En un México caótico, violento, diverso y desigual, donde todo ocurre al mismo tiempo, hemos normalizado que las luchas se viven por separado, como si los derechos no dependieran uno del otro; el principio de interdependencia de los derechos humanos significa que todos los derechos están interrelacionados y que la realización de un derecho depende de la realización de otros, por lo que, al violarse o negarse uno, se están violando otros más.
La importancia de comprender este principio implica que miremos las diversas luchas de forma aislada, sin duda alguna, las energías y los recursos no nos permiten siempre tener presencia en todas ellas; sin embargo, las mujeres, históricamente, hemos estado presentes en todos los movimientos en defensa por nuestros derechos, no sólo en el movimiento feminista como mucha gente piensa, invalidando y negando la presencia y participación de las mujeres en todos los espacios y luchas, como si la desigualdad y las violencias solo se pudieran enfrentar desde un solo espacio.
En este México violento y corrupto, la vida se enfrenta entre inseguridad, homicidios, feminicidios, desapariciones, abusos y justificaciones gubernamentales; decisiones que toman sin procesos de consulta pública, o solo con simulaciones. Aunque no es nueva esta política, pues otros gobiernos la han implementado pues los impactos no los alcanzan, sino que impacta en nuestras vidas cotidianas y permanecerán en el futuro.
En los últimos días de octubre y los pocos que llevamos de noviembre, en México se vive una gran movilización debido a los diversos contextos que vivimos, es importante hablar de todos estos acontecimientos, pues la indiferencia nos orilla a aceptar las imposiciones de unos pocos, a pasar por alto las graves violencias institucionales y las violaciones a nuestros derechos humanos; no nos alejemos del análisis que estas situaciones implican para nuestro presente y para el futuro.
En Tlaxcala no solo se realizan “consultas ciudadanas” para imponer proyectos destructivos, no únicamente para el medio ambiente como el cierre repentino del Parque de la Juventud para un supuesto proyecto de rehabilitación, con una gran opacidad gubernamental para informar y una falta de escucha, pues implica un gran riesgo para las áreas verdes y espacio público para jóvenes, niñas y niños.
Pero también en el Legislativo, bajo una gran opacidad nuevamente, se llevó a cabo un “foro de consulta pública” durante esta semana para preparar una iniciativa con el fin de regular el contrato especial de técnicas de reproducción humana asistida o gestación subrogada (mismo que no se difundió ampliamente), una práctica que vulnera los derechos de las mujeres, niñas y niños, y que está considerada como una expresión de la trata de personas, definido así por organismos internacionales, ya que mercantiliza el cuerpo de las mujeres y comercializa a bebés como un producto. Una forma de explotación que no se ha profundizado, pues en estos espacios participan mayormente hombres y personas que normalizan la cosificación de las personas bajo un argumento altruista, que deja de lado las formas más complejas de desigualdad y violencia.
Esto es un claro ejemplo de cómo se abordan las problemáticas en nuestro país, cómo las violencias y falta de garantía de nuestros derechos humanos no son prioridades, en cada gobierno han quedado en segundo término y de vez en vez se vuelven debates públicos cuando así conviene a los gobiernos. El hecho de violencia hacia la presidenta de México y todo lo que se ha enunciado alrededor de éste, es el claro ejemplo de lo que vivimos todas las mujeres diariamente de la falta de credibilidad, de la revictimización, porque se habla de un montaje que, de ser verdad, no deja de ser violencia hacia el cuerpo de una mujer, además de una burla de lo que vivimos las mujeres.
Claro que debemos rechazar todo tipo de violencia contra quien sea, pero no ha ocurrido así en la vida diaria, el hashtag de que #TodasSomosClaudia, otra vez, no nos representa realmente, pues existen grandes diferencias, que las mujeres que no estamos en el poder no recibimos justicia inmediata, enfrentamos, además, la corrupción y la violencia institucional, no tenemos el apoyo de las autoridades; ya que en un estado donde se niega que existan delitos graves y que las mujeres podemos sentirnos seguras, nunca se ha pronunciado por los delitos sexuales contra mujeres y niñas, los niega, pero de inmediato se pronuncia porque le ocurrió a la presidenta.
En nuestro país, donde las máximas autoridades protegen y abrazan a violadores, agresores, los vuelven parte de sus gabinetes y los mantienen en el poder, ahora diseñan una campaña contra el acoso sexual en menos de dos días; pero la trata de mujeres y niñas, las desapariciones, los feminicidios, ¿para cuándo una política de prevención, atención y erradicación efectiva? Y no, no es solo este gobierno, no es una crítica a la primera presidentA, son deudas históricas.
Existen tantas formas de violaciones a nuestros derechos, que han permanecido sin la atención debida por parte de los gobiernos en todos sus niveles, lo que observamos en noticieros y medios de comunicación es apenas la punta del iceberg; los sistemas de opresión funcionan perfecto en su triada para normalizar las causas que hoy parece agravar los contextos de inseguridad y violencia, pero que se han alimentado de la indiferencia ciudadana, de la ineptitud institucional, del incumplimiento de Estado para proteger y garantizar todos nuestros derechos. El fondo de estas realidades no está en los videojuegos o en el azúcar, son profundas las causas y deben ser serias las acciones para hacerles frente a estos sistemas.
