Ante la pederastia: Iglesia o Estado a conveniencia

Carlos Martínez García
La suya es una voz autorizada en la denuncia de los abusos sexuales perpetrados por clérigos católicos en México. El ex sacerdote Alberto Athié Gallo tiene más de dos décadas acompañando pastoralmente y en sus denuncias penales a las víctimas de la depredación sexual clerical.

En la entrevista que tuvo Blanche Petrich con Alberto Athié, la experimentada reportera sintetiza las respuestas que le dio el interrogado sobre si hay actitud y decisiones distintas respecto de la pederastia clerical en el régimen del papa Francisco: “Ni el Vaticano ni el pontífice argentino han marcado la más mínima diferencia respecto de las políticas de encubrimiento e impunidad de sus antecesores”. Sin duda es una conclusión dura y contraria a la imagen que ha ido construyendo Francisco de sí mismo, con la eficaz ayuda de su equipo de prensa.

El caso más prolongado en el tiempo de abuso sexual cometido contra niños y adolescentes en nuestro país ha sido el del fundador de los legionarios de Cristo, Marcial Maciel Degollado. El entonces sacerdote católico Alberto Athié tuvo conocimiento de la conducta delincuencial de Maciel un mediodía de diciembre de 1994, poco antes de Navidad, cuando un anciano y muy enfermo Juan Manuel Fernández Amenábar, ex sacerdote, ex fundador del Colegio Cumbres y del Colegio Irlandés y ex rector de la Universidad Anáhuac, instituciones joyas del sistema escolar de los legionarios, le confió cómo en el noviciado fue sujeto a todo tipo de perversiones sexuales que le imponía Maciel y las estratagemas a las que recurría el legionario mayor para obtener morfina o sus derivados para drogarse.

Los pormenores de todo esto, y su decisión de involucrarse para que las víctimas de Marcial Maciel obtuvieran justicia, los ha dejado por escrito Athié Gallo en el capítulo Perdono pero pido justicia, contenido en La voluntad de no saber, lo que sí se conocía sobre Maciel en los archivos secretos del Vaticano desde 1944 (Grijalbo, 2012), obra conjunta de Athié, José Barba y Fernando M. González.


Cuestionado por Blanche Petrich sobre qué pasos tendría que dar el papa Francisco para evidenciar un giro en favor de las víctimas de los curas abusadores, Alberto Athié respondió que de haber voluntad destrabar el asunto sería muy sencillo. Es decir, que el Estado Vaticano acate las recomendaciones que le hizo el Comité de los Derechos del Niño de la ONU. Con eso daríamos vuelta a la página de la historia de esta tragedia, que tanto daño ha causado a miles. Y eso le toca a él [al papa Francisco]. Es un acto de su autoridad.

Es necesario recordar que el 5 de febrero del 2014 el Comité de Protección de los Derechos de los Niños de la Organización de Naciones Unidas (ONU) concluyó que la Santa Sede desarrolló continuadas políticas que, en la práctica, protegieron a muchos sacerdotes pederastas y se olvidaron de los derechos de quienes sufrieron terribles abusos. El informe no gustó a los representantes del Vaticano, y los altos eclesiásticos más beligerantes dieron instrucciones a sus medios noticiosos para que desacreditaran el documento, que exhibió a una Iglesia que anómalamente tiene un asiento como Estado observador en la ONU. Por ejemplo, en México el semanario Desde la Fe, órgano oficioso de la arquidiócesis encabezada por el cardenal Norberto Rivera Carrera, consideró que todo se reducía a presiones de grupos rabiosamente antagónicos de la Iglesia católica.

Alberto Athié subraya, en la conversación con Blanche Petrich, que es falaz la respuesta dada por la Santa Sede a los requerimientos del Comité de la ONU para que colaborara con el fin de que fueran enjuiciados los clérigos que han depredado sexualmente a millares de víctimas en distintas partes del mundo. El Vaticano se ha parapetado, concluye Athié, en la argucia de que no cuenta con jurisdicción ni mecanismos para intervenir en el ámbito de cada iglesia local, lo cual es falso. Con razón agrega que el Estado Vaticano es una estructura jerárquica. Las iglesias en todos los países del mundo son sus ramificaciones. Ya para entonces este organismo [de la ONU], dirigido por la jurista noruega Kirsten Sandberg, había recibido informes de Alemania, Irlanda, Holanda, Estados Unidos y, por supuesto, México, donde se exponían casos muy claros de sacerdotes que cometieron abusos, protegidos por sus superiores locales bajo indicaciones de la Santa Sede.

Cuando le conviene el Estado asentado en el Vaticano se presenta como una Iglesia sin medios para hacer efectivas medidas que le señala efectuar un organismo internacional del que forma parte, en este caso la ONU. Pero cuando considera que su posición sobre determinados asuntos éticos está en peligro de ser vulnerada por otros puntos de vista, presiona en foros mundiales con la fuerza de un Estado que cuenta con experimentados diplomáticos. Su condición de ser, de manera anómala, un Estado y una Iglesia le permite optar por una u otra faceta dependiendo de cómo son preservados mejor sus ópticas e intereses.

En la desigual lid contra la política encubridora del Estado Vaticano/Iglesia católica en el asunto de los clérigos pederastas, es de reconocerse el compromiso de personajes como Alberto Athié Gallo, a quien el cardenal Norberto Rivera Carrera prometió promoverlo para ser nombrado obispo a cambio de guardar silencio acerca del abusador Marcial Maciel y los mecanismos que le facilitaron permanecer en la impunidad.