Cuando una persona oyente se encuentra por primera vez con alguien que no oye, es común que surjan muchas preguntas: ¿Cómo se comunica? ¿Puede aprender si no escucha? ¿Es una discapacidad grave? ¿Tiene cura?
Incluso, algunas personas, por desconocimiento, creen que la sordera es una maldición, un castigo o una barrera imposible de superar. Todo esto ocurre porque nunca les han hablado con claridad de quiénes somos las personas Sordas, ni de la riqueza de nuestra cultura ni de nuestra lengua: la Lengua de Señas Mexicana (LSM).
Lo primero que quiero explicar es: ¿Qué significa ser Sordo? Ser Sordo no solo significa no oír. Es una condición que puede tener muchas causas y niveles. Hay quienes nacen Sordos (lo llamamos sordera congénita) y quienes pierden la audición después de nacer (sordera adquirida). Dentro de estas condiciones existen diferentes grados de pérdida auditiva: leve, moderada, severa o profunda.
Pero lo más importante es que ser Sordo no es lo mismo que tener una discapacidad auditiva. Las personas con discapacidad auditiva suelen usar aparatos, implantes cocleares o leer los labios para adaptarse al mundo oyente.
En cambio, una persona Sorda con identidad Sorda vive y se comunica a través de la LSM, forma parte de una comunidad con su propia cultura, valores, tradiciones y visión del mundo. No estamos rotos. No necesitamos ser reparados. Lo que necesitamos es que nos miren con respeto, que comprendan nuestra forma de comunicarnos y que no nos juzguen por no usar la voz o por no oír.
Este espacio es una invitación para abrir el corazón y los ojos a una realidad que ha sido históricamente invisibilizada: la de la Comunidad Sorda. Cada semana, contaré parte de nuestra historia, nuestras luchas, y lo más importante: nuestros derechos como personas y como comunidad lingüística y cultural.
*Docente de la Facultad de Ciencias para el Desarrollo Humano de la Universidad Autónoma de Tlaxcala.


