Óscar Manuel

A la memoria de Óscar Manuel Ávila Casco

El viernes pasado, Oscar Manuel Avila Casco, mi hermano mayor, se hizo al cielo ya que su corazón necesitaba expandirse aún más. Hoy, en esta columna me permito, a manera de celebración a su vida, compartir estas líneas, pues desde su generosidad y cercanía es que esta hermana suya ha podido ser columnista de opinión, activista y defensora de derechos humanos.

Desde la sencillez y timidez, desde su humildad y empatía, impulsó y cuidó de cada uno de mis sueños, siempre participó en las actividades de Mujeres en Consenso, fue crítico, pero sobre todo fue apoyo incondicional, aliento y todo terreno, lo mismo me ayudaba a montar una exposición que a dejar oficios, recoger cosas, colocar sillas y tomar fotografías, por ejemplo.

Sin duda, su apoyo más grande fue entregar su amor y abrigo hacia la pequeña que me ha acompañado a cuidar desde el embarazo. Siempre protector y siempre cuidador nos deja como legado su voluntad de servir. Como doctor, siempre cuidó con paciencia y ternura a quienes acudieron a él y siempre ético sólo recomendó lo mejor sin intención de lucrar; gustaba de donar medicamento y consultas.


Óscar supo convivir, cohabitar y coexistir con la plena convicción de construir un “nosotros” y se fundió en los anhelos de cada integrante de su familia, olvidando infinitamente los propios. Él se convirtió en la piedra angular de nuestra familia.

A Óscar le gustaba pintar, tomar fotografías, mirar el cielo, el arte, la historia y la mitología, especialmente la griega y nórdica. Sus convicciones políticas eran férreas y nos generaba polémica. Amaba compartir tiempos con su sobrino y sus sobrinas Erick, Brenda y Amanda. Se empeñaba en arreglarlo todo, lo mismo las cosas de electricidad que de plomería, herrería, jardinería… amaba cocinar y complacer con sus recetas nuestros gustos. Sobre todo, amaba cuidar y consentir a su mamá.

El mayor reconocimiento y la mejor manera para honrar a mi hermano es pensar en él con alegría, sabiéndonos en su amor para siempre, con la certeza de que es nuestro mejor cómplice. Este mundo ha sido mejor gracias a su nobleza y de tantas personas como él, que en el día a día, los actos sencillos nos brindan certezas de que el amor y la ternura generan esperanza.