Esfuerzo entre mujeres

En 2014, ONU Mujeres reconoció, en la reforma política–electoral, que elevó a rango constitucional la garantía de la paridad entre mujeres y hombres, “un avance hacia una sociedad más justa, incluyente y democrática”. A cuatro años de distancia, es pertinente vislumbrar los retos que aún enfrentan las mujeres y hacer exigible a los partidos políticos que el principio de paridad permita el ascenso real a puestos de poder, de quienes cuentan con liderazgo, trayectoria y experiencia. Una representación femenina digna es necesaria si, verdaderamente, se trata de impulsar y afianzar la igualdad sustantiva y el pleno ejercicio de los derechos de las mujeres.

En el discurso, el compromiso de los institutos políticos por la paridad es un espejismo firme; sin embargo, en los hechos, las dificultades y piedras en el camino se traducen en discriminación, violencia y descalificación que se enfrasca en tal perversidad, que aun contando con perfiles fuertes se sigue apostando a posicionar a aquellos faltos de ideas y trabajo, pero llenos de sumisión e insuficiencia.

En este 2018, prácticamente los temas de género y no violencia contra las mujeres han estado presentes en las campañas de las y los candidatos y en la propaganda de los partidos políticos, y si bien esto es importante, debemos analizarlos y exhibir sus deficiencias, tendiendo puentes de diálogo, sin renunciar a una visión crítica y exigente con quienes están en buscan del voto.


Con las serias problemáticas de injusticia, desigualdad y violencia de género es fundamental sumar esfuerzos y construir en las diferencias, por lo que se esperaría que las mujeres candidatas, sin importar colores, generaran puntos de encuentro con la ciudadanía y entre ellas; por ejemplo, trabajar decididamente en construir agendas que cierren las brechas de desigualdad entre mujeres y hombres y rompan los esquemas que toleran y alientan la inequidad y las relaciones abusivas. En palabras de la ex senadora Claudia Corichi: “La sociedad se enfrenta a un gran reto: el que las mujeres sean reconocidas entre sí de que son líderes. Cambios de conciencia, de organización, de cultura. No sólo depende de la reforma electoral. Es un esfuerzo también entre las mujeres: sus valores como persona”.