Vestigios prehispánicos en monte Malpaís, amenazados por instalación de parque solar

Pobladores e investigadores documentan excavaciones del INAH en 'Malpaís', las cuales ya fueron cubiertas

(III y última)

El monte Malpaís del ejido de San Antonio Calpulalpan aún conserva huellas de las culturas teotihuacana y acolhua, así como restos de lo que pudieron haber sido las primeras iglesias en el proceso de evangelización; sin embargo, este patrimonio está amagado por la “siembra de paneles” solares del Proyecto Parque Solar Nueva Xcala.

Y para la construcción de esta planta fotovoltaica de la empresa francesa Engie, personal del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha excavado alrededor de 10 puntos de este polígono para explorar vestigios prehispánicos, lo cual ha despertado la sospecha de un posible “saqueo”, ya que la dependencia ha mostrado hermetismo para informar sobre los hallazgos, aseveraron pobladores e investigadores.


Desde el 24 de julio de 2019, ejidatarios y ganaderos demandaron la injerencia del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) Centro Hidalgo, debido a que jurídicamente Monte ‘Malpaís’ está referenciado en esa entidad vecina, con la cual colinda, pero la tierra está adscrita a este ejido de Calpulalpan.

A partir de esa fecha, respaldados por estudiosos de esta zona, se han mantenido pendientes de las actividades del centro INAH Hidalgo y de la empresa, las han documentado y han insistido en el acceso a información sobre los trabajos.

La Jornada de Oriente acompaña al grupo de pobladores e investigadores en la caminata hacia algunos de los parajes donde ya se habrían realizado las excavaciones. En el trayecto se topa uno con restos de cerámica en tono rojizo y por momentos hay que pisar sobre líneas de piedras que pudieron ser cimientos de construcciones prehispánicas, según la explicación de los guías.

José Francisco García Bazán, ejidatario, calcula que más de una decena de vestigios han sido explorados en ‘Malpaís’, y –enfatiza– tal vez saqueados, posiblemente estemos en un error, tenemos esa duda”. Apunta con la mano hacia un abultamiento de tierra con un pequeño nopal sobrepuesto, para decir que los descubrimientos han sido ocultados.

El historiador Orlando Balderas comenta que él y algunos ganaderos se presentaron en este sitio hace aproximadamente cuatro semanas, cuando aún laboraban cerca de tres brigadas del INAH. “Preguntamos por el arqueólogo encargado; nos mandaron de un grupo a otro, no se logró hablar con él. Solo se le iba a pedir una explicación del trabajo que realizaban; un día antes me pasaron su número de teléfono, me dio una cita para verlo en Calpulalpan a las 10 de la mañana, pero nunca llegó”.

Escribí al correo electrónico de la Dirección de Salvamento Arqueológico del INAH, en México, y envié material fotográfico sobre las excavaciones. “Me dieron a entender que se iba a hacer el parque y que estaban trabajando los arqueólogos, por un convenio con la empresa; o sea, la empresa les está pagando, lo que nos hace cuestionar que esta compañía privada va a querer obtener un beneficio”, añade.

Posteriormente –abunda–, el comisariado ejidal Mauricio Hernández Cervantes, a través de un video que difundió en una red social y con hojas en mano, refirió que tenía un dictamen del INAH en el sentido de que la zona se va a respetar, “lo cual es falso”, porque la Dirección de Salvamento me contestó que aún no lo hay, “que hasta que las brigadas concluyan sus actividades y presenten un informe”, en una reunión se va a decidir si se conserva el lugar o se permite que la empresa continúe su proyecto.

“Pero se les preguntó cuándo se va a tener acceso al dictamen y nos dicen que va a estar reservado por dos años, que no se va a poder consultar. Imagínense, realmente no vamos a saber lo que hay aquí ni por qué se destruyen los vestigios, en caso de ser así. La empresa qué autoridad tiene en materia de patrimonio arqueológico”.

Omar Jiménez, integrante de la Asociación Ganadera Especializada de Ovinocultores de Calpulalpan, afirma que un arqueólogo le respondió que el INAH solo entregaría los datos sobre los hallazgos a la empresa Engie, “porque fue la que pagó”.

Francisco Castro Pérez, antropólogo por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), adscrito al Sistema Nacional de Investigadores (SNI), cuestiona el papel del INAH por considerar que “vende sus servicios al mejor postor”.

Mientras que Filiberto Rivera Torres, investigador de ecosistemas del Altiplano, anota que elementos de seguridad resguardaron la zona de excavación para evitar que las personas se acercaran. “Pedimos informes y hubo cerrazón, lo que nos logran decir es que los intereses son muy grandes como para poder ventilar este asunto en este contexto y que Rescate Arqueológico del INAH se haría cargo; si encontraba algo interesante, lo daría a conocer después, lo cual creemos que va a tardar o no se va a dar”.

