Lunes, mayo 10, 2021

Ted Bundy (la película)

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El mal ejerce una fascinación en muchos de nosotros. Su poliédrico rostro nos arrastra, nos atrapa. La capacidad destructiva, la maldad que arrasa, el no ser tienen un efecto magnético.

Una forma banal de esa fascinación es la nota roja. Alimentada por el morbo, las noticias donde abunda la sangre en realidad actualizan nuestra inclinación por el mal, si hemos de ponernos en modo Hobbes.

Uno de los subgéneros de la nota roja tiene a los asesinos seriales como protagonistas. Y uno de los países donde más abundan, y donde más fascinación ejercen, es los Estados Unidos. Casi se puede decir que la Unión Americana es la patria genética de esos sujetos.

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Investigadores del fenómeno, reporta la BBC, estiman que entre los años 60 y 80 del siglo pasado, operaron al menos 200 asesinos en serie. Cosa de nada.

Uno de esos sujetos fue Ted Bundy.

Ahora mismo, con poca publicidad, se proyecta en salas cinematográficas la biopic de ese serial killer. El nombre original de la peli apela a esos titulares sensacionalistas de la nota nota:  Extremely Wicked, Shockingly Evil and Vile. Nada que ver con el tratamiento que se da al personaje. Pero al menos no apela a la ñoñería facilista del título en español latino: Ted Bundy: durmiendo con el asesino. ¿Será necesario tener un nivel oligofrénico para trabajar en el titulaje de películas? Pero bueno.

Lo primero que llama la atención es que un niño Disney sea el encargado de darle vida a Bundy. ¿Quién iba a decir que Zack Efron tenía la altura histriónica para encarnar a uno de los más sanguinarios asesinos en serie? Ayuda, por supuesto, que sea obscenamente guapo. Pero eso mismo le ha pesado a otros actores, como Leonardo DiCaprio y Brad Pitt, que son extraordinarios a la hora de meterse en sus personajes, pero que tienen en contra su propia apostura. Al menos a DiCaprio ya le dieron un Oscar. Al Tyler Durden no creo que se lo otorguen.

Esta cualidad, la del atractivo físico, ayuda a Efron a tomar el rol de Bundy, quizás el más mediático de estos sociópatas que infestan la tierra del Tío Sam. A diferencia de la mayoría de cintas que se acercan a esta figura que plaga a la sociedad estadunidense, en Ted Bundy: durmiendo con el asesino (all apologies, pero ni modo, así hay que citarla) no es un reguero de sangre ni de escenas de nuestros tiempos violentos. No. Sólo se ha utilizado un par de secuencias donde nos asomamos a ese profundo abismo que anida en los ojos del mal.

Y esa me parece que es la gran virtud de la película, que relata la historia en un tono muy contenido. Incluso, quienes tenemos algo mal en alguna parte del alma, llegamos a tener cierta empatía con el personaje. Parece que él realmente no es un tipo que se la pasa matando mujeres jóvenes, a las que mutila y entierra como si nada.

¿Cómo podría ser que ese tipo, estudiante de derecho, sea el monstruo que acabaremos confirmando, según el relato que él mismo hizo, en un intento por escapar de la silla eléctrica?

La cinta indaga en muchos ángulos, antes de atosigarnos de escenas crudas y sangrientas. Incluso nos muestra al monstruo jugueteando con la hija de Elizabeth Kloepfer, el gran amor de su vida. Así, casi sin darnos cuenta, acompañamos al sujeto en su caída libre, aunque parecía que sólo flotaba (como los niños asesinados por Pennywise).

Y en ese camino, Zack Efron nos muestra que está para algo más que High School Musical. Quizás desentona un poco el papel de Jim Parsons, a quien le va a costar mucho quitarse la sombra de Sheldon, porque suena muy poco convincente como el fiscal Larry Simpson; nada que ver con el monumental John Malkovich, que desde el estrado da vida a un incomprensible juez Edward Cowert, que cae rendido al encanto de Bundy.

Extremely Wicked, Shockingly Evil and Vile no es un estudio de caso. Es un filme que va más allá de las ataduras del subgénero. Es una pequeña obra maestra.

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