Martes, octubre 19, 2021

Nos quieren calladas y con miedo

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Se dan cuenta ¿cómo a las autoridades y a una gran parte de la sociedad no le interesa que dejen de violentarnos y matarnos a las mujeres?, ¿cómo sufren, se enojan, se indignan y protegen con policías los monumentos?, ¿cómo se termina siempre culpando a las familias, a las otras mujeres y se desvía toda la investigación para dar carpetazo?

El sistema de justicia en México funciona desde una lógica machista, no tiene perspectiva de género, no se interesa por comprender lo que es la violencia contra las mujeres; no lee, no se asesora, se burla, dice que ya es mucho hablar del tema, quiere cansar a las familias que exigen justicia o las va matando como a Maricela Escobedo, como lo intentaron recientemente con Guadalupe Michel Lima Buendía; y cito a Viridiana Méndez Guiza, compañera feminista de Morelia: “el sistema se está encargando de mantener inmunes a quienes lo hacen”.

Todos los días asesinan a 10 mujeres y niñas en México, parece que eso no nos causa ninguna reacción, no nos conmociona que todos los días desaparecen niñas, niños y mujeres para comercializar sus cuerpos, sus órganos, sus vidas y destruir familias y comunidades enteras; la sociedad piensa que solo mostrando los cuerpos destrozados es la vía para que deseemos cambiar esta sociedad descompuesta por la misoginia. No, no era necesario mostrar a Ingrid de esa manera para dejar una lección, conocemos muy bien cómo funcionan las instituciones que deben atender a las mujeres, sabemos la poca capacidad que mantienen para enfrentar la violencia feminicida que desde hace al menos tres décadas las mujeres hemos demostrado y llevado al ámbito internacional para presionar al Estado mexicano y por fin le dé importancia a lo que vive la mitad de la población.

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Esta no es una pelea contra ningún partido o autoridad, es el constante esfuerzo en todas las administraciones presidenciales por recordarles que tienen la obligación de atender de forma comprometida y sin ninguna condescendencia de estar haciéndonos un favor, que el presupuesto no es suficiente para el grave problema que solo va en aumento por la falta de interés y seriedad para su erradicación, la sociedad civil hemos dado la información mediante diagnósticos serios, las herramientas y las propuestas para comprender de fondo las causas que alimentan y mantienen estas expresiones tan brutales hacia nosotras; sin embargo, prefieren dar excusas, proponer absurdos aunque representen retrocesos jurídicos y simbólicos sobre nuestros derechos.

Todos los días se comparte demasiada información, opiniones, críticas y noticias sobre las violencias contra las mujeres y niñas; mucha de esta ni siquiera se corrobora antes de compartirla, solo creemos lo que se rumora, se convierten en jueces de las familias, especulando sobre lo que pasó o debió pasar, porque además la información se esparce en pedacitos y los medios la acomodan; y cuando no hay forma de culpar a las niñas, culpan a otras mujeres y la mirada se vuelca hacia quién es la mamá; la misma titular de la Fiscalía, Ernestina Godoy, quien presentara días atrás una propuesta de ley para sancionar a las autoridades que filtren información como pasó en el caso de Ingrid (y de muchas más que simplemente han pasado desapercibidas) y como siempre, gracias a la presión social de miles de mujeres, muestra ahora los prejuicios con los que operan las instituciones cuando no tienen la capacidad para actuar ante los feminicidios, diciendo que la mamá de Fátima padece de sus facultades mentales, nuevamente se cuestiona la vida de las mujeres para buscar las justificaciones ante estos hechos que terminan en la impunidad.

Durante muchos siglos, el sistema patriarcal nos ha empujado a ocupar y permanecer en el espacio privado, negándonos derechos como la educación y la participación pública para mantener un orden, el que les privilegie; la historia se ha repetido a lo largo de miles de años, quitándonos derechos a las mujeres, pasó con las griegas, con las romanas, con las palestinas, con las latinoamericanas; el reclamo por nuestros derechos parece interminable, por todos lados vemos trabajos, movimientos y expresiones de las mujeres que protegemos los derechos recuperados y no permitimos que se nos quiten más; y entre todos estos esfuerzos, somos las señaladas, tratadas como locas, cuestionadas por nuestro dolor y rabia que también se convierten en impulso para no desistir. Los hombres se sienten atacados por señalar a los violentos, a los explotadores, violadores, feminicidas; responden que “no todos”, cuando apenas es un puñado pequeñito de hombres que está incidiendo en algo para romper los pactos patriarcales y las conductas violentas que siguen un modelo de ser hombre: el que odia y desecha a las mujeres.

Las mujeres tomamos los espacios públicos porque no tendrán más nuestro silencio, porque los mensajes que envían los feminicidas con las formas brutales en que asesinan a nuestras compañeras y la intención de las autoridades por hacer públicas estas formas, no contendrán los reclamos que hemos hecho por décadas para todas las mujeres de México.

Que no se confunda el presidente cuando le cuestionamos, no lo estamos atacando, le estamos recordando que también es su trabajo buscar las estrategias para proteger la vida de todas, que también es su obligación velar por el bienestar de niñas y mujeres, y que tiene en su gabinete paritario a quienes pueden asesorarlo (y que dejen de utilizar el tema como plataforma política) para no demostrar más su desconocimiento y, hasta ahora, el aparente desinterés como todos los demás presidentes por generar acciones conscientes para erradicar la violencia feminicida en la que está hundida la vida de las mujeres en nuestro país; que le toca vigilar el actuar de las autoridades de gobernación y procuración de justicia en los estados para que actúen conforme a sus obligaciones y no sólo vaya a aplaudir las simulaciones de los gobiernos, que niegan las realidades de las entidades; como en el caso de Tlaxcala, que para nuestro gobernador no hay un problema grave de feminicidios, ni de explotación sexual o violencia familiar; o para el procurador que no tiene intención de acreditar los feminicidios y declara que son suicidios para no hacer más investigaciones.

Hay mucho que hacer por las autoridades, porque les toca, porque tienen presupuesto, pero también hay mucho que hacer como sociedad para no ser indiferentes y mirar de fondo la situación que enfrentamos las mujeres, que no estamos solas porque nos tenemos, pero que parece que a nadie más le duele como nos duele a nosotras.

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