Deja vu

Despatrimonializar el concepto de autonomía que tenemos los mexicanos desde la irrupción del Movimiento Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) es imperante, así como replantear los escenarios para resarcir, renovar las posiciones de la izquierda y actualizarlas a los tiempos.

No es un secreto que durante las últimas cuatro décadas en las que ha imperado el neoliberalismo político, la izquierda en México o las izquierdas se han fragmentado, desconfigurado y algunas han desaparecido. El escenario de la democracia neoliberal articuló una participación social fragmentada, particularmente aquella que era representada por la sociedad civil y las organizaciones no gubernamentales.

Estas organizaciones acogieron a múltiples actores y ciertos intelectuales de la izquierda mexicana. Algunos otros se mantuvieron aportando ideas a las izquierdas partidistas y otros más se confinaron a sobrevivir evocando sus mejores tiempos y a elaborar memorias privadas de su peregrinar por la historia política del país.


El triunfo alcanzado por Obrador a través de la plataforma partidista de Morena y un complejo y ampliado movimiento social, ha reconfigurado, en pocos días, el escenario político y social del país. La abrumadora mayoría obtenida ha conformado una realidad política y social un tanto delicada por la naturaleza de su configuración. Pero no sólo el tema de la mayoría es lo que merece atención, es el discurso de Obrador y el aparente acomodo del sistema político.

El discurso de Obrador carece de una reflexión de segundo orden, en su discurso no se ve la influencia o consejería de algún docto intelectual que fomente el uso adecuado de los conceptos y términos. Obrador ha centrado la acción política en la palabra Estado. Casualmente, él está en el centro del Estado. Obrador ha incurrido en un exceso en el uso del YO, él es el presidente electo, por ende, es el Estado. En resumidas cuentas, todo lo que compete al Estado, de sus instituciones y dependencias a nivel nacional debe pasar, tener el visto bueno del hombre que jefatura el Estado.

Este descuido en los términos deja ver una profunda intención de centralizar las decisiones del Estado, de conformar un sistema político centralizador, vertical y personalista. El presidente electo parece ya abrogarse la capacidad de la decisión última, cual soberano descrito por Carl Schmitt. El acomodo del sistema político según lo ahora mostrado por Obrador es un deja vu de aquel sistema político hegemónico y sin contrapesos del PRI que durante años amalgamó la mayoría de demandas y se posicionó en el centro y derecha del espectro ideológico.

El sistema político de Morena en el poder parece inclinarse hacia el centro–derecha y todo apunta sostendrá una hibridación de sistema neoliberal con tintes de socialdemocracia. Ello ha disipado las dudas de muchos de los intelectuales y comunicadores que lo habían catalogado como un régimen populista o de izquierda. Pero sigue persistiendo mediáticamente la idea de que el nuevo régimen pretende humanizar el neoliberalismo a través de una intervención directa del Estado.

Ante este escenario se pueden percibir múltiples vacíos, entre ellos la ausencia de una posición de derecha política, la cual, históricamente, ha mostrado tener una ágil capacidad de organización, ya que opera y depende de mecanismos articuladores muy fuertes, como la religión, la identidad política y de clase.

Se percibe la ausencia de un contrapeso de alguna corriente política que gravite en el centro, que dispute por la agenda de la clase media y media baja. Pero, sobre todo, se nota un enorme hueco de la izquierda política. Este escenario es otro deja vu que invita a revivir la etapa política de Arnoldo Martínez Verdugo. El contrapeso de este gobierno debe emerger desde la izquierda política. Para ello, es urgente despatrimonializar el concepto de autonomía que de ella tenemos los mexicanos desde la irrupción del Movimiento Zapatista de Liberación Nacional, pensar en la autonomía política para la izquierda.

La unidad de la diversidad, la renovación y actualización de las posiciones de izquierda a los tiempos, es urgente. La izquierda tiene que dialogar y consensar, ya que de ahí se tejerán los contrapesos y los nuevos horizontes. En esta nueva izquierda deben confluir intelectuales, personalidades de la cultura, activistas sociales, activistas políticos, comunicadores, académicos y colectivos diversos.

Estos son actores fundamentales para construir la autonomía colectiva, una autonomía que se apropie del diálogo, de lo político y de la política. Esta autonomía debe ser la base que permita la consolidación de una izquierda maximalista, Syriza y Podemos, podrían ser un buen modelo.