Lunes, octubre 18, 2021

Contribuye proyecto escolar de huertos a la subsistencia de familias durante pandemia

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Pese a problemas de conexión a internet y a la resistencia inicial por parte de estudiantes de la Secundaria Técnica número 10 “Emilio Sánchez Piedras” de San Francisco Tetlanohcan, la docente Diana Isis Flores Gutiérrez logró desarrollar el proyecto de huertos familiares para la subsistencia alimentaria de 70 hogares durante la pandemia.

Con esta propuesta trabaja en torno a la Agenda 2030 de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y a los objetivos del desarrollo sostenible, por lo que también la presentó para su postulación al proceso de evaluación por parte del Premio Docentes Extraordinarios. National Teacher Prize México 2020, de la que es representante estatal y una de las 10 finalistas nacionales.

Explicó que esa escuela secundaria cuenta con huertos escolares y con algunos terrenos agrícolas, en los cuales se realizan actividades propias de la asignatura en Tecnologías con Énfasis en Agricultura.

“En esta contingencia decidí que los aprendizajes adquiridos en el aula, las y los estudiantes los aplicaran en casa, para que establecieran sus huertos familiares basados en su patrón alimentario, es decir, en lo que consumen tradicionalmente, sobre todo hortalizas, como lechuga, calabaza y cilantro, y algunos granos, como frijol”.

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Asimismo –añadió–, para obtener semillas y de esta forma continuar con la siembra, a fin de obtener productos que les permitieran subsistir durante la emergencia sanitaria. “La temporada ayudó mucho porque las labores se realizaron en primavera-verano”.

“Esta actividad que se efectuaba en la escuela se mudó a los hogares del alumnado, para que la llevaran a cabo en compañía de su familia. En la materia de Tecnologías siempre se trabaja en función de proyectos, pero ante las circunstancias se adaptaron a la problemática de la pandemia”, indicó.

Reconoció que al principio percibió cierta resistencia por parte de las y los adolescentes, ya que algunos decían “que iba a ser imposible aprender desde casa o la escuela a distancia, pero les comenté que ya era momento de aplicar lo aprendido en las aulas”.

Esta metodología se aplicó en 70 familias de Tetlanohcan, equivalente al número de estudiantes, de entre 13 y 14 años, a quienes la profesora atendió en dos grupos.

“Representó un reto ejecutar este proyecto, en primer lugar, por problemas de conectividad a internet, no toda la plantilla estudiantil tiene esta posibilidad, a pesar de que el laboratorio de esta asignatura ya manejaba redes sociales para difundir los proyectos”.

Para resolver los inconvenientes electrónicos, abrió un canal en YouTube a fin de mostrar a sus alumnos los trabajos. “Me convertí en youtuber” y –subrayó– los videos en un tutorial; bajo esta dinámica ellos replicaban el conocimiento en casa y enviaban sus evidencias para probar que aplicaban la metodología.

A través de esta modalidad halló una manera más fácil para que las y los jóvenes contaran con más saldo en su teléfono celular; también usó Facebook para realizar transmisiones en vivo y WhatsApp para mejorar la interacción. Dijo que esto resultó una vía más económica que el permanecer varias horas en una clase en línea, “por lo que sigo usándola; he tenido respuesta por parte de los chicos; me permitió llamar su atención, porque sí se estaba complicando, en ocasiones ellos decían que no se iba a poder aprender”.

Acentuó que logró mantener contacto con los 70 alumnos mediante las redes sociales, a excepción de una alumna cuyas condiciones económicas “no eran las mejores”, por lo que al inicio de la contingencia fue difícil establecer comunicación, pero después se hizo a través de un familiar.

Esta estrategia de enseñanza-aprendizaje es uno de los aspectos calificados en la evaluación al Premio Docentes Extraordinarios, ya que es una forma de resolver un problema en plena contingencia y con repercusión en la comunidad.

“Sobre todo nos piden que trabajemos bajo la premisa de la Agenda 2030 de la ONU y de los 11 objetivos del desarrollo sostenible. En este caso, en la asignatura de Tecnologías todos los proyectos los vinculamos a esos propósitos o al menos abarcamos uno”.

Por tanto –resaltó–, el de huertos familiares se relacionó al número dos, que es el de “hambre cero”, el cual trata de evitar que las personas padezcan hambre, así como fomentar la agricultura sostenible.

