Nuevo ciclo escolar

Inicia el ciclo escolar 2019–2020 en educación básica, en un contexto donde según los datos del Coneval en su reciente publicación sobre “Diez años de la medición de la pobreza multidimensional: avances y desafíos de política social, 20082018”, en México hay 52 millones 425 mil 887 pobres, es decir, el 41.9 por ciento de la población del país vive en esa condición. El tipo de medición establece tres categorías centrales: ingreso, derechos sociales y cohesión social; la educación se ubica en los derechos sociales y se mide en función del rezago educativo. En ese sentido más de 21.1 millones de mexicanos tienen rezago. Así comenzamos la carrera por mejorar la educación, con carencias por todas partes, aun con ello es posible cambiar el estado de la educación en el país.

Las brechas territoriales se mantienen y las entidades como Chiapas, Veracruz y Oaxaca tienen el mayor porcentaje de rezago. Aunado a lo anterior, el estudio reafirma que hay más mujeres pobres que hombres, que sigue habiendo más pobreza en zonas rurales que urbanas, y que los niños, niñas, adolescentes, adultos mayores y discapacitados son los grupos con mayor grado de vulnerabilidad, sobra decir que estos grupos viven de manera más aguda la pobreza moderada o extrema.

De hecho, los propios resultados de Planea y Enlace 2018 señalan que, en materias como Lenguaje y Comunicación, así como Matemáticas, los jóvenes y niños están reprobados, tan sólo en primaria en lenguaje el 17.9 por ciento tiene resultados satisfactorios, mientras que en secundaria alcanza el 26.4 por ciento de la población. En ambos niveles, los datos muestran un bajísimo nivel de desempeño en esta área del conocimiento. En el caso de las matemáticas ocurre lo contrario, en el nivel de primaria el 23 por ciento de la población estudiantil alcanza resultados satisfactorios y/o sobresalientes, mientras que en secundaria se desploma debido a que sólo el 13.7 por ciento obtiene indicadores de sobresalientes. En otras palabras, la reforma educativa que tanto vanagloriaron los tecnócratas de los gobiernos anteriores fue un fracaso en más de un sentido, la educación en México al igual que muchas áreas requiere una sacudida de fondo.


Está demostrado que la educación y la salud son sustantivos para lograr un mayor desarrollo y por ende un mejor crecimiento económico. En ese sentido, el nuevo ciclo escolar que inicia es una nueva oportunidad para mejorar sustancialmente los indicadores de desempeño y en mucho dependerá el compromiso del docente frente a grupo. El nuevo modelo se centra en el alumno, pero recupera gran parte de la autoridad perdida del profesor y ésta debe jugar a favor del proceso de enseñanza–aprendizaje, al menos por lo analizado las evaluaciones a los docentes ya no serán punitivas y, por ende, no tendrán que estar con la incertidumbre de la permanencia, por lo que no habrá pretexto para hacer bien su trabajo. Exigir resultados debe ser la premisa de los directores, supervisores y desde luego de los padres de familia, el docente deberá jugar un papel protagónico y no se valdrán quejas banales y pliego petitorios que sólo buscan sacar beneficios para el gremio sin mejorar la educación. De ese tamaño es el reto para los profesores en el nuevo ciclo escolar, devolverle al país niños y adolescentes con mejores conocimientos, con un alto nivel de nacionalismo y sujetos que desde esos niveles asuman la construcción de su ciudadanía como eje primordial en la permanente construcción de la democracia en México.

Sobra decir que los directores, subdirectores y supervisores deberán centrar su atención en lo verdaderamente importante, tendrán que tener la apertura para comprender que las planeaciones, secuencias didácticas y los instrumentos de evaluación son necesarios, pero no se puede pasar el ciclo escolar cumpliendo con la tramitología de la planeación al extremo burocrático, eso debe cambiar. Lo importante es mejorar el proceso de enseñanza–aprendizaje y la apropiación del conocimiento por parte de los alumnos. Ahí se verá si las autoridades han comprendido el alcance de los cambios de la nueva reforma educativa.

Al mismo tiempo, los padres de familia deberán hacer su parte y esta implica asumir la importancia de la autoridad del docente, así que deberán sumarse a las exigencias de las tareas en casa, a las formas de evaluación, a los trabajos que se soliciten y más que ser un obstáculo deberán ser acompañantes del proceso educativo. Fue notable como el sistema educativo se debilitó y en gran medida muchos de los padres de familia lejos estuvieron de coadyuvar a que sus hijos fueran mejores estudiantes, las prácticas de complicidad entre docentes, padres de familia y directivos más que ayudar a mejorar nos hundieron en el desempeño. Se necesitan padres interesados en la educación de los hijos, pero no será con solapar la inasistencia, la impuntualidad, la falta de entrega de tareas o poner el grito en el cielo cuando el profesor con evidencia en mano reprueba a los niños o adolescentes o cuando reprende por falta de respeto y disciplina en las aulas. El padre de familia deber ser aliado de la mejora de la educación de los hijos más que cómplice del bajo desempeño.

Es cierto que en México hay pobreza y carencias, pero para romper el círculo es urgente mejorar la educación, aprovechemos las becas, los apoyos y centrémoslas en la educación y la salud. Así iniciamos el nuevo ciclo escolar con la esperanza de que es posible el cambio. Todos a trabajar.