Regina aprende a sobrellevar su discapacidad

María Regina García Hernández hace seis años perdió su extremidad derecha y la movilidad en la otra. Ahora depende totalmente de una silla de ruedas para desplazarse. Foto:Alejandro Ancona/La Jornada de Oriente

“La discapacidad no es una limitante”, asienta María Regina García Hernández, la mujer que hace seis años perdió una extremidad y movilidad en la otra. Depende totalmente de una silla de ruedas para desplazarse.

Llega hasta el gimnasio del Instituto Tecnológico de Apizaco (ITA) para recibir oficialmente, junto con otras personas con la misma condición, el apoyo del Instituto para el Desarrollo de la Vivienda del Estado de Tlaxcala (Induvit) y de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu).

“Es bonito –comenta– porque es algo que nunca hemos tenido, una recámara con su baño y calentador solar, muy cómodo. Yo calentaba el agua con leña”.


Antes de este compartimiento construido con recursos públicos, Regina vivía en dos cuartos de concreto, uno funcionaba como cocina y otro como habitación para dormir.

Su recámara nueva es “un lujo” para ella y su familia. “Porque tiene loseta y todo, muy, muy bonita”, expresa.

Conmovida, señala: “Gracias a dios una licenciada, que se llama Maribel Cerón, se mueve mucho para ayudar al pueblo, sin tener cargo, gestionó en el Induvit la recámara”.

“Es una satisfacción bien grande, ya no tengo grandes molestias”, sonríe.

Regina es vecina del municipio de Altzayanca. Expone que en dos meses quedó construida la habitación. “Fue muy rápido”.

Dice que su discapacidad la pone en una situación difícil.

“Ahorita estoy pidiendo una silla de ruedas porque la que traigo me la prestaron a fin de estar en el evento. La mía ya no sirve, ya tiene un año, por eso no la traje, ya no se dobla, ya está viejita”.

Sobre ese aparato deteriorado, con ruedas desgastadas, Regina realiza todas sus labores domésticas. “Barro, hago de comer, voy al mandado, o sea, como si estuviera bien”.

Sin la pierna derecha, amputada pues quedó destrozada a causa de un accidente y con el pie izquierdo inmóvil debido a que todos los huesos se fragmentaron, está prácticamente impedida para caminar.

“A fuerza necesito la silla, uso la andadera sólo para cualquier cosita, pero ya descubrí que también está dañada  y corro el riesgo de caer”, detalla.

El 27 de noviembre de 2014, fecha del incidente, la vida de Regina dio un giro al quedar en situación de discapacidad.

“Cambió todo, sobre todo en las actividades, porque no es lo mismo poder caminar; pero le doy gracias a dios porque no entré en depresión, no padezco de nada, sólo fue el accidente, para mí lo único importante es que hay vida”.

Insiste en su petición de una silla de ruedas, la cual debe ser cambiada cuando menos cada medio año, “porque yo la uso para todo, para barrer el patio de tierra, para cuidar a los guajolotes y todo lo que atiendo”.

“Le dije a la presidenta del DIF, la licenciada Mariana (González), que necesito este apoyo porque ya no tengo posibilidades de usar una prótesis, pues el pie que tengo está roto y chueco, definitivamente no”.

Para Regina, la discapacidad no es una limitante. “Para nada mientras haya vida”.

Agradece a dios por ello, pues le permite estar pendiente de su familia.

Y es que su hija, de 20 años de edad, padece síndrome de Down, y su hijo de 18 años, abandonó sus estudios para trabajar.

“Ambos son independientes, me cuidan”, indica.

Recuerda las palabras de estímulo de su hijo en momentos de desesperanza e incertidumbre: “Mami, me decía, no te vayas a desesperar, todo esto va a pasar, yo te voy a comprar tu pierna y tú vas a seguir como siempre”.

Rompe en llanto. Recorre su rostro con la manga del suéter para secarlo.

“Aunque no sea así, de todas maneras yo aquí estoy y también apoyo a mis hijos muchas veces, aunque sea moralmente, porque les digo échenle ganas, tienen todo, dios les ha dado todo”.

Regina es beneficiaria del programa Prospera.

“Voy al médico cada medio año. Pero siempre que me examinan me dicen, usted no tiene nada, ni presión alta, nada, nada; me dicen, ya ni se moleste en venir, mándeme el carnet y yo se lo firmo. O sea –considera– son amables”.