Viernes, agosto 12, 2022
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Violencias machistas desde el espacio virtual

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Una realidad innegable sobre el ejercicio de la violencia contra las mujeres es que ésta es ejecutada en su gran mayoría por hombres, los cuales, también en su mayoría, son hombres conocidos o cercanos a nosotras. A pesar de que en muchos espacios se han reflexionado sobre las formas en las que se violenta a las mujeres y exista una ley, los hombres siguen irrumpiendo en nuestros espacios para intentar ejercer poder sobre nosotras.

Antonio Ramírez Hernández, creador del modelo Cecevim (Centro de Capacitación para Erradicar la Violencia Intrafamiliar Masculina) habla de cinco espacios de las mujeres donde los hombres intentan tener control y dominación, éstos son el espacio intelectual, físico, emocional, social y cultural; todos los días observamos las diversas formas de violentarnos a las mujeres en estos espacios, cómo lo aprenden los hombres y se normaliza en las relaciones cotidianas.

Antonio describe el espacio social como aquél donde se desarrollan contactos, interacciones e intercambios con otras personas, explica que, para el hombre, este espacio es otra oportunidad para comprobar que es superior; lo que hace mediante un lenguaje que lo demuestre, desacreditando, cuestionando o invisibilizando las opiniones de las mujeres.

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Los hombres siguen encontrando formas de ejercer violencias contra las mujeres, y muchas de estas formas siguen quedando impunes, justificadas y normalizadas; las minimizan entre chistes, albures, memes o canciones; el uso de la tecnología ha pasado a ser otro espacio en el que aprovechan para expresar la misoginia, amenazas o cosificación; estas formas generan un alto número de hombres que se identifican desde su construcción machista, que alentan a mantener estas expresiones de odio.

La violencia en nuestros espacios virtuales se han convertido en algo cotidiano, desde irrumpir en nuestras redes sociales, burlándose o desacreditando nuestras publicaciones u opiniones, sobre todo en temas de gran importancia como lo es la situación de violencia y la crítica que hacemos a las autoridades sobre las formas en las que intentan abordar y dar respuesta a la violencia feminicida que actualmente se agrava por el confinamiento; hombres con diversas profesiones, incluidas las académicas y de docencia, que pasan por nuestros muros a dejar emoticones de me divierte o a dejar su opinión cargada de machismo y misoginia, mensajes de burla o insultos, lo que evidentemente no ayuda más que para identificar a quienes permanecen a nuestro alrededor con mentalidades y prácticas machistas que ocupan puestos de enseñanza, toma de decisión u ostentan de algún reconocimiento social o académico.

Sin duda un ejemplo muy cercano también es la el hackeo de cuentas de mujeres activistas, feministas, escritoras, quienes tienen un número importante de mujeres en sus contactos y, por ende, su cercanía, amistad y confianza que sirve como enganche para engañar a cientos o miles de mujeres y buscar extorsionarlas con el fin de obtener imágenes que luego venderán y colocarán en páginas de material pornográfico, consumidas por millones de hombres, lo que mantiene esta lógica de disminuir los cuerpos de las mujeres a mercancía.

A pesar de que en el estado ya se realizó la denuncia en la policía cibernética por una académica, feminista, sexóloga reconocida en Tlaxcala, hay mujeres que siguen recibiendo mensajes desde esta cuenta hackeada y, sin duda, ha implicado un largo proceso que, en teoría, tendría que lograr la sanción y la disminución de estas prácticas. Nuestros espacios más íntimos y “seguros”, que quienes compartimos con personas cercanas, colegas, familia, amistades, se vuelven inseguras y de riesgo a ser víctimas de alguna forma de violencia machista.

Existen notas y testimonios que informan casos de hombres que invaden los espacios de video llamadas, dadas las condiciones de la pandemia, que ha obligado a hacer uso de estas plataformas para la educación, conferencias, reuniones o de uso social; sobre todo de pederastas que aparecen desnudos en las video llamadas de niñas, niños y adolescentes, o aquellos que lo hacen para imponerse o protagonizar en las discusiones y acciones feministas, desacreditando, hackeando o espiando para obtener alguna información.

Con el pretexto de hacer uso de su derecho de expresión, llenan las redes y los espacios virtuales con mensajes violentos y misóginos, incitando incluso al ejercicio de la violencia contra las mujeres como algo normal; así se hizo visible lo grave que resulta tener acceso a plataformas con miles de seguidores que defienden estos mensajes, con la denuncia pública que hizo una activista sobre los mensajes de odio en canciones de un rapero, que hacen apología al feminicidio, la pederastia, violación y formas brutales de violencia contra las mujeres; llevando a solicitar a plataformas de música y videos que eliminaran este tipo de material, teniendo como respuesta graves amenazas en contra de ella y nuevamente la burla y la desacreditación de todas las mujeres que nos sumamos a esta petición.

Ejemplos como estos demuestran cómo los hombres violentos buscan diversas maneras para hacer daño y que no pase nada, en algunos casos podremos eliminar los contenidos violentos, eliminar a los contactos de nuestras cuentas que sólo buscan violentar, bloquear o incluso denunciar, pues no tienen ningún derecho de seguir en nuestros espacios, incluidos los virtuales y sentirse con el poder de violentarnos. Pero evidencia también el largo trecho que existe para que el Estado garantice nuestro derecho a vivir libres de violencia.

El uso de las tecnologías para la comunicación hoy más que nunca está activo, convirtiéndose en herramientas cotidianas, y es necesario que existan condiciones para no dar oportunidad al machismo y la misoginia de que sigan invadiendo nuestros espacios para violentarnos.

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