Daños irreversibles en árboles y celeridad en tala clandestina en Malinche, por plaga de descortezador

En casi 10 meses y ante la reacción tardía por parte de autoridades, la plaga del escarabajo descortezador no solo ha causado daños irreversibles en el Parque Nacional Malinche, sino que ha “acelerado” el problema de tala clandestina, aseveró Odilón Paredes, propietario de predio forestal en Acuamanala y activista ambientalista.

Remarcó que con base en los estudios técnicos realizados, alrededor de 15 mil árboles “ya están dados por perdidos”, por lo que lo más prudente es derribarlos; sin embargo, para ello se requiere del permiso oficial, así como para fumigar.

“Empezamos a revisar este problema en enero, al ver pronunciada la proliferación; luego vino la pandemia (de Covid-19) en marzo; dimos atención a las autoridades y entendemos que por el tema de esta emergencia sanitaria, no han respondido”.


A nivel municipal inicialmente se recomendó a propietarios que primero los municipios afectados tendrían que organizarse, “por lo que nuestra solicitud de permiso para el saneamiento no ha prosperado como tal”.

Se tuvo conocimiento que por parte del gobierno estatal y municipios se implementó una estrategia para realizar labores a través de un programa de empleo temporal, “pero la verdad, nosotros que somos propietarios no tenemos ni un beneficio ni interés”, más que el de actuar inmediatamente en este asunto, subrayó.

De haberse actuado oportunamente –realzó–, tal vez desde enero cuando se reportó la problemática, “en marzo ya hubiera terminado; estamos en agosto y continúa; mientras los gobiernos siguen con la expectativa de organizarse; no tiene ningún sentido”.

Por ello, los aproximadamente 30 propietarios de Acuamanala se han organizado y ya registran un avance en los trabajos de un estudio técnico sobre la cuantificación de plantas afectadas, tamaño, volumen y otros datos, pues “urge el permiso para saneamiento”.

Afirmó que aún hay muchos árboles sanos, de ahí que se debe intervenir de manera rápida porque el escarabajo vuela y comienza a brincar entre las copas, pero se desplaza a una velocidad rápida y a distancias mayores.

El cambio climático ha favorecido la propagación de esta plaga que daña “las venas del árbol”, por lo que en poco tiempo se registra la muerte. Este animal se multiplica por mil  cada 40 días, explicó.

La otra plaga que prolifera

En esta zona de la Malinche, “no hay uno, sino varios grupos de talamontes, desde los que se dicen aficionados, que nada más iban a juntar hongos y que ya querían llevarse los troncos o los árboles secos que vieron ahí; hasta los que están en crimen organizado, los que a eso se dedican, se están llevando al por mayor”, denunció.

Indicó que desde hace aproximadamente un mes se ha observado la pérdida de 30 árboles, en promedio, en dos o tres hectáreas, lo cual ha llamado más la atención.

Por esta razón, los propietarios piden la autorización de las instituciones “para que quienes hemos cuidado por tanto tiempo a estos árboles, no seamos interrogados o cuestionados, y para que tengamos un beneficio a través de la madera, a pesar de que no es nuestro objetivo principal”, expresó.

Estamos –aseguró– bien organizados, en general somos cerca de 150 interesados, pues están incluidos nuestros familiares, por lo que se consiguió apoyo de un técnico para el estudio, mediante el auspicio de la Comisión Nacional Forestal (Conafor).

“Se formaron brigadas ciudadanas para ir al monte a marcar los árboles, sin buscar beneficio ni gratificación, en absoluto –aclaró–, en colaboración con el regidor del municipio y el presidente de la comunidad de Guadalupe, Acuamanala”.

Es en la realización de estas labores en las que se ha detectado a los grupos de talamontes; “el proceso de extracción clandestina se ha acelerado. Ellos dicen que tienen permiso de palabra para extraer; otros no lo tiene… nos hemos arriesgado al enfrentarlos, porque llegan armados y en camiones grandes”.

La tala ilegal es otra “plaga que prolifera igualmente a un ritmo, por lo que hemos ido a cerrar el paso, haciendo zanjas en caminos y veredas por donde entran esas unidades a saquear y a contaminar, porque dejan cantidades grandes de basura. Sabemos que operan de tres a cinco la mañana y bajan a las seis”.

Por ello, la importancia de que den permiso de extraer a los propietarios originarios que tiene una edad en promedio de 60 años. “Lo que no queremos es que La Malinche tenga más afectación, sobre todo en los mantos freáticos; sabemos que nuestros pozos tienen una fecha de caducidad”.

El perjuicio por plaga y talamontes, también sería en el suelo y en los cultivos de la región, sobre todo de maíz, haba y frijol, “o sea, el daño va a ser devastador, se trata de un verdadero ecocidio”.

Con este escenario, la reforestación será inevitable, ya que en el Parque Nacional Malinche “hay árboles de más de 200 años de edad, cuya métrica es de entre 15 y 35 metros, con promedio de 22.5, por lo que se requieren de varios años para que obtengan una capacidad de retención de agua y para que haya un equilibrio en el ecosistema”, realzó.

Pero advirtió que la siembra de plantas requiere de un proceso cuidadoso, ya que se han realizado acciones mediante programas de empleo temporal, ”y –añadió– hemos encontrado arbolitos abandonados; hay pruebas de esto”.

Cada árbol requiere de tiempo, paciencia y sensibilidad; nosotros –mencionó–, como parte de un grupo ecologista, hemos sembrado mil 500 en 12 años y solamente se logró 20 por ciento, es decir 300, por factores como la tala, la quema y el pastoreo.

Repasó que la plaga del descortezador ha impactado desde San Pablo del Monte hasta Tlalcuapan, Chiautempan, pero con un mayor grado en San Cosme, Acuamanala, Ayometla y Teolocholco, donde se localizan los 15 mil árboles dañados.

“Por parte de las autoridades se ha minimizado la problemática, falta comunicación y coordinación… pero a los propietarios de Guadalupe, Acuamanala, nos interesa que se conserven los mantos freáticos, esa es nuestra principal preocupación”.