Perdió Morena

Morena parece que perdió el primer round de su batalla por transformar su movimiento social y de hartazgo hacia la constitución de un verdadero partido político; la víspera, en su primera elección, quedaron noqueados en una batalla entre tiros y troyanos, entre moros y cristianos, en la que ninguno de los grupos puede decirse ni ajeno ni triunfador.

Que dos de las tres asambleas estatales se hayan cancelado por prácticas antidemocráticas no es un buen saldo para ese instituto que enarbola los principios del no robar, no mentir y no traicionar.

Las imputaciones entre las huestes de tres de los cinco magníficos de Morena, como Lorena Cuéllar Cisneros, Ana Lilia Rivera Rivera y Joel Molina Ramírez fue la constante. Ellos son los imputados y las acusaciones entre sí se cruzaron.


Compra de votos, alteración de padrones, falsificación de sufragios, suplantación y exclusión de militantes, así como agresiones y amenazas, fueron la constante este domingo  y hasta el estallamiento de un artefacto se registró, lo que llevó a la cancelación de dos plenarias.

Todo esto es por la lucha de los grupos internos por el control de este instituto político. Los antagónicos de Lorena Cuéllar la responsabilizaron de lo ocurrido y de la suspensión de las dos asambleas y el intento de boicot del cónclave de la capital del estado.

Es más, denunciaron que de manera premeditada y con la finalidad de que no pudieran ir a votar, citó, “con la amenaza de despedirlos si no acudían”, a los servidores de la nación a un curso de capacitación que se realizó este domingo durante el horario de las asambleas distritales.

Por ello y por el presunto uso de los programas sociales, así como la falsificación y manipulación del padrón, Cuéllar Cisneros ya fue denunciada ante las autoridades judiciales federales, así como ante la Función Pública y, de paso, solicitaron al presidente de la República, su destitución como coordinadora de las delegaciones en la entidad.

En respuesta, ella y su equipo acusan a Ana Lilia Rivera y a Joel Molina de secuestrar la voluntad de la militancia, con la finalidad de mantener el control de ese instituto político y, en especial, de las candidaturas para los comicios de 2020.

La triada, con sus actos y omisiones, unos más que otros, le hacen daño al partido del presidente de la República, quien bien haría en hacerse de la película vivida en Tlaxcala para darle una sacudida a su partido, porque de no hacerlo, se terminará de infestar de malas prácticas que le darán la puntilla a un movimiento social ideado diferente, pero que está por caer en lo mismo de siempre.