Pandemia ¿Y el futuro de la educación?

¿Qué camino elijo Gato?

¿A dónde quieres ir?

¿A dónde sea?


Entonces poco importa que camino tomes

Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas

Novela de Lewis Carroll

Las respuestas del gato nos ayudan a definir ¿Cuál es el camino que debe tomar la educación después de la pandemia? Se han dibujado por la pandemia muchos rumbos, cada uno de ellos emplea una circunstancia concreta de resolver y muchos de estos, son soluciones que se deben construir de forma urgente.

Esta pandemia demostró que no sabíamos en dónde estábamos parados, el mundo cibernético de pronto se apoderó de toda la educación, simplemente el futuro llegó, nos alcanzó y movió todas las estructuras de nuestra cotidianidad.

Tuvimos una migración forzada, todos los docentes realizamos un éxodo sin precedentes para tratar de auxiliarnos de los materiales que antes fueron satanizados; ¡de pronto se volvieron necesarios!, aquella hiperrealidad criticada por profesores y padres de familia se convirtió en la aparente alternativa para continuar con la educación.

Pese a eso, las brechas fueron totalmente evidentes, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), en el mundo 826 millones de estudiantes no tienen acceso a una computadora y 706 millones no cuentan con acceso a internet. En México, la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (Anuies) nos indica que son 3 mil 466 Instituciones de Educación Superior de nivel licenciatura quienes movieron a más de 4 millones de estudiantes y a 367 mil 13 docentes registrados en el Sistema Nacional de Información Estadística Educativa, esto es, todos iniciamos nuestro proceso de hibridación, pasar de lo presencial a lo virtual.

En todos los escenarios se esperaban respuestas, acciones, estrategias, planes; se esperaba una mente creativa que pudiera resolver de forma efectiva los grandes vacíos que implicaba una contingencia para el mundo y, por supuesto, para la educación. Aún hoy que la esperanza sigue, la mejor alternativa que se tuvo fue estar informados, fue comprender que el fenómeno que vivíamos era una situación sin precedentes modernos, sin protocolos concretos.

El futuro de la educación de pronto apareció de la mano de la tecnología, pronto todos recurrieron a ella como una panacea y pronto nos llevamos sorpresas, la primera de ellas, es que no todos sabíamos qué implicaba la educación virtual, incluso había dudas sobre su nombre ¿era digital, online, a distancia o virtual? Algunas instituciones con Modelos Educativos más orientados a las necesidades del futuro inmediato actuaron con mayor agilidad, pues las condiciones si bien no eran perfectas, eran las suficientes como para profesionalizarse o entrenarse en esta pandemia; sin embargo, gran parte de las instituciones se quedó paralizada, las estructuras oxidadas de la burocracia se imaginaron que pronto pasaría, que no serían necesarias acciones, pero fueron urgentes.

Según la Anuies, en México hay 2 mil 533 instituciones de sostenimiento privado, lo que equivale al 73 por ciento de las instituciones con oferta en educación superior, mientras que son 933 instituciones que ofrecen educación pública, siendo un 27 por ciento. Lo cierto es que el sector privado impulsó acciones mucho más rápidas para la contención educativa, por situaciones evidentes, entre ellas garantizar el servicio educativo que era esperado por sus usuarios. No obstante, muchas cayeron en la hipnosis de las conferencias virtuales, teniendo como retos habilitar a profesores ortodoxos en el manejo de estos materiales, aunque cuándo lo lograron, las clases se convirtieron en charlas interminables y errores de conexión, sin embargo, pocas lograron hacer énfasis en herramientas del contexto virtual, como realidad aumentada, inteligencia artificial o plataformas Learning Management Systems (LMS), sin mencionar metodologías de aprendizaje que fueran ad hoc a un contexto de cambio, que ayudarán a paliar esta crisis.

Pero, ¿el futuro de la educación va de la mano de la tecnología? Una variable que debe considerarse para poder responder a esta pregunta, es la relación educación–empleador, de acuerdo con la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) solo en sus 37 países miembros, el 51 por ciento de los empleos tendrá un proceso de transformación y automatización en los próximos años, debido a la globalización, digitalización y otras tendencias globales, en la cual aquí incluimos posibles “riesgos”, tal como lo es una pandemia.

A partir de estos datos, podemos comprender que el futuro de la educación evidentemente debe cambiar, la primera pista de ello es la Ley de Moore que nos indica un incremento tecnológico constante que está transformando los trabajos que conocemos en el presente, sin embargo, la incorporación de artefactos paliativos para las pandemias será otro de los factores que tendremos en el futuro próximo. El regreso a actividades presenciales, seguramente llevará de la mano la virtualidad para minimizar el contacto y extender la sana distancia, aunado a ello, la tecnología que nos ayudará a mantenernos sanos será sin duda medidores de temperatura y otros que nos garanticen certeza de nuestra seguridad.

Como vemos, estos elementos solo son algunos esbozos de lo que nos espera en la educación, no obstante, hay otros elementos que deberemos considerar de forma rotunda para garantizar un cambio significativo, uno de ellos, es inevitablemente generar acciones para eliminar la desigualdad y las brechas educativas que existen en México en cuanto a cobertura educativa.

La educación compensatoria del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) ha realizado acciones loables, sin embargo, sigue siendo uno de los grandes pendientes que se tienen para atender un futuro cercano a estas mega tendencias, pues lo cierto es que, en cuestión del futuro, no a todos nos va igual al momento de leer las cartas.

Las respuestas de una educación futurista irán de la mano comprendiendo que hay otras necesidades que cubrir, las pedagogías pandémicas han mostrado ser muy precarias, las instituciones educativas deberán poner acento en la tecnología no como complemento, sino como naturaleza, el futuro llegó, si bien rezar es bueno, no dejemos de remar a la orilla. La educación deberá incorporar tecnología.