Tapar el sol con un dedo. AMLO y las caravanas de migrantes

Durante estos días la sociedad mexicana y latinoamericana ha tenido sobre sí una avalancha de imágenes producto del cierre de la frontera sur ordenado por el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, que producen nubarrones que obstaculizan observar sus dramáticas consecuencias.

La instantánea en la que se ve a un miembro de la Guardia Nacional propinar una zancadilla a un migrante que huía de los que le impiden continuar su viacrucis rumbo a Estados Unidos le ha dado la vuelta al mundo. Que sumada a las felicitaciones que desde la Casa Blanca se han hecho por el compromiso con que asumen la “defensa” de las fronteras, han provocado la justa indignación de amplios sectores, pero también el uso maquiavélico de otros que hoy se han trocado en defensores de los migrantes con miras a golpear al gobierno de centro–izquierda. Lo absurdo de esto último es evidente. Los mismos que defendieron a capa y espada la entrega de la soberanía nacional mexicana a Washington cuando se trataba de gobiernos del PAN y del PRI, se envuelven en la bandera patria cuando sucede lo mismo pero no reditúa a sus intereses. Estos “opinadores” simplemente se están subiendo a un tema de coyuntura buscando posicionar y legitimar sus propias agendas, en las que los migrantes nunca han tenido ni asomo de solidaridad ante el drama humano que implican sus historias.

Pero los intentos por encubrir el fenómeno también provienen de integrantes del propio gobierno. Mientras tratan de “mantener la legalidad y el imperio de las leyes migratorias”, eufemismo en el que buscan encubrir que humillantemente Marcelo Ebrard dobló las corvas ante las amenazas de Donald Trump, anuncian con bombo y platillos las posibilidades de que algunos migrantes puedan acceder a empleos formales en México para que ya no continúen su camino rumbo a Estados Unidos. Parecen ignorar que los sueldos en Honduras, El Salvador y Guatemala son más elevados que los pagados en el territorio nacional. Eso podría ser disculpable, sino fuera su obligación saberlo. Pero también parecen vivir en otro planeta al desconocer que los niveles de violencia que sufren los mexicanos son iguales o superiores a los del Triángulo Norte de Centroamérica. Si los migrantes buscan huir de la pobreza y la violencia, los migrantes no buscan quedarse en un país que ofrece mínimas o nulas mejoras en su calidad de vida.


Otro tanto ocurre tras leer las declaraciones de los responsables directos de contener la marcha de la caravana. El jefe en campo de las fuerzas de la Guardia Nacional declaró que estaban usando tecnología de punta, entre ellos drones y equipo de visión nocturna, para detener a aquellos migrantes que pudieran burlar el cerco que han establecido sobre los cruces fronterizos de Chiapas y Tabasco. Técnicamente poderosos persiguen a hombres, mujeres y niños desarmados, cansados, hambrientos milenariamente que huyen de la violencia. Pero ese poderío no muestra resultados en el combate a lo que hace que México se haya convertido lenta, sangrientamente y de manera profunda en un amplio territorio donde la muerte ha sentado sus reales, volviéndose domino absoluto de la necropolítica.

Todo esto y muchos otros elementos sirven para intentar tapar el sol con un dedo. En efecto, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador está realizándole el trabajo sucio a la política antiinmigrante y racista de Donald Trump. El mismo humillante papel lo están asumiendo Giammattei, Hernández y Bukele. Pero lo que no se está diciendo con todas sus letras es que mientras no cambien las condiciones estructurales de México, Guatemala, El Salvador y Honduras, mientras los habitantes de esos territorios no puedan tener derecho a ser simplemente seres humanos, que mientras no existan trabajos, educación y salud, los mexicanos, guatemaltecos, salvadoreños y hondureños seguirán migrando.

Lo que no se está diciendo a todo pulmón es que los elementos de la Guardia Nacional y de la Policía Nacional de Guatemala están impidiendo que la migración se haga en descampado, siguiendo las principales carreteras, a plena luz del día y a la vista de todos, protegiéndose así de los policías, soldados y agentes de migración corruptos, pero también de los grupos de la delincuencia organizada que han hecho fortunas con la sangre y los cuerpos de los migrantes.

El resultado dramático de toda esta polvareda que se ha desatado durante los últimos días no va a contribuir a que se detenga el flujo migratorio, sino que provocará que se vuelvan a implementar las rutas más peligrosas y a encarecer el recorrido. Ya no veremos migrantes en las carreteras y volverán a morir en lúgubres casas de seguridad. Pero Andrés Manuel López Obrador, Alejandro Giammattei, Juan Orlando Hernández y Nayib Bukele podrán recibir su medalla por los magníficos servicios prestados a Donald Trump y su reelección.

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