Sábado, junio 19, 2021

Sí señor presidente, queremos cambiar la tradición patriarcal

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El patriarcado en la familia tiene que ver con la forma de organización al interior de ésta, que se distingue principalmente por la transmisión patrilineal del parentesco, donde la autoridad máxima es el padre, el hijo o ascendiente varón mayor de edad, otorgándole “derechos de propiedad” sobre cada integrante de la familia, lo que se realiza por medio de cualquier forma de violencia.

Lo cierto es que no somos propiedad de nadie, el sólo hecho de vernos a las mujeres como las únicas responsables del cuidado de otras personas, da pauta a un permiso social de considerarnos propiedad de alguien, y con ello, que se ejerzan diferentes formas de violencia desde la infancia; ejemplo de ello son las repetidas ocasiones en las que los hombres sustraen de manera ilegal a sus hijas e hijos de sus hogares en situaciones de violencia con la madre, esto no siempre garantiza el bienestar de la o el menor.

Hace unos días, en redes sociales se compartió una ficha de búsqueda de una menor de edad, presentada por la madre, poco tiempo después, comenzaron a compartir una publicación del padre diciendo que la niña se encontraba con él, desacreditando a la madre, lo que llevó a cuestionar y señalar las conductas de ella, sin conocerla; minimizando el hecho de que las mismas autoridades continúan solicitando que se comparta la ficha de búsqueda y activando posteriormente el Protocolo Alba de búsqueda inmediata para niñas y mujeres; la situación pasó de coadyuvar para la localización de la menor a hablar de “las malas madres”, o sobre la relación entre los padres, al justificar la sustracción de la menor porque que es derecho del padre tener a la niña.

La violencia no es tradición, la cosificación tampoco es tradición

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Normalizamos el maltrato que viven muchas niñas y niños en hogares violentos, porque “al final y al cabo son los padres quienes deciden lo que hacen con ellos y ellas”; la violencia tampoco es tradición, la cosificación no es tradición, son ejercicios de poder que el patriarcado ha designado para controlar a mujeres, niñas y niños; no es normal que la sociedad justifiquemos estos actos en las paternidades.

El hecho mismo de sentir que pueden actuar de esta manera ya da cuenta de las violencias que se ejercen no sólo en contra de la madre, sino con los hijos e hijas, no son objetos que pueden llevarse cuando así lo decidan para castigar a la madre, además de que estar con el padre no siempre es estar a salvo; constantemente acompañamos casos donde las mujeres son violentadas brutalmente y se les obliga a huir de sus casas prohibiéndoles salir con sus hijas e hijos, quienes también han sido víctimas de violencia por su propio padre; el hacer uso de las y los pequeños como motín de guerra es cosificación y no podemos seguirlo justificando ni invisibilizando.

Esas prácticas violentas, de control y dominación son las formas en las que opera el patriarcado, pero que por ningún motivo aceptamos, y esta lucha del feminismo por cambiar los roles impuestos a las mujeres para ser las responsables de un trabajo no remunerado al interior de las familias, ni siquiera valorado la mayoría de las veces es permanente; el presidente asegura que “la familia mexicana es la institución más importante de seguridad social que existe”, niega la realidad de que es el hogar donde mayor violencia se ejerce en contra las mujeres y las niñas, donde se han identificado un gran número de feminicidios y violencia sexual; las relaciones violentas no son tradición, decir que lo son sólo es muestra de misoginia, una grave ceguera de género y normalización de la inequidad en todos los ámbitos.

La perspectiva de género en las instituciones es la diferencia entre la impunidad y la justicia, sostener el machismo institucionalizado ha implicado la falta de políticas públicas para dar respuesta a los contextos de violencia, discriminación y desigualdad hacia las mujeres; resulta bastante irresponsable que las autoridades que guían el rumbo del país y o de un territorio, se basen en sus opiniones y miradas machistas y que mantenga sus palabras a pesar de haber sido señalado y cuestionado por muchas mujeres.

El feminismo ha nombrado y visibilizado todas las formas de violencia que se ejerce contra nuestros cuerpos y nuestras vidas, y lo seguirá haciendo; no aceptamos estos mandatos como naturales, porque nos han costado hasta la vida, no aceptamos dichos que quitan la carga a los hombres como el ser “desprendidos” porque esa falta de responsabilidad ha llevado a que se mantengan masculinidades violentas y machistas.

Estamos cambiando la costumbre patriarcal, porque nos cosifica, nos invisibiliza, porque nos está matando; estamos construyendo otras dinámicas familiares y sociales, pese a gobiernos machistas que no han sabido representar a la mitad de la población.

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