Jueves, junio 17, 2021

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A punto están de culminar las campañas electorales, con lo que la ciudadanía podrá decidir básicamente entre dos caminos: continuar con la transformación que está rompiendo con el paradigma neoliberal que llevó a México a una espiral de crisis, violencia y corrupción por más de 30 años, provocado por los partidos conservadores, representados por el Revolucionario Institucional (PRI) y Acción Nacional (PAN) –uno de derecha y otro de ultra derecha.

O seguir con recetas político–económicas impuestas por una clase político–empresarial, adoctrinada con las enseñanzas de Milton Friedman, esto es, un capitalismo salvaje que nos condujo a la perdida de la soberanía nacional y la dependencia hacia potencias extranjeras para la privatización de la salud, el agua, la educación y la información. Asimismo, proliferaron fábricas de pobres para el enriquecimiento obsceno de unos cuantos, así como el robo de los bienes de la nación.

Durante más de tres décadas, el control político fue ejercido con dureza, mediante políticas “dolorosas pero necesarias” y represión mediante grupos paramilitares y militares que impidieron alzamientos sociales, como el del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas, el Ejército Popular Revolucionario (EPR) en Guerrero y Oaxaca y la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO). Aunado a que estos movimientos fueron infiltrados, cooptados, cayendo en contradicciones y su posterior debilitamiento.

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Mientras que por la vía democrática, se afianzaron al fraude electoral como parte de la democracia mexicana para impedir que un partido político de oposición llegara al poder, por lo que mediante la compra del voto o a través de prácticas truculentas en las urnas, en contubernio con las instituciones democráticas, impidieron la materialización de la voluntad del pueblo.

Además de que tuvieron a su servicio el control del aparato ideológico, con los medios de televisión, radio y prensa, para aprobar o desacreditar la información que convenía a sus intereses, con tal de mantener un sistema hegemónico que impidiera el surgimiento de movimientos sociales populares para la formación de gobiernos de salvación nacional que sacaran al pueblo mexicano de la lógica neoliberal.

Fueron las elecciones presidenciales de 2018 el parteaguas que cambió el rumbo de la historia mexicana para encauzar al estado de bienestar, teniendo como ejes principales la recuperación de la economía, los derechos humanos y los bienes de la nación, así como la defensa de la naturaleza.

En los poco más de dos años de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, no solo ha logrado devolver estos derechos a las y los mexicanos, también hay un combate fehaciente contra la pobreza y la injusticia, basta ver la forma en como se ha manejado la epidemia de la Covid–19 en el que médicos, epidemiólogos y científicos mexicanos lograron aplanar la curva de contagio para evitar el desbordamiento de hospitales y centros de salud que hubiera llevado a una mortalidad más alta en la población.

También el manejo de las vacunas es digno de mencionarse, pues se está protegiendo de manera gratuita, primero a la población más vulnerable y la que está al frente de la línea de batalla atendiendo a los enfermos, de manera heroica, a pesar de las carencias de material, equipo e infraestructura, a causa del saqueo que provocaron los tecnócratas al privatizar los servicios de salud y solo pudieran acceder quien pudiera pagarla.

Hoy es un ejemplo de civilidad el que el presidente de la Republica espere su turno para ser vacunado, lo mismo ocurrió con la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum; el secretario de Hacienda, Arturo Herrera y el subsecretario de Salud, Hugo López–Gatell, que si hubiéramos seguido con los gobiernos neoliberales de antes, seguramente habrían movido sus influencias para proteger primero a familiares y amigos o lo que hubiera sido peor, hubieran medrado con los biológicos ante la situación de la pandemia y aprovechado el momento para endeudarse con el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, como era su costumbre.

Prácticamente los gobiernos neoliberales son un reducto en estados donde todavía gobierna el PRIAN y en Nuevo León que es gobernado por un independiente con el sello del PRI. Por lo que para que la transformación llegue a todos los rincones del país es necesario quitarlos del poder.

Ahora le toca el turno a Tlaxcala y otros estados para sacudirse el cacicazgo de la impunidad y la corrupción, aun teniendo en contra las campañas sucias hacía las candidatas y los candidatos de Morena. Sin embargo, el pueblo tlaxcalteca es uno de los más avispados, como ya lo demostró en las elecciones presidenciales de 2006, 2012 y 2018 para demostrar su confianza a ya sabes quién.

Es el momento de sacar la casta guerrera y saciar la sed de justicia para comenzar a escribir una propia historia con la Cuarta Transformación, dale un voto de confianza a la 4T y que el pueblo y la historia se encargue de juzgar a nuestros próximos gobernantes.

Facebook: @FloresBonillaJoel

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