Quién agravia a quién. Quién debe disculparse

La matanza de Cholula. Lienzo de Tlaxcala, Alfredo Chavero lámina 009. Siglo XVI

Quién agravia a quién. Quién debe disculparse. En un texto de 654 palabras, en las que sobresale una sola cita textual, copiada de otro texto que lo cita y donde el 90 por ciento de lo escrito corresponde a citas de autores que no se entrecomillan.

Un diputado local presenta ante la LX legislatura del Estado de Puebla una proposición de punto de acuerdo para exhortar al gobierno del Estado de Tlaxcala a que “exprese de manera pública y oficial el reconocimiento de los agravios causados en Cholula en 1519”.

Los 4 párrafos iniciales de los considerandos son una copia textual del artículo de McCafferty (2016) La matanza en Cholula: Crónicas de facciones y la arqueología sobre la conquista española (Elementos 102, pp. 3-16), en los que a pie de página se anota la referencia sin entrecomillar el texto.


El quinto párrafo continúa con una invitación a consultar a Pettersen y Green, y en el sexto regresa con McCafferty. Luego refiere una cita de Hernán Cortés, que se reproduce de un texto de Rosa Carmelo (https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/la-matanza-de-cholula).

Continúa con citas, tampoco referenciadas, tomadas de la columna “Dicen las malas lenguas” de Mauricio Santamaría (http://radioenredesblog.blogspot.com/2019/03/carta-al-rey.html) que a su vez transcribe la carta que el presidente de la república envía el 1 de marzo de 2019 a su Majestad, Felipe VI. Rey de España.

Resulta importante leer historia para comprenderla y elaborar un escrito que no sea de corte y pega. Porque la historia se construye a partir de múltiples interpretaciones. Valga el siguiente ejercicio con la trascripción, que sigue de los textos de Diego Muñoz Camargo y Bernal Díaz del Castillo.

Porque desde la perspectiva de Muñoz Camargo los cholultecas deberían disculparse con los tlaxcaltecas por haberlos cercado durante 60 años, por órdenes de Moctezuma.

Cap. XIII. Hostilidades de los Mexicanos. Pretenden someter a Tlaxcaltecas…

y éste fue el que publicó guerra a fuego y sangre contra los de Tlaxcala, el que convocó para venir a esta guerra a los Chulultecas, los cuales concedieron con él tomando por instrumento el favor de los Mexicanos, y para comenzar su mal propósito, intentaron sobornar a los del pueblo de Hueyotlipan, sujeto de esta ciudad que estaba por frontera de México, y a todos los Otomís que asimismo estaban por guarnición de sus términos, de lo cual los Señores de Tlaxcala tuvieron aviso de sus propios vasallos y amigos de lo que pasaba.

En estos tiempos reinaba en México con gran poder Motecuhzomatzin. Tratado lo dicho con las guarniciones y fronteras de Tlaxcala, no quisieron venir en ello ni ser traidores a amigos tan antiguos, que tan bien los habían tratado, conservado y defendido de sus enemigos por tantos tiempos, y antes bien acudirían a morir por su patria y República, lo cual cumplieron a fuerza de leales vasallos, y se defendieron y guardaron las fronteras como valientes y esforzados capitanes.

Acabado esto y entrando a fuego y sangre los ejércitos de Huexotzinco por tierras de Tlaxcala, haciendo grandes daños, fuerzas y robos, llegaron a un lugar que está a una legua de la ciudad, que llaman el pueblo de Xiloxochitlan, donde cometieron grandes tiranías y crueldades en las gentes que hallaron descuidadas ,..

… Hemos tratado de estas guerras civiles, que así pueden llamarse, pues los Huexotzincas, Tlaxcaltecas y Cholultecas eran todos unos, amigos y parientes. Se ha de entender que los Cholultecas y Huexotzincas eran todos a una contra Tlaxcala, aunque no se trata sino de Huexotzinco sólo.

Como los Cholultecas eran más mercaderes que hombres de guerra, no se hace tanta cuenta de ellos en los negocios de guerra, aunque acudían a ellos como confederados con los Huexotzincas.

Pasada esta *guerra* tan sangrienta en el Valle de Atlixco

… y muerto Tlacahuepantzin su general, hijo de Moctecuhzoma Rey de los Mexicanos Tenuchcas, recibió un gran pesar y mostró muy grande sentimiento, por lo que determinó asolar y destruir de todo punto la provincia de Tlaxcala: pan esto mandó por todo su reino que sin ninguna piedad fuesen a destruir el señorío de los Tlaxcaltecas, pues le tenía enojado, y que hasta entonces no los había querido destruir por tenerlos enjaulados como codornices y también para que el ejercicio militar de la guerra no se olvidase, y porque hubiese en que se ejercitaran los hijos de les mexicanos, y también para tener cautivos que sacrificar a sus dioses; mas que ahora que te habían muerto a Tlacahuepantzin su hijo con atroz atrevimiento, su voluntad era destruir Tlaxcala y asolarla, porque no convenía que en el gobierno del mundo hubiese más de una sola voluntad, un mando y un querer; y que estando Tlaxcala por conquistar, él no se tenía por Señor Universal del Mundo. Por tanto que todos a una honra y en un dia señalado se entrasen por todas partes y fuesen destruidos a sangre y fuego215.

