Queremos hablar de feminismo teniendo nuestra masculinidad violenta por transformar

6427 Masculinidad violenta

En recientes días leí en redes sociales un meme con la frase “Tanto vato preocupado por cómo se hace el feminismo, teniendo tanta masculinidad por replantear”. Esto es totalmente cierto y como muestra podemos ver que en las protestas que las mujeres han realizado en los últimos años, los hombres nos hemos preocupado más por criticar las “formas” en que desarrollan sus acciones y poco hemos hecho como hombres por reconocer y visibilizar que la causa profunda de esas protestas es nuestra masculinidad que las violenta, desaparece, explota y asesina.

El patriarcado nos impone a los hombres comportamientos que debemos aprender y desarrollar a lo largo de nuestra vida para ser considerados “verdaderos hombres”. Las conductas que debemos desarrollar es ser valientes, fuertes, mantener relaciones con varias mujeres al mismo tiempo, fumar, beber alcohol, arriesgarse, pelear con otros hombres, ejercer nuestra vida en los espacios públicos y no contribuir en el hogar, entre otras.

Esta forma socialmente aceptada permite prácticas que favorecen el dominio y control de los hombres hacia las mujeres, pero también hacia otros hombres que se consideran inferiores, por ejemplo niños o gays. La masculinidad incorpora la violencia como una parte fundamental en las relaciones de los hombres, Michael Kaufman explica que en la estructura patriarcal algunos hombres utilizan la violencia como una herramienta para demostrarse a ellos mismos y a otros que son “hombres verdaderos”. Es una práctica que cimenta sus relaciones de acuerdo con las estructuras de dominación masculina.


Este uso de la violencia por parte de los hombres ha permitido que el abuso y maltrato hacia las mujeres vaya aumentando. El reporte de Incidencia Delictiva del Fuero Común publicado por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública nos muestra que de enero a agosto de 2020 se registraron los siguientes datos: 14 mil 709 mujeres abusadas sexualmente, 3 mil 586 víctimas de acoso sexual, 8 mil 112 fueron violadas y 626 víctimas de feminicidio. La violencia que ejercemos los hombres es una herramienta que usamos para mantener el poder o satisfacer nuestros deseos. Los datos presentados anteriormente, dan muestra de los efectos de ese poder desmedido.

Ante ese escenario, los hombres en lugar de reconocer nuestra violencia y buscar los mecanismos para dejar de ejercerla, buscamos formas de sostener el poder y la violencia, siendo un mecanismo para ello el de descalificar las protestas que las mujeres hacen con el objetivo de hacer visible esta violencia; antes de decir “sus protestas son resultado de nuestra violencia machista”, preferimos señalarlas como “revoltosas y chismosas” y entre hombres nos justificamos y coludimos a través de comentarios o frases como: “él no es capaz de dañar, es una buena persona, es un buen padre, tiene una profesión, seguramente estaba borracho o drogado, ella dio motivos (aun cuando se trata de una mujer menor de edad), todo esto invisibiliza la responsabilidad que los hombres tenemos frente a la violencia y genera que el dolor e indignación de las mujeres se convierta en protesta.

Es necesario que los hombres reconozcamos que nuestra violencia ha sido aprendida para reforzar y mantener los privilegios que se nos han sido asignados; que nuestros actos están generándoles a las mujeres violencia, explotación sexual e incluso la muerte.

Para transformar la masculinidad violenta es necesario que los hombres reconozcamos esa violencia y la transformemos; que las universidades fortalezcan líneas de investigación sobre la masculinidad y cómo transformarla; y que desde el gobierno se amplíen espacios de reflexión para la reeducación masculina y también se construyan programas educativos desde el nivel preescolar hasta universidad donde se nos reeduque para el ejercicio de masculinidades no violentas.