Consideró que este ha sido un “proyecto exitoso”, porque a pesar que la comunidad mantiene una actividad agrícola, a las y los adolescentes no les gusta. “Para mí ha sido un reto que hagan este tipo de actividades, que involucraran a la familia”.

Los estudiantes tomaron a esta actividad “como un relax en la pandemia”, pues se les pidió la realización de un video para explicar su sentir y el factor común fue que les sirvió de distracción, comentó.

Tecnologías con Énfasis en la Agricultura –enfatizó– es una materia que no les gusta mucho, porque este ramo no les interesa, razón por la cual trato de inculcarles que esta actividad es necesaria y que en estos tiempos es un plus para quienes pueden producir sus propios alimentos. “Es un lujo tener conocimiento de cómo hacerlo”.

Las y los alumnos “tenían la idea de que iban a estar en campo, asolearse y deshierbar, hacer un trabajo pesado; por lo que esta asignatura se ha manejado bajo el concepto de ciencia y si es bien aplicada se puede obtener un ingreso, emprender un negocio. Incluso, ya han formado microempresas para vender salsas y lechuga desinfectada en bolsa durante la pandemia, como una forma de cerrar el ciclo de la cadena productiva”.

Ahora, los jóvenes que pasaron a segundo grado, de acuerdo al programa, realizan proyectos de producción industrial; es decir, en su huerto familiar aplican una tecnología llamada hidroponía y se sigue con el método de clases vía redes sociales, pero si no tienen internet se les envía la clase en formato PDF para que la lean desde su teléfono, destacó.

Previo a la emergencia sanitaria por Covid-19 –realzó– ya se trabajaba con proyectos comunitarios, algunos de ellos para la elaboración de estufas de leña y biodigestores en casa. “Se planean en la escuela y se ejecutan en la comunidad”.

Flores Gutiérrez precisó que decidió participar en este premio para “tratar de dar visibilidad a los trabajos que se realizan en el estado y para que el nombre de la escuela retumbara”.

Pero también –abundó– para que las y los estudiantes vean que hay posibilidades más allá de lo que se hace en la escuela, sobre todo porque hay muchos factores sociales de pueblos vecinos que los distraen de un proyecto de vida.

Como representante estatal y finalista nacional (de entre casi tres mil concursantes), busca que se “voltee a ver hacia el estado”, donde hay docentes con buenas prácticas y cuyas estrategias pueden ser replicadas, incluso –recalcó- es un compromiso con el Movimiento STEAM (asociación civil impulsora del Premio Docentes Extraordinarios y de la educación en ciencias, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas, con enfoque de género).

Planteó que es pertinente que desde la primera infancia “se desarrolle el pensamiento científico y de solución de problemas, para enfrentar de otra forma a la cuarta revolución, que no será industrial sino tecnológica”.

Uno de los planes más ambiciosos de esta docente es la creación de un centro de educación ambiental en Tlaxcala, “donde los chicos sean gestores de estos cambios en el uso de los recursos naturales. Porque se debe comprometer a la comunidad a cuidar el Parque Nacional Malinche”.

Aseveró que este volcán y principal pulmón de la entidad enfrenta un problema de deforestación, de ahí la necesidad e importancia de “empoderar a las y los jóvenes, que se  apropien de esas situaciones y promuevan soluciones”.

El jueves próximo se dará a conocer al o la ganadora del premio, quien representará al país en el Global Teacher Prize, galardón equiparado al Nobel de Educación.

Flores Gutiérrez tiene una experiencia de ocho años como docente. Estudió la ingeniería en agronomía en la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) y la de Pedagogía en Tlaxcala, así como la maestría en innovación y tecnología educativa.

Ha participado en congresos pedagógicos en el extranjero, en países como Cuba, Italia y Francia, para difundir sus proyectos. Una de las actividades pendientes es la presentación ante la asociación española Maestros Innovadores, Alumnos Competentes, “para hablar sobre cómo hacer que los alumnos sean gestores de la Agenda 2030”, añadió.

Para concursar por el premio tuvo que demostrar al menos cinco años de servicio docente y la intención de laborar otro periodo igual, con proyectos de impacto social y comunitario “y con aplicación de la metodología en STEAM, relativa a competencias del siglo XXI marcadas por la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos), dentro y fuera del aula, sobre todo durante esta fase de pandemia por Covid-19”.

 

 

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