UNA INVERSIÓN FALLIDA

En México, siempre se han hecho elecciones, han competido candidatos y partidos políticos, solo que, entre 1940 y 1982, cuando el PRI presentaba a su abanderado automáticamente se sabía que triunfaría en las urnas.

Durante muchos años la ciudadanía busca por todos los medios cambiar el orden de los factores del proceso electoral, sobre todo creando reglas que garantizaran la certidumbre en el proceso y la incertidumbre en el resultado.

Esto demanda crear  un sistema electoral compuesto por cinco factores, cada uno de ellos importante por sí mismo, pero que sólo juntos pueden contribuir a la construcción de una sociedad democrática.


El primer factor son las reglas del juego que la reforma electoral integró como Código de Instituciones y Procedimientos electorales y pasó a Ley  General de Instituciones y Procedimientos electorales, Ley General de Partidos Políticos y Ley General de Medios de Impugnación.

El segundo factor es que este marco legal reconoce a los jugadores: los partidos políticos que para esta elección son ocho en orden de registro: PAN, PRI, PRD, Verde, Movimiento Ciudadano, Panal, Morena y Encuentro social, a lo que se suman los locales.

El tercer factor tiene que ver con el dueño de los jugadores que no es más que el pueblo, ya que le otorga financiamiento público por 11 mil 442 millones de pesos, de los que un 26 por ciento se entrega a los partidos políticos y el 74 por ciento para la organización electoral.

El cuarto factor lo constituye la ciudadanía bajo dos vertientes: el padrón electoral y la lista nominal, que son los que acudirán a sufragar y decidir a quién de los actores le entregan su representación que para esta ocasión son alrededor de 84 millones de electores.

El quinto factor es el árbitro, que es el organismo ciudadano responsable de organizar las elecciones y que se transforma de Instituto Federal Electoral a Instituto Nacional de Elecciones.

La ciudadanización en la organización de las elecciones tiene un costo muy alto y los jugadores, la mayor parte de las veces, no están a la altura de la inversión que hace la sociedad.