PRI, MENA Y LAS ELECCIONES

PRI, Mena y las elecciones.

PRI, Mena y las elecciones. La relación entre estos tres factores resulta interesante. A nivel local, el PRI se ha mantenido como una fuerza política que se articula a partir de coyunturas. La razón es simple. Aún en las alternancias, es la misma clase política que se disputa el poder.

El regreso formal del PRI con candidatos del PRI en 2010 y 2016 es producto del reacomodo de las relaciones entre grupos de compadrazgo y organizaciones cívico–religiosas que usan a los partidos como medio para proteger sus intereses.

Aparentemente el PRI se desfonda en las elecciones de 1998. Sin embargo, mantiene la mayoría de las presidencias municipales, entre ellas los municipios más importantes. Algunas encuestas de preferencia electoral, muestran que va en franco crecimiento.


El segundo factor a tomar en cuenta, es el gobernador. La pandemia se convirtió en la oportunidad para mostrarse como un Ejecutivo, que opera mejor en la crisis que en tiempos normales.

Hasta la llegada de la pandemia, la relación entre el gobernador y la ciudadanía era casi indiferente. Así lo muestran las calificaciones que obtiene en toda evaluación pública. Pero, a partir del Covid–19 escala hasta los primeros lugares.

El tercer factor se relaciona con la caída que registra el posicionamiento de algunas aspirantes de la oposición al gobierno del estado. El desgaste muestra ya algunas marcas y en cada medición disminuyen las preferencias.

De ahí que aquello que corría en la vox populi de que el cambio en el Palacio de Gobierno sería un asunto de familia, registra cambios sustanciales. Ahora falta por ver quién será la candidata o candidato del PRI con el que decida jugar el gobernador Marco Mena.

No tiene más que dos opciones: Anabell Ávalos Zempoalteca o Florentino Domínguez Ordóñez.