Vejez ¿Bendición o maldición?

Vejez ¿Bendición o maldición

Vejez ¿Bendición o maldición? Lecturas de literatura y ciencia  para visualizar perspectivas sobre la vejez. Inicia con libros con títulos casi iguales. Uno escrito por una mujer y otro por un hombre, el primero: Vejez: bendición o maldición (Erlón Herrera, 2012, Palibrio, E.U) y el segundo Vejez: ¿Maldición o bendición? Desde el ultimo asiento del autobús (Nicolas Mut, 2018, Círculo Rojo, España)

La tesis central de ambos resulta obvia: maldición/bendición, en ambos, al final lo consideran una bendición. El camino que recorre uno y otro son diferentes. El primero se divide en dos partes, en la primera hace un registro de pequeñas estampas en las que describe la situación de personas muy mayores internadas en una clínica.

La segunda parte es un relato personal de la forma en que establece una relación amorosa, cuando el hombre que ha sido su príncipe azul, ya se encuentra en decadencia: un famoso cantante puertorriqueño. Y,  como a pesar de las diferencias logran mantener un matrimonio, con más problemas que aciertos.


El relato se concentra en la forma en que resuelve su relación. En el momento en que le detectan Alzhéimer al marido y lo tiene que internar en una clínica. Llega el momento en que este le suplica que lo saque de ahí. Ya que ese lugar los convierte en objetos a los que hay que “aguantar” hasta que se mueran.

Se lo lleva a casa y junto con su hija cuidan al esposo, hasta que se muere. Lo que agradece, por el sufrimiento que atraviesa. El hecho realizado lleva a la autora a futurizar que, así como ella trató a su esposo, espera ser tratada por su hija. Lo cual tiene que ver con el cuidado como una inversión a futuro.

Bendición o maldición

El segundo libro es una reflexión individual, a través del diálogo con la mente del autor. Crea un alter ego que es el personaje central del relato; Comienza con la descripción de la situación que vive en el presente. Sólo, en una casa sucia, y renegando de todo lo que le rodea.

Al mismo tiempo reclama a Dios la situación en la que se encuentra. Se le aparece una especie de conciencia que nombra Alama y con la que comparte algunas ideas sobre la vejez. Parte de la metáfora que nacer es una jugada de ruleta a la que se llega con muchas fichas. Pero que ha perdido todas.

La tesis central es que la vejez es una oportunidad a la que hay que encontrar razón de ser, siendo lo mas importante aceptarse como es y no como siempre se ha soñado ser.

Alama recorre la vida de Simón y descubre que todo lo hecho y le mortifica, no puede cambiarse porque pertenece al pasado.  Ante la queja de que no tiene amigos, la propuesta es que salga a la calle y entable conversación con otros.

Mis hijos no me hablan, no mantengo relación con los nietos. Vaya al parque y trate de los padres jóvenes y a sus hijos como si fueran sus hijos y nietos. Bajo la premisa de que no espere nada a cambio. Cambiar la condición de cualquier persona mayor no esta en la decisión de los otros, sino en la de sí mismo.

La conclusión es que hay que diferenciar la soledad mala de la soledad buena. La primera requiere de la compañía y valoración de los demás, la segunda del reconocimiento de sí mismo. Es posible estar solo y sentirse completamente acompañado.

Amores y desamores en la vejez

Para quitarle el sabor de la disyuntiva, el libro: Amores y desamores en la vejez (María Elena Real, editorial científica-técnica, 2016, Cuba) Una especie de manual, una cosa muy parecida al registro sistematizado del trabajo realizado a lo largo del tiempo por una psicóloga cubana que alcanza la etapa de la vejez.

A lo largo del libro, no se encuentra nada nuevo de lo que la ciencia aporta a la edad, la vejez y el envejecimiento, pero refleja la percepción que tiene en el proceso de desarrollo de la sociedad cubana, en la que se producen, casi los mismos problemas, que registran las sociedades en desarrollo.

La diferencia, quizá, es que en la sociedad cubana los viejos tienen asegurada la sobrevivencia por parte del Estado. Lo que determina  que se viva en permanente periodo de escasez y paradójicamente de alejamiento entre los núcleos familiares por el grave problema de vivienda que se registra en la isla.

Para evitar que los viejos se aíslen, la política pública crea los círculos de la vejez y las universidades para las personas mayores como centros de ocupación del tiempo libre y mantener las relaciones sociales.

El riesgo de morir entre los hombres de 60 a 70 años

Yanez, Wess, Romand y Treggiari (2020), publican en la revista BMC Public Health (Vol 20), los resultados de la investigación: Riesgo de mortalidad para hombres y mujeres por COVID-19. Al estudiar 16 países encuentran que “las tasas de mortalidad de COVID-19 están fuertemente asociadas con la edad avanzada y (en menor medida) con el sexo”

“Los hombres tiene un 77% más de mortalidad. Las tasas de incidencia (de mortalidad estimadas son más altas en los ancianos…. Aunque inicialmente se informa que las tasas de letalidad eran similares entre países, se descubre que varían significativamente”.

Varios factores determinan estas diferencias: el tipo de sistema sanitario, las características del paciente o la prevalencia de las pruebas de diagnóstico, así como las comorbilidades. Los resultados muestran que, el porcentaje de octogenarios son diferentes en las regiones. La tasa menor está en China y la más alta en el estado de Nueva York.

De manera similar, la mortalidad más baja se observa en China (3,1%) y la más alta en el estado de Nueva York (21%). El mayor aumento del riesgo de mortalidad se observó en pacientes de 60 a 69 años. Por lo tanto, es importante informar las tasas de mortalidad por COVID-19 específicas por edad que explican estas fuentes de variabilidad en la población.

La invisibilidad de las mujeres mayores

Rochon, Stall y Gurwitz , publican en la sección de correspondencia de Nature (Vol. 397: 10268) un comentario con el título: “Hacer visibles a las mujeres mayores”, en el que expresan como se han hecho visibles las desigualdades en el impacto de la pandemia “el que se “pierde porque a menudo no se informan los datos fundamentales sobre sexo y edad, lo que deja a las mujeres mayores en gran medida invisibles”.

Agregan que en “En comparación con los hombres, las mujeres generalmente viven más tiempo, tienen más afecciones crónicas y tienen más probabilidades de ser cuidadoras.

A menudo sobreviven a sus cónyuges y, cuando necesitan cuidados, es posible que no haya nadie que se los proporcione. A pesar de que el sexo y la edad son características compartidas por todos, esta información no se recopila ni informa de forma rutinaria. Como tal, las necesidades de atención únicas de las mujeres mayores siguen siendo invisibles.