de muchos de los trabajadores para sacar ventaja, de hecho fue común que se ocuparan las reuniones sindicales para abiertamente condenar al gobierno y a los pocos trabajadores que pensaban y actuaban de manera independiente. Hay varias historias que mostraron que la democracia directa es una arma de doble filo y puede ser utilizada para manipular a los trabajadores y obtener de ella el aval para la arbitrariedad, no en pocos casos en esas reuniones se votaban decisiones para mantener la confrontación con el Poder Ejecutivo estatal o bien para avalar sanciones a los trabajadores por no acudir a marchas y plantones o bien para agredir y suspender de sus derechos a las minorías opositoras al grupo familiar.

Aprovechando la nula existencia del voto libre y secreto, el Comité Ejecutivo mantuvo el poder y la hegemonía por al menos una década, misma que pensaba extender, como los pulpos, en los próximos años.


Sin embargo, todo indica que el reinado ha entrado en terapia intensiva, en fase terminal, por fin la base militante del sindicato despertó del letargo provocado por la intimidación y éste dio muestras que es posible cambiar, de hecho resulta curioso que la unidad y fuerza que fue el principal motor para el control corporativo y hegemónico de la familia que se enquistó en el poder del gremio, sea la misma unidad que aglutinada diera el más grande grito de no a la reelección, la misma que abucheó a los miembros del Comité Ejecutivo y que ni siquiera permitió que la actual líder ocupará un puesto directivo en algunas de las actividades de prevención contra las adicciones que ha puesto en marcha el sindicato una vez que termine su periodo.

La misma masa de trabajadores se fajó en el ring y evitó más sanciones para aquellos trabajadores que se oponen al régimen autoritario.

Es de esperarse una reacción intimidatoria de parte de la familia sindical, pero la base trabajadora tuvo que haber aprendido que la unión hace la fuerza y que a pesar de los posibles actos de represión que se quieran aplicar, quedarán sin efecto si mantiene la unidad, el coraje, la fuerza y la valentía para enfrentar la maquinaria manipuladora y corporativa del actual Comité Ejecutivo del Sindicato 7 de Mayo. La experiencia de la caída de la dictadura de Franco en España, puede ser un incentivo de que es posible darle un giro al sindicato; en el caso del país ibérico, en pocos días cambiaron de régimen, acabaron con el conservadurismo de esa región del mundo e instalaron para el bien de los españoles un régimen democrático que promueve sobre todo el pleno ejercicio de la libertad. Ver para creer.