Rivera se pregunta si estos vestigios serán demolidos, pues las máquinas “rasuran el piso a un metro o dos de los monumentos prehispánicos ¿Acaso creen que este sitio no tiene valor histórico?; hay que tener un criterio mucho más amplio para entender que la diseminación de estos restos formaba parte de estos lugares donde hoy ellos piensan retirar vegetación y sembrar los paneles solares” en casi 282 hectáreas de este monte.

VALOR SIMBÓLICO Y MITOLÓGICO

“Inicialmente esta región tuvo una influencia teotihuacana, pero aproximadamente en el año 850 los pueblos tributarios de los alrededores fueron abandonados. Historiadores, como Charlton y otros, dicen que pasaron cerca de 300 años para que nuevos grupos toltecas llegaran a poblar, quizá de Tula”, expone Francisco Castro Pérez.

Posteriormente una oleada teochichimeca, que ya no encontró asentamiento en el actual Valle de México, en la cuenca donde se asienta la capital del país, llegó a ‘Malpaís’ para asentarse. Esos pobladores “fueron los acolhuas del tiempo de Nezahualcóyotl”.

En este monte –realza– también están localizados los atrios y restos de lo que fueron recintos y naves de al menos dos iglesias; hacia el sur hay una mejor conservada con paredes laterales y posterior, además del área atrial que está delimitada.

“La primera evangelización fue en esta zona de ‘Malpaís’, los franciscanos bajaron a las comunidades para fundar iglesias de pueblos actuales… no es cierto que no haya zonas arqueológicas ni templos católicos del siglo XVI”, asienta.

Remarca que este polígono tiene un valor simbólico y mitológico extraordinario, que todavía no ha sido trabajado de manera pródiga ni por historiadores, ni por arqueólogos ni por antropólogos. Por tratarse de un lugar situado entre Tlaxcala e Hidalgo, “es como una isla en el abandono, por tanto no hay atención prioritaria; pero ante un embate como este, si uno tiene un mínimo de conocimiento e información sobre la importancia arqueológica histórica, cultural y ambiental, difícilmente debe quedarse callado”.

Restos arqueológicos hallados en 'Malpaís', zona donde serán colocados paneles de planta solar
Restos arqueológicos hallados en ‘Malpaís’, zona donde serán colocados paneles de planta solar

EL PATRIMONIO NO PUEDE QUEDAR EN EMPRESAS PRIVADAS

Sobre la marcha, Filiberto Rivera Torres hace notar los rieles de metal clavados en el suelo por parte de la empresa para documentar la topografía de esta área. Explica que esta región “es una ruta extraordinaria en comunicaciones desde la época prehispánica”, con los estados de México e Hidalgo.

Subraya que el tipo de cerámica hallada corresponde a la etapa de los aztecas y que la presencia de vestigios significa “que hay mucho, ¿qué?, no lo sabemos, los cimientos están expuestos. Se estima que la zona arqueológica tiene una longitud mínima de cinco kilómetros por quizá 500 o mil metros de ancho”.

La relevancia de esta región –indica– fue estudiada por el arqueólogo Fernando Cortés de Brasdefer, fue el primero en darle importancia; “pero ahora que se intercambian puntos de vista, sabemos que de conocerse arqueológicamente el origen de todas estas poblaciones, la historia del centro del país puede cambiar, porque hasta el momento pocos historiadores documentan cuáles eran las poblaciones que existieron durante el encuentro de españoles con acolhuas… consideramos que estos pueblos nativos desaparecieron después de ese encuentro, acontecido en 1521 entre Tecoaque y Sultepec”.

El hecho de que las industrias “se apoderen de nuestro pasado histórico, es un ultraje… es un caso absurdo donde el Estado mexicano permite que una empresa como esta que generará energía solar, administre y explore lo que es de los mexicanos. Este patrimonio no puede quedar en manos de la iniciativa privada y mucho menos de la extranjera”.

Por otra parte, en el sitio electrónico de la Coordinación Nacional de Arqueología del INAH, la Dirección de Salvamento Arqueológico expone que a los proyectos de construcción se les puede caracterizar dentro de dos grupos amplios, uno de estos es el de Área/Región que incluye subestaciones eléctricas (como la ya instalada por Engie para el Parque Fotovoltaico Nueva Xcala).

Puntualiza que en el caso de elaborar un proyecto de salvamento arqueológico, la investigación se realiza con base en un convenio de colaboración entre el INAH y los propietarios o desarrolladores de la obra, ya sean públicos o privados.

En función de las etapas del proyecto, esta planta solar (con contrato por 35 años y que en total ocupará 685 hectáreas, vía arrendamiento) iniciaría operaciones el próximo día 30 de este mes de junio y generará 300 empleos durante la etapa de construcción y preparación, y solo 15 permanentes (según la Manifestación de Impacto Ambiental).