Martes, agosto 16, 2022
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¿Quién debe hacer las paces?

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Con motivo del “Día Mundial de la tierra”, celebrado el pasado 22 de abril, la ONU hizo un nuevo llamado al mundo para “hacer las paces con la tierra”. Independientemente de la vaguedad del pronunciamiento, característica de los discursos que no quieren comprometerse y sólo quedarse en buenas intenciones, es interesante reflexionar sobre la estructura de pensamiento que está detrás del llamado. Por un lado el organismo (controlado por los países más ricos), reconoce que de hecho existe una guerra entre el ser humano y el planeta, por lo tanto llama a acabar con el conflicto, pero no dice que se trata de una guerra declarada unilateralmente por el hombre que ha optado por un modelo de civilización depredador y autodestructivo; no es la tierra quien ha iniciado y alimentado el conflicto, sino una parte de la humanidad que sigue creyendo que se puede explotar sin límite a la naturaleza en aras de la acumulación de ganancias, único objetivo del sistema económico predominante: el capitalismo.

Por lo tanto, la tierra no tiene nada que “negociar” con los seres humanos para hacer las paces; es este último el que debe modificar de fondo su relación con el planeta y el uso que hace de los recursos que generosamente le proporciona esa “Pacha Mama” desde hace miles de años. Es sobre la especie humana, sobre nosotros, productores y consumidores, sobre quienes recae la responsabilidad de cambiar las relaciones destructivas que nosotros mismos hemos creado y alimentado.

Evidentemente a los dueños del dinero, no les interesa cambiar; ellos están enfrascados en su lucha por apoderarse y medrar con los recursos que son patrimonio de todos. Por ello, no es de extrañar, por ejemplo, que las empresas buitre europeas que han logrado infiltrarse en el país, a través de sus personeros vendepatrias, en el área de las energías renovables estén haciendo todo para impedir la reforma energética que reorientaría los beneficios para la mayoría de mexicanos y no para unos cuantos.

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Es cierto que es necesario iniciar la transición energética hacia las energías limpias y renovables, pero no a través de los contratos leoninos que imponen por la fuerza las trasnacionales. Sus agentes a sueldo, los que se dicen mexicanos, pero que se han “deformado” en las universidades neoliberales, nacionales o extranjeras, siguen con la cantaleta de siempre: que este tipo de reformas “populistas”, obstaculizan o desincentivan la inversión extranjera; según ellos, la única capaz de generar empleos, de generar “desarrollo”, sin la cual, según los dogmas que aprendieron, la economía no funciona.

Si queremos cambiar nuestras relaciones con la madre tierra, nosotros, los consumidores y usuarios de los bienes y servicios que alimentan las ganancias a las grandes empresas, somos los primeros que tenemos que cambiar, dejando de consumir esos bienes y servicios que, si bien nos hacen más cómoda la vida, son los que nos están llevando al colapso, no sólo ambiental, sino social, económico y cultural. Está circulando en redes una convocatoria conjunta de varias organizaciones de la sociedad civil para organizar un boicot mundial contra los productos de la empresa coca cola, en los primeros siete días del mes de mayo próximo.

Es un primer intento de medir fuerzas en contra de una de las empresas más grandes y emblemáticas del capitalismo que se están acabando el agua en muchas partes del mundo, para transformarla en una bebida azucarada que genera adicción y genera graves problemas de salud. Del resultado de este primer intento, se pueden derivar otro tipo de estrategias que vayan construyendo los cambios que son urgentes en el modelo suicida que se contrapone radicalmente a los procesos naturales del planeta. Quienes pueden parar esa guerra absurda y suicida, sólo somos nosotros: los consumidores.

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