Vista la voluntad del poderoso Rey Motecuzmatzin, envió sus capitanes por todo el circuito y redondez de Tlaxcala, y comenzando a estrecharles en un solo día por todas partes, fue tan grande la resistencia que hallaron los mexicanos, que al cabo se fueron huyendo desbaratados o heridos, con pérdidas de muchas gentes y riqueza, que parece cosa imposible creerlo, y antes más parece patraña que verdad; mas está tan autorizado este negocio, y lo tienen por tan cierto, que ponen *extraña admiración* porque se juntaron tantas gentes y de tantas provincias y naciones, que me ponen notable admiración. Halláronse por las partes del Norte los Zacatecas y Tozapanecas, Tetelaques, Iztaquimaltecas y Tzacuhtecas; luego los Tepeyaqueños y Quechollaqueños, Tecamachalcas, Tecalpanecas, Totomilhuas, Chololtecas, Huexotzincas, Tetzcucanos Aculhuaques, Tenuchcas Mexicanos y Chalcas.

Finalmente, ciñeron todo el horizonte de la provincia de Tlaxcala, para destruirla, y fue tal su ventura y dichosa suerte, que estando en sus deleites los Tlaxcaltecas y pasatiempos, les llegó la nueva de esta tan grande entrada y cerco que Moctecuzoma les había hecho para tomarlos acorralados, estando así seguros para acabarlos, y que no hubiese más memoria de ellos en el mundo.

CAPÍTULO LXXXIII Cómo tenían concertado en esta cibdad de Cholula de nos matar por mandado de Montezuma

Entonces les dijo Cortés que tales traiciones como aquellas que mandan las leyes reales que no queden sin castigo, e que por su delito que han de morir. E luego mandó soltar una escopeta, que era la señal que teníamos apercebida para aquel efeto, y se les dio una mano que se les acordará para siempre, porque matamos muchos dellos, que no les aprovechó las promesas de sus falsos ídolos.

Y no tardaron dos horas cuando llegaron allí nuestros amigos los tascaltecas que dejamos en el campo, como ya he dicho otra vez, y pelean muy fuertemente en las calles, donde chulultecas tenían otras capitanías defendiéndolas, porque no les entrásemos, y de presto fueron desbaratadas.

Iban por la cibdad robando y cativando, que no les podíamos detener. Y otro día vinieron otras capitanías de las poblazones de Tlascala y les hacen grandes daños, porque estaban muy mal con los de Cholula. Y desque aquello vimos, ansí Cortés y los demás capitanes y soldados, por mancilla que hubimos dellos, detuvimos a los tascaltecas, que no hiciesen más mal.

Y Cortés mandó a Cristóbal de Olí que le trujese todos los capitanes de Tascala para les hablar, y no tardaron de venir, y les mandó que recogiesen toda su gente y que se estuviesen en el campo, y ansí lo hicieron, que no quedaron con nosotros sino los de Cempoal.

Y en aqueste instante vinieron ciertos caciques

… y papas chulultecas que eran de otros barrios, que no se hallaron en las traiciones, según ellos decían (que como es gran cibdad, era bando y parcialidad por sí), y rogaron a Cortés y a todos nosotros que perdonásemos el enojo de las traiciones que nos tenían ordenado, pues los traidores habían pagado con las vidas.

Y luego vinieron los dos papas amigos nuestros que nos descubrieron el secreto y la vieja mujer del capitán que quería ser suegra de doña Marina, como ya he dicho otra vez, y todos rogaron a Cortés fuesen perdonados.

Y Cortés, cuando se lo decían, mostró tener gran enojo y mandó llamar a los [68v] embajadores de Montezuma, que estaban detenidos en nuestra compañía, y dijo que puesto que toda aquella cibdad merecía ser asolada, que, teniendo respeto a su señor Montezuma, cuyos vasallos son, los perdona, e que de ahí en adelante que sean buenos y no les acontezca otra como la pasada, que morirán por ello.

E luego mandó llamar los caciques de Tascala que estaban en el campo e les dijo que volviesen los hombres y mujeres que habían cautivado, que bastaban los males que habían hecho. E puesto que se les hacía de mal devolvellos e decían que de muchos más daños eran merecedores por las traiciones que siempre de aquella cibdad han rescibido, y que, por mandallo Cortés, volvieron muchas personas; mas ellos quedaron desta vez ricos, ansí de oro e mantas e algodón e sal e esclavos.