Viernes, abril 16, 2021

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Soberanía energética

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Los apagones en el país; si bien demuestran la vulnerabilidad del mundo ante el cambio climático que sigue provocando estragos por los cambios en las temperaturas, y en este caso generado tormentas de nieve que azotaron la parte sur de los Estados Unidos, en particular Texas, congelando los gasoductos, y dejando sin energía eléctrica a buena parte de esa zona con los efectos para México en algunas de las entidades como Nuevo León, Tamaulipas, Coahuila, así como afectaciones menores, pero importantes en otras zonas del país, también demuestran que así como dependemos de la gasolina de importación para cubrir la demanda interna, ocurre algo similar con respecto al gas natural para la producción de energía eléctrica. De hecho, México requiere alcanzar la soberanía energética para poder incidir en su desarrollo.

El tema de la soberanía energética no es nuevo. Una y otra vez los estudiosos del desarrollo hemos hecho hincapié que para que nuestro país logre romper la dependencia que hoy se tiene es necesario que seamos capaces de cubrir nuestra demanda interna, a través de recuperar el control de las áreas estrategias como el relacionado al sector energético, que no es el único. Es paradójico que siendo una nación que cuenta con yacimientos de petróleo, gas, ríos y mares, tengamos que depender de insumos/productos importados para resolver nuestras necesidades, pero ¿por qué perdimos soberanía en el sector energético? En gran medida es resultado de las políticas neoliberales que se aplicaron en el país desde la década de los años ochenta, ya que en forma deliberada y sistemática se fue desmantelando las industria petrolera y la eléctrica, la disminución constante de inversión pública redujo la capacidad de producción y gran parte de la infraestructura y capacidad instalada fue abandonada; sobran datos que verifican estas políticas y la forma en que se fue desplazando y sustituyendo dando paso de manera permanente y sin tregua al sector privado nacional o extranjero.

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Al tiempo que se redujo la producción se iniciaron procesos privatizadores, ya sean directos o simulados, la cereza del pastel fue la aprobación, a través del Pacto por México, al inicio del gobierno de Enrique Peña Nieto, de la llamada reforma energética cuyo entusiasmo fue desbordante porque según el gobierno y los partidos políticos del PRI, PAN y PRD serían enormes las bondades de esa reforma; ahora sabemos de sus pobres resultados, pero desde esa época se cuestionó la misma y a pesar del esfuerzo de miles de ciudadanos que intentaron frenarla por la vía legal a través de la consulta popular, ésta fue desechada. El punto central de esa discusión fue que la reforma aseguraba la dependencia energética y el saqueo constante del sector privado, cuyas ganancias serían enormes en prejuicio del Estado mexicano.

En el caso del sector eléctrico, ocurrió algo muy similar al petrolero, gran parte de la producción y distribución de la energía eléctrica para el consumo industrial y de los hogares de los mexicanos se dejó en manos del sector privado; el caso de la compañía Luz y Fuerza del Centro, que fue cerrada por Felipe Calderón, es otra prueba de las políticas sistemáticas de limitar la producción estatal y abrir el paso al sector privado que entró a competir directamente con la Comisión Federal de Electricidad (CFE), en condiciones ventajosas, porque mientras el sector privado recibió contratos a modo, subsidios y financiamiento del gobierno, la CFE quedó al borde de la quiebra. Sobra decir que para poder sobrevivir tuvo que hacerse de enormes deudas para intentar mantenerse en el mercado de la producción y distribución de energía eléctrica, sin contar con las enormes prácticas de corrupción enquistadas en los gobiernos neoliberales.

Al igual que las refinerías, la infraestructura para la producción quedó en el abandono y pese a que los tecnócratas neoliberales afirmaron que con la competencia disminuirían los precios del energético, éste no bajó, ni tampoco se logró una transición a energías limpias o alternativas. Como ahora se sabe, el 64 por ciento de la energía se produce con gas natural que proviene en su mayoría de los Estados Unidos, particularmente de Texas. Los propios contratos con el sector privado para la compra de gas natural, muestran que éstos fueron en perjuicio del gobierno y del Estado mexicano, al contratar cantidades muy superiores de gas a las requeridas diariamente por la demanda interna, 30 mil 173 millones de pies cúbicos diarios de gas cuando hoy se necesitan 2 mil 337 millones, provocando que la CFE intente revender en los Estados Unidos los millones de pies cúbicos no utilizados.

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Los casos del gas natural, del petróleo, diésel, turbo avión, son ejemplos notables de una política sistemática neoliberal que apostó por privatizar las áreas claves del Estado mexicano, dando como resultado la pérdida de la soberanía energética. Por fortuna y pese a los detractores de la 4T, el gobierno de AMLO está intentando dar marcha atrás a los procesos privatizadores en el sector energético y estas estrategias, por ejemplo, permitieron que los apagones registrados no se extendieran a lo largo de todo el país, pues al modernizar las plantas de energía eléctrica abandonadas se logró suministrar energía eléctrica a millones de mexicanos, en tanto se restablece y se descongelan los gasoductos en Estados Unidos y se logra afianzar la reforma eléctrica producto de la iniciativa preferente de AMLO.

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