Martes, febrero 27, 2024

Sobre el cambio climático: ¿combate o adaptación?

Se acerca ya la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP28), que se llevará a cabo en Dubái, y para la que, como se ha mostrado ya desde hace años, se espera que continúe el enfrentamiento entre dos tendencias principales: la que basada en la evidencia científica y social apunta hacia la defensa de la vida y la biodiversidad en el mundo y propone llevar a cabo todos los esfuerzos necesarios para combatir y frenar el cambio; y la otra que, basada en la necesidad de mantener la calidad de vida lograda hasta ahora, a través del crecimiento económico y el desarrollo tecnológico en algunos países, apunta más claramente hacia la orientación de los esfuerzos para que todos los seres vivos, principalmente los del sur global, nos adaptemos a las consecuencias de un cambio ya irreversible.


En la primera tendencia, por la defensa de la vida y la biodiversidad, destaca el proceso que el papa Francisco ha impulsado durante todo su pontificado, y que reafirmará con su próxima participación en la COP28, para poner frente de los demás Estados parte el llamado que ha ratificado, a través de la Exhortación Apostólica Laudate Deum, que publicó el 4 de octubre, en la que muestra que no han habido reacciones suficientes y contundentes frente a la crisis climática y que el impacto climático está perjudicando ya la vida y las familias de muchos lugares del mundo, especialmente donde viven las y los más pobres.

Llama la atención sobre la imposibilidad de dudar ya de que el cambio climático tiene origen en las actividades humanas orientadas principalmente por una ambición sin límites de personas y grupos que anteponen e imponen siempre sus intereses particulares sobre los intentos de búsqueda y construcción del bien común. Sin embargo, el papa insiste en que no hay que perder la esperanza en que estas personas, grupos y gobiernos cambien sus posturas y se orienten hacia la defensa de la vida. En la exhortación dice que “Si tenemos fe en la capacidad de los seres humanos de trascender sus pequeños intereses y pensar en grande, no podemos dejar de soñar que la COP28 conducirá a una aceleración decisiva de la transición energética, con compromisos efectivos que puedan ser monitoreados permanentemente… Esta Conferencia puede ser un punto de inflexión, demostrando que todo lo que se ha hecho desde 1992 fue serio y adecuado…”.

Sin embargo, parece que va ganando la tendencia que pretende que todo se adapte a un cambio irreversible y que sobreviva quien pueda. De acuerdo con Thomas Porcher, en su Tratado de Economía Herética (publicado FCE en 2021), “todo mundo sabe qué hacer, pero nadie quiere hacerlo directamente, prefieren caminos indirectos… [para] no perjudicar intereses financieros importantes”: por una parte, los de las grandes empresas de petróleo y gas, y por otro los de los grandes bancos que invirtieron en ellas y quieren recuperar sus inversiones. Así, por ejemplo, los países ricos acusan a los pobres de utilizar todavía demasiadas energías contaminantes; sin embargo, muestra Porcher, en los últimos años Estados Unidos añadió 4 millones de barriles de petróleo al mercado mundial; Canadá ha desarrollado aceites a partir de arenas bituminosas, de las que se obtiene el petróleo más contaminante del mundo; Francia desarrolló gas metano no convencional a partir de mantos carboníferos. Así, estos países, y otros como Inglaterra, se esfuerzan porque la batalla contra el cambio climático se convierta más en una propaganda publicitaria para sus empresas y sus políticos, que en una realidad.

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Aquí mismo en México, y en Tlaxcala en concreto, se viven estas dos tendencias con mucha fuerza. Por un lado, la adaptativa, impulsada por el gobierno y muy probablemente con el respaldo de las empresas instaladas en la región, que se expresa con claridad en la Ley de Cambio Climático que tiene como objeto “establecer las disposiciones y políticas públicas que permitan la mitigación, adaptación y resiliencia al cambio climático”. Pero estamos también quienes optamos por la tendencia que, partiendo de la situación de emergencia sanitaria y ambiental en la que ya vivimos, favorece la vida y la biodiversidad, el cuidado de nuestra Casa Común y la construcción del bien común a través del impulso de la Ecología Integral. El camino es difícil, pero no perderemos la esperanza.

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