William Shakespeare ya se vacunó

La vacuna contra la Covid-19 refleja una realidad, la medicina sigue actuando como negocio millonario

El martes 8 el Reino Unido comenzó a vacunar a sus habitantes contra la Covid–19.

Luego de meses de espera, marcados por el miedo y la incertidumbre, una mujer de 90 años de edad, de nombre Margaret Keenan, fue la primera en recibir la vacuna desarrollada por Pfizer en un tiempo récord.

En medio de la propaganda de ley, el gobierno de Boris Johnson celebró este triunfo “de la ciencia y de la humanidad”.


Durante meses, se especuló con la posibilidad de empezar la vacunación contra el SARS–CoV–2 hasta el primer trimestre de 2021, pero han decidido no esperar más, a pesar de los problemas de logística y de mucho temor por parte de la población, acorralada entre el miedo al virus y el temor a reacciones adversas ocasionadas por la inoculación.

Los diferentes prototipos de vacunas han estado en los titulares desde hace al menos cinco meses. Los británicos estaban muy orgullosos de los avances del proyecto de la Universidad de Oxford y AstraZeneca, aunque finalmente ha sido el producto de la estadunidense Pfizer la primera en ser administrada a los súbditos de Su Majestad la Reina, empezando por el personal médico y las personas de más edad.

Sin embargo, a unas horas de haberse aplicado las primeras dosis, los temores de muchos se materializaron. Ante algunos reportes de reacciones adversas por parte de personas con historiales clínicos marcados por las alergias; de inmediato se recomendó la suspensión a quienes presenten estas características.

En medio de cifras danzantes sobre la efectividad de cada vacuna, las verdaderas ganadoras son, precisamente estas transnacionales (Moderna, AstraZeneca), cuyos valores bursátiles literalmente se han disparado hasta las nubes, salvo el caso de Pfizer.

El reporte del trimestre anterior arrojaba cifras contundentes, descomunales. Por ejemplo, las acciones de Moderna han crecido 243.35 por ciento en la Bolsa de Nueva York, a lo largo de este año aciago para la economía. En tanto, AstraZeneca ha subido 19.18 por ciento en la bolsa de Londres; por su parte, la china Cansino Bilogics registra un alza de 208.74 por ciento en Hong Kong.

En suma, “el valor de capitalización bursátil de 20 farmacéuticas ha crecido 194,360 millones de dólares”, reporta El Economista.

¿Negocio redondo? A todas luces, porque varios de esos proyectos han recibido dinero público, aunque los beneficios serán evidentemente privados, salvo el cobro de los impuestos por las ganancias.

Esta es otra de las lecciones de la Covid–19: la salud es un negocio multimillonario, y lo es más cuando la economía se ve afectada por una enfermedad como la provocada por el SAR–CoV–2, porque se ha apuntalado en el pánico de sociedades como las europeas y anglosajonas, tan ajenas a los padecimientos de la salud y, por lo tanto, con habitantes más fáciles de ser víctimas de noticias falsas.

Muchas encuestas reflejan esa incertidumbre: miles de personas optarán por no vacunarse, ya sea porque las rechazan debido a sus creencias, por ser escépticos con respecto a la Covid–19 o simplemente porque no confían en las farmacéuticas y sus resultados; en general se trata de complotistas de tiempo completo, muchos de ellos más inclinados a remedios alternativos.

Por cierto, la segunda persona en recibir la vacuna de Pfizer fue un anciano de nombre William Shakespeare. Típico humor británico.