Miércoles, julio 24, 2024

Pese a la amenaza, Teresa lucha contra la trata

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Cuando Teresa tuvo frente a ella al proxeneta, pensó que él la mataría.

Desde entonces, camina con pies de plomo sin dejar de luchar contra la trata de personas con fines de explotación sexual, en agravio de niñas y mujeres de la franja sur del estado, corredor principal donde se practica este delito.

La activista es integrante del Grupo Autoestima de Panzacola, “creado por el presbítero Fredi”, asienta.

Gracias a la intervención del Centro Fray Julián Garcés –anota–, hace como tres años, una licenciada de nombre María Luisa comenzó a hacer labor allá. Nos dio a conocer los derechos que tenemos como mujeres. Somos testigos del rescate de dos niñas.

“Con la desesperanza que teníamos, de estar en un lugar tan conflictivo, esa asociación ha dado seguimiento al problema, difusión y apoyo. A veces no nos animamos mucho a denunciar por miedo, porque sí ha habido represalias”.

–¿Por parte de tratantes?

–Sí.

“Esta esperanza no se termina, pero no sabemos en qué momento pueden pararnos estas labores, ojalá que nunca se acaben”.

“Estamos trabajando más en la parroquia de San Miguel Tenancingo, que en la de Panzacola”, aclara.

–¿Las autoridades los han amenazado?

–Como ya lo hemos escuchado en el informe del Centro Fray Julián Garcés, ellas han sido más tapaderas del problema que ayuda para las víctimas.

–¿Los delincuentes los han identificado?

–Sí. Tuve una vivencia desagradable.

“Una vez se presentó un tratante conmigo y me amenazó. Pensé que me iba matar porque he sabido de cosas terribles”, confía a La Jornada de Oriente.

Aliviada de ese pasaje, Teresa establece: “siento que ahí estuvo la mano de dios”.

“Ese hombre me dijo que me callara, que no estuviera hablando de cosas que yo ni sabía. Me insultó mucho. Él es de Tenancingo, donde yo tengo un negocio”, añade.

Retrocede a lo que considera el origen de la amenaza.

“Se me ocurrió hacer una denuncia y me identificaron. Ellos están pendientes de nuestros pasos”, agrega con dejo de temor.

Hace cinco años a Teresa le entrevistaron y le preguntaron su opinión sobre la trata de personas en Tenancingo.

“Y se me ocurrió explayarme y decir que eran incluso negocios familiares, etcétera; a raíz de ahí me identificaron y esa persona llegó a reclamar”.

Asevera que lo que hizo fue una denuncia social.

“A otras personas –indica– también les preguntaron pero dijeron, no, aquí no pasa nada; las autoridades respondieron lo mismo”.

Detalla que ese tratante no la amagó de muerte, “pero –abunda– simplemente con su proximidad, me dio mucho miedo”.

–¿Qué pensó en ese momento que la intimidó?

–Sí me intimidó, dije, hasta aquí acabé.

“Por eso digo que ahí estuvo la gracia de dios, porque cuando le dije, que dios lo bendiga, él se dio la vuelta y se fue como por arte de magia”.

Ese tratante –apunta– ya no volvió a molestar, pero es casi mi vecino en el negocio. Hay que andar con pies de plomo, pero no hay que parar la lucha.

–¿Ha pedido protección a alguna institución?

–No.

Menciona que la semana pasada se registró el secuestro de una niña en el centro de Tenancingo. “Está caliente la situación”.

El Grupo Autoestima de Panzacola participa en la parroquia. Da a conocer su existencia para que la población se acerque y trata de guiar a las personas hacia el Centro Fray Julián Garcés.

“Trabajamos a través de la oración, en la que se hace denuncia, también en los rosarios y en los viacrucis. Es como una denuncia social más que nada”, precisa.

–¿Cómo está la situación de trata en Panzacola?

–Se ha incrementado la apertura de bares y moteles, es evidente.

Cuenta que una compañera ha padecido el problema de la trata de personas.

“Ella es mamá de una chica que se casó con un tratante, parece que ya está solucionado el problema, la joven está entendiendo”.

Explica: “son modos de trabajar familiarmente. Las enganchan con mentiras y demás, después las ponen a trabajar. Es la misma gente de la comunidad. Es de años”.

–¿Cómo se interesó en el tema y en realizar activismo?

–Por invitación de María Luisa y del Centro Fray Julián Garcés.

“Nos ha llevado de la mano, porque no sabíamos nada más qué hacer, la única base era la oración”, recuenta abrazada al reconocimiento que esa organización civil acaba de entregar al Grupo Autoestima de Panzacola.

Por “simple humanidad”, Teresa realiza labor contra este flagelo

Teresa se incorporó en estas tareas “por simple humanidad”. También le inquieta que algún familiar sea víctima de trata de personas con fines de explotación sexual. Ha orientado a sus seres queridos en torno a esta situación.

Esta mujer se mantiene alerta. Es cautelosa.

“A veces –expresa– le digo a mis conocidos, no me vengan a visitar aquí a San Miguel. Es preocupante”